Los ingredientes corrosivos en la comunicación familiar

Podemos convivir por tradición o podemos buscar la manera de entablar una relación positiva, no sólo durante las reuniones familiares de las fiestas sino en general.

Las familias emocionalmente inteligentes son aquellas que en su vida cotidiana han adquirido una dinámica que impide que sus pensamientos y sentimientos negativos ahoguen los positivos.

¿Qué tipo de planteamientos generan esa negatividad?

1) CRÍTICA. La crítica consiste en utilizar palabras negativas sobre el carácter y personalidad de otra persona: enjuicia, culpa y difama al otro. Por ejemplo, “¿por qué eres tan sucia que no limpiaste la cocina?”.

2) DESPRECIO. Este es el ingrediente más corrosivo. Se refiere a cualquier afirmación que me pone en un lugar de superioridad en relación a otro, busca rebajar a la otra persona: sarcasmo, escepticismo, insultos, gestos, burla y humor hostil, corregir la gramática, gestos de la cara. Es el ingrediente más agresivo porque contiene amenazas y provocaciones desde un lugar de superioridad: “sí llegue tarde ¿qué vas a denunciarme?”.

3) ACTITUD DEFENSIVA. Ante la crítica y el desprecio te defiendes: “el problema eres tú, no yo”. Cuando me siento no aceptado, no asumo la responsabilidad de nada, ni siquiera cuestiono mi parte, todo se lo regreso al otro: me defiendo. Ejemplo: “no hice la tarea porque no me avisaste”. Con la actitud defensiva nadie gana ya que los miembros de la familia se afianzan en su posición rígida.

4) ACTITUD EVASIVA. Alguien se distancia y actúa como si no le importara lo que el otro dice. Cuando conversamos damos signos corporales que muestran  que estamos escuchando. La actitud evasiva muestra un cuerpo cerrado, no hay señales faciales, hay miradas de reojo. Hablar con alguien “evitador” acrecienta el círculo vicioso logrando que el otro ataque más, hostigue más, demande más; el otro en respuesta, además de evadirse termina también por retirarse físicamente.

Todos usamos este tipo de planteamientos en ciertos momentos, pero lo que marca la diferencia es la frecuencia con que los usamos. No todos los planteamientos negativos son igualmente dañinos pero, al final, los cuatro son muy perjudiciales para las relaciones familiares. Es importante usar sus antídotos:

Contra la crítica, la auténtica queja. Esto permite externar de manera asertiva lo que nos lastima, las propias necesidades y cómo nos serviría que nos trataran.

Contra el desprecio la admiración al otro. Vernos como iguales, y no desde una actitud de superioridad, y así “no ver para abajo” sino con genuina curiosidad a la otra persona.

Contra la actitud defensiva asumir responsabilidad. Mirar qué parte del desencuentro o del conflicto tiene que ver con mi actitud, mi creencia, mi conducta y hacerme cargo de qué decir y cómo actuar.

Contra la actitud evasiva aprender a calmarse para no retirarse. El estrés nos supera y nos lleva a aislarnos, a no escuchar, con el fin de no experimentar malestar ante el conflicto. Tranquilizarnos y poder retomar una conversación, un cuestionamiento, permite llegar a acuerdos y probar si funcionan.

Usar los antídotos detiene la negatividad y revierte el círculo vicioso. Aprende a usarlos con los miembros de tu familia y disfruta de la convivencia.

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