Amores de entre tiempo

El amor se considera algo tan sagrado, tan sublime, tan excelso, que cualquier relación o encuentro temporal podría valorarse como todo –evasión, aventura, amistad, calentura- menos como amor. No nos cansamos de pensar que el amor, el verdadero amor, debe ser para siempre.  ¿Y cómo podemos connotar esos encuentros de corta duración que no son banales, que transforman nuestras vidas, que expanden la experiencia de nosotros mismos; esos “amores” que acompañan por un rato, que cuestionan la existencia, que trastocan nuestra vida?

Quizás en un mundo mercantil, que usa y abusa de las cosas, de los animales y de paso de las personas, nos cuesta reconocer un intercambio erótico afectivo temporal, pero cuidadoso, revivificante, como una experiencia que forma parte del territorio del amor. Y aún habiendo experimentado el encanto y la grandeza de un encuentro así, lo banalizamos o minimizamos, excluyéndolo – por ser pasajero – del campo amoroso.

No siempre, ni todos, estamos dispuestos y disponibles para un amor de larga duración, particularmente después de un rompimiento amoroso: una separación de pareja implica un duelo importante que se tiene que atravesar, y en esas circunstacias no estamos en condiciones emocionales de construir una relación contundente, particularmente larga, con intenciones de estructurar un proyecto de vida tejido en común. Recuperarnos de una ruptura amorosa, de un divorcio, nos requiere energías para resolver conflicos y superar retos, nos inhabilita a tomar decisiones magnas en el área amorosa y nos impele a aplicarnos a resolver asuntos que devienen tras la pérdida de un gran amor. ¿Pero por eso hemos de negarnos a los intercambios sexuales, eróticos, incluso amorosos en tal periodo de transición? Las personas nos construimos en y por los encuentros humanos, y los que tienen que ver con la atracción, los afectos, el sexo y el erotismo, son los que más conmocionan la percepción de nosotros mismos: nos permiten reconocernos, estirar nuestros límites, recuperar la confianza, expandir nuestra dimensión afectiva y erótica y habilitarnos para “reinsertarnos”, si así lo deseamos, en el mundo del amor.

 ¿En que consiste un amor de entretiempo?

Los amores de entretiempo son todas esas experiencias erótico afectivas que se dan en un marco de intercambio y respeto, sin proyectar un futuro común de larga duración. Incluyen desde un encuentro sexual, hasta una relación amorosa que se intuye temporal. Quizás se distinguen de una aventura fugaz y banal que simplemente da salida a un impulso sexual, por su capacidad de favorecer el crecimiento personal integral incluyendo el cuidado propio y el cuidado de los demás.

Un amor de entretiempo permite reconocer el propio cuerpo, experimentar el potencial sexual, distinguir errores del pasado, intercambiar placeres, compartir actividades, rebotar ideas, recuperar la confianza, conocer más del sexo opuesto o de los demás, retomar las riendas de la vida, descartar prejuicios e ideas erroneas del sexo y del amor, afianzar los propios valores, ubicar el modelo amoroso en el que se elige vivir, y cuestionar qué se necesita en el presente para continuar. En síntesis, conocerse y conocer, recuperarse y acompañar.

Los amores de entretiempo permiten no sólo avanzar en el proceso de recuperación amorosa sino primero descubrir qué es adecuado, constructivo, deseado y oportuno para el momento presente. Los comportamientos sexuales y las decisiones tomadas en esta área de la vida son profundamente individuales, algunas personas pagan precios emocionales muy altos porque experimentaron con conductas que no eran compatibles con su forma de ser, sus principios y sus valores.

Algo bello de los amores de entre tiempo es descubrir cómo quieres manejarte en esta área, pocas dimensiones de la vida han sido tan reprimidas como la sexual.  Generalmente atravesar este desconcierto te permite llegar a un punto de libertad para elegir lo que quieres y no lo que debes. Descubriendo tu naturaleza sexual y manejándola constructivamente, baja la tentación desesperada de realizar conductas sexuales compulsivas que te dejan vació para adentrarte en encuentros sexuales humanos y quizás en alguna relación amorosa de corta duración.

