El solterismo

Técnicamente, las personas solteras son adultos que no están oficialmente casados. Este estado civil incluye divorciados, viudos y solteros de toda la vida. Incluso la Real Academia de la Lengua Española lo define como “quien no está casado; suelto o libre”, lo cual no nos dice mucho.

Hoy podemos diseñar vidas s1ngulares, pero esta posibilidad se convierte en un reto porque las posibilidades –tan interesantes y estimulantes como puedan parecer– pueden causar cierto temor, lo cual genera una tensión entre lo acostumbrado y lo nuevo. Los solteros tienen una posición difícil, pues encabezan una transformación social que ofrece oportunidades nuevas o poco transitadas; en ninguna otra época hubieran podido tener la libertad de ser s1ngulares, de crear un camino propio.

La sociedad en general sigue definiendo a las personas solteras de forma negativa: el soltero es el que carece, “el que no tiene una pareja”. Si pensamos, por ejemplo, en el término unmarried (no casado), vemos que el soltero es definido a través de una negación: “no casado”, como si el ser una persona casada fuera el estado natural y la soltería un estado fuera de lo normal. El matrimonio sigue considerándose el mejor de los estados civiles y permea la idea de que es mejor estar casado que estar soltero, promoviendo el discurso dominante que privilegia la vida matrimonial.

En ese contexto, Bella DePaulo -socióloga estudiosa del fenómeno de la soltería como legítima opción de vida-, acuñó el término solterismo. DePaulo afirma que el solterismo se refiere a las formas en que los solteros son discriminados, marginados y estigmatizados. Esto sólo señala la mitad del problema; la otra mitad es la glorificación que se hace del matrimonio y de la vida en pareja, especialmente en las diversas versiones del muy popular “eres mi todo”: a esto le llama matrimanía.

Los estados civiles son entendidos bajo estereotipos, y los estereotipos generalmente se basan en prejuicios. Muchas personas, al conocer a un soltero, creen saber mucho de él o ella, de su vida, y de sus emociones, considerando que su situación es de fracaso, que se siente solo y envidia a las personas que tienen pareja. Se suele suponer que la motivación primordial de la vida de un soltero es construir una relación. Y si una persona continúa en soltería a cierta edad, se cree que se debe a una fobia al compromiso, a que es quisquilloso, arrastra un pasado difícil o que es menos maduro que otras personas de su edad y por ello “no ha formado una familia”.

La matrimanía se alimenta del miedo y del anhelo. Anhelo de estar “en la cumbre” del matrimonio, y miedo de nunca llegar ahí. El solterismo y la matrimanía marcan dos “polos” en un estire y afloje. Del lado del solterismo cualquier cosa que muestre valor, deleite o recompense, es disminuido. Del lado de la matrimanía, se exacerba la magia y experiencia transformadora del matrimonio. Existe un mito alrededor del matrimonio según el cual, nuestro cambio de estado civil crea un sentido de compromiso, sacrificio y abnegación que antes no se tenía, lo cual supone que las experiencias gratificantes, estimulantes y productivas en la vida del soltero se minimizan.

Si reflexionamos sobre los mitos y estereotipos que integran el solterismo  descubriremos que son simplistas, y cada uno de ellos omite e invisibiliza la diversidad de vidas que integra la soltería, pues se piensa que todos los solteros son iguales y que lo fundamental en ellos es que no tienen una pareja. Si nos detenemos a observar las vidas de los solteros, descubriremos distinciones más significativas que plantean diferencias importantes entre ellos. Estas distinciones importan mucho, y distinguen significativamente la vida, los deseos, las necesidades, intereses y valores de unos y otros.

Algunos tipos de solteros están más estigmatizados que otros, por lo cual es importante precisar dos cosas: Todos los prejuicios existentes de clase, raza, género, orientación sexual y edad aplican a la soltería: por ejemplo las prerrogativas de hombres sobre las mujeres, de los adinerados sobre de los que carecen de recursos materiales, los que han recibido educación formal de los que carecen de ella, los de raza anglosajona sobre los mestizos e indígenas, etc. Y entre todos los solteros que pueden existir, se consideran más “normales”, valiosos o maduros, aquellos que honran los valores del “alma gemela”.

El tema de la marginación y la exclusión tiene un fuerte impacto en la vida cotidiana de los solteros y alcanza los dominios políticos, religiosos, laborales, los medios de comunicación y los espacios académicos. Muchos solteros no tienen clara consciencia de los efectos de esta discriminación pues, insertos en el paradigma del solterismo, interpretan sus experiencias de exclusión o de imposición de estereotipos de manera personal, sin considerar las implicaciones del lugar que ocupan los solteros como grupo en la sociedad contemporánea. La cultura dominante les hace creer que están en falta, que están mal, que sus vidas acarrean un fracaso personal y se dan a la tarea de buscar a toda costa una pareja.

Propongo a los solteros que viven su s1ngularidad como un fracaso personal, que cuestionen las creencias tradicionales y se propongan retos para contrarrestarlas:

  • La vida de pareja NO es lo natural.
  • Idealizar la vida en pareja es una suposición que no nos permite apreciar el estado y el lugar en el que estamos.
  • Cuestionar la imagen “negativa” que tiene la vida individual en algunos contextos.
  • Explotar el valor de la interioridad que se da en la individualidad.
  • Cuestionar el malestar que genera pensarse como “defectuosos”: “estoy solo porque soy raro, o porque no me sé relacionar”.
  • Descubrir la energía y la inspiración que produce la vida en s1ngular.
  • La realización profesional y la implicación laboral comprometida da significado a nuestra vida e impacta positivamente a la sociedad.
  • Dudar de los terapeutas y consejeros que les prescriban encuentros frenéticos que les impidan amar su “nueva soledad”.
  • Diferenciar la soltería y el celibato. La independencia no es sinónimo de aislamiento, y una sexualidad abierta no implica promiscuidad o frivolidad.
  • Los hijos de los solteros tienen, al igual que cualquier persona, retos diferentes y futuros prometedores.
  • Reconocer la importancia de sus acciones en la vida familiar, cultural, política y económica.

El matrimonio es una decisión de vida entre otras y no implica que seamos mejores ni peores por estar casados, sólo refleja que nos vivimos en compañía de una pareja y tenemos un proyecto de vida en particular. Una relación de pareja tampoco es sinónimo de felicidad, y no tener pareja no significa necesariamente que se está solo en el mundo. Los círculos de amigos y la familia también son fuentes de satisfacción, amor, compañía y éxito. La soltería es, en muchos sentidos, una forma de relacionarse con el mundo que implica desafíos únicos, proyectos creativos, y sin duda, mayores libertades.

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