Que hablen los hombres

Las mujeres hemos hablado y, con más o menos acierto, nos hemos expresado y vamos siendo escuchadas. Son ya muchos años de manifestar lo que no queremos y de afirmar lo que necesitamos,  de señalar lo que nos lastima y de dar a conocer lo que anhelamos. Siglos de sumisión y exclusión nos han hecho congregarnos, apoyarnos, prepararnos y mostrarnos. Falta mucho por andar pero hemos conquistado territorios, derechos y autonomía.

¿Y los hombres? ¿Cómo se posicionan ante esta transición galopante que va amainando el patriarcado y en la cual van perdiendo privilegios, amores y paciencia? Soy madre de cuatro varones que se mueven entre varios mundos: el de la presión del entorno masculino que aún les señala –y exige-  “lo que es el éxito y la valentía propia de su ‘masculinidad’”; el de una madre feminista que no pierde la ocasión de señalar la injusticia y la violencia que día a día sigue salpicando, si no es que golpeando, nuestra feminidad; el de un mundo de mujeres jóvenes (y no tan jóvenes) que les piden cosas contradictorias, defienden argumentos ambivalentes y esperan amores imposibles de lograr.

¿Acaso esta transición sostenida nos tiene a todo mundo confundido y atarantado? Ale, el tercero, me dice que sigue sintiendo la presión del entorno por lograr un tipo de éxito económico que es “la carta de presentación” de su valía personal. Ber, el menor del grupo, se frustra porque muchas chicas interpretan su genuina sensibilidad como un “truco para conseguir algo carnal”: “madre, ¡qué afán de pensar que solo nos interesa el contacto físico!, yo busco la conexión emocional, las buenas charlas, la mutua comprensión”.  Diego no deja de compartirme, y de pronto de plano consultarme, cómo actuar ante situaciones concretas en donde el tema económico, el compromiso emocional, incluso las formas en el trato con mujeres, lo han hecho dudar de su proceder. Y bueno, Ro, el mayor de todos, a quien la cabeza nunca le para, estudia e investiga el tema, recalca lo que no todos sabemos: la mortalidad de más hombres que mujeres en temas de abuso de sustancias, pleitos callejeros, accidentes diversos y sin duda desde bajas por tener que ir a la guerra, hasta muertes prematuras por descuidos a su salud.

Pues sí, el patriarcado no solo afecta a las mujeres, los hombres también están pagando costos altos. ¡Es que eso de tener que ser siempre fuertes,  ricos y contenidos en la vida emocional…! Entre hombres es difícil mostrar debilidades y compartir los dolores del corazón. Controlar la esfera de lo público ha dejado a la deriva su mundo interno y muchas veces su vida personal. Y así se genera ese círculo que esclaviza a hombres y mujeres: si ellos no dan dinero no se sienten dignos de obtener amor, y si ellas no dan amor no aseguran una estabilidad en el mundo material. ¿Qué se van desmantelando estas premisas? Sí, pero más lento de lo que quisiéramos imaginar.

No se trata de que los varones adopten un modelo masculino que las mujeres implanten: hombres y mujeres somos diferentes y es momento de crear un propio y nuevo proyecto de masculinidad, apto para nuestros tiempos. Que hablen los hombres, muchas mujeres estamos listas para el cambio, y los queremos escuchar.

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terediaz

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