Gustos y Sustos

La sexualidad puesta en perspectiva es una de las dimensiones que facilitan más un medio de autoexpresión y de mostrar amor y cuidado a otras personas. Si bien es un camino privilegiado de comunicación, de compartición y de encuentro, no es el único. Una moral sexual que incluye la sexualidad como expresión de la propia individualidad y unicidad y al mismo tiempo se preocupa por las necesidades y el bienestar del compañero sexual, es responsable, actualizada y humana sin que esto implique necesariamente una relación amorosa comprometida de larga duración, al menos al principio.

Pero el erotismo humano que se da en estos amores, si bien incluye la sexualidad, es más que la pura corporalidad, por eso los amores de entretiempo conmueven nuestro cuerpo y nuestro corazón. El erotismo que incluyen es exigente:  pide que desarrollemos una capacidad de vivir la vulnerabilidad y la intimidad. Ser vulnerable, íntimo, develarse, arriesgarse hasta cierto punto con y por el otro, y por eso es algo que puede confrontar y  atemorizar.

Algo que se puede temer, y no es algo que distinga a los amores de entretiempo,  es el consumo de un sexo físico, genital, confundiéndolo con el erotismo o con el amor, cuando no es así. Y por eso muchas personas al volver a la realidad después de un ecuentro puramente sexual se preguntan “¿qué hago yo aquí?” Una relación sexual vivida como algo no relacional, en la que el otro es  un objeto de consumo, no es el inicio de un acto amoroso o de conocimiento, es sólo placer rápido –legítimo y válido-, pero limitado y con poco que ver con los amores de entretiempo.

No desperdicies tu oportunidad de aprender a decir que no por respeto a ti mismo y al otro. Es el momento de aprender –o recordar- que no es tu obligación el satisfacer a una mujer o a un hombre. Tampoco estas obligado a adivinar deseos que no se expresan ni a condescender en lo que tú no gustas ni deseas.

Bríndate la posibilidad de explorar aspectos desconocidos de tu sexualidad: fantasías, pasividad, ternura, dar y recibir,  ritmos y tiempos diversos, entre otras cosas. Pero sobre todo has de generar un espacio para descubrir tu propio cuerpo y reconocer cómo se comporta tu deseo. Conocerte físicamente, reconocer tu funcionamiento sexual, explorar nuevos caminos de gozo es una tarea de todo ser humano. Esto lo has de hacer a solas y también acompañado.

Respeta tu experiencia de vida, tu personalidad, tus necesidades, deseos y valores. No corras riesgos innecesarios pero tampoco sostengas prejuicios y tabúes represivos. Lograr este equilibrio en tu vida sexual te ayudará, tanto en encuentros pasajeros como en relaciones comprometidas, incluso en el comienzo de una nueva relación matrimonial.

 10 imprescindibles en los amores de entretiempo

  • Salir de tu zona de confort posibilitará que el miedo que experimentas al iniciar amores de entretiempo sea reemplazado por la sorpresa, la novedad y el asombro.
  • Las relaciones de corta duración, pueden resultar benéficas si se saben manejar, y esto tiene mucho que ver con estar consciente de lo que buscas de ellas, y hacer al otro parte de esto.
  • Cada encuentro, si es humano, cuidadoso y amoroso, te acercará a la claridad respecto del tipo de vínculo y relación que quieres tener. Cada persona será un regalo para conocerte, conocer la naturaleza humana y entender el erotismo y el amor.
  • Los encuentros eróticos y amorosos son siempre enriquecedores. No nos referimos a una compulsión de conquistas sexuales sino a relaciones significativas, más allá de su estructura y relación.
  • Un componente imprescindible y adicional que le da verdadero poder transformador a la vida es la conexión humana.
  • Para encontrarnos con un compañero de vida, antes tendremos que aprender cosas que sólo otras parejas pueden enseñarnos.
  • La relación puede no durar toda la vida pero también puede cumplir un cometido y terminar.
  • No hay una definición única que describa el amor y, por lo tanto, tampoco existe un modo único de vivirlo. Tal vez tu intento de adaptarte a un modelo amoroso único haya sido parte de tus desventuras. Toda relación amorosa es un riesgo: el amor es al mismo tiempo atractivo y peligroso.
  • Cuando toque un encuentro de larga duración, aparecerá ese extraño deseo de involucrarse en más aspectos con la vida del otro, de permanecer con él. En una experiencia así aparece ese deseo que une los cuerpos y las almas
  • Y al final, aferrarse a que una relación dure para siempre requiere que ignores o pases por alto la complejidad, la contradicción y la ambivalencia del amor.
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