¿Independencia? Que sea emocional…

Me decía el otro día Fernanda mi amiga, -arquitecta renombradilla, de 42 años, soltera desde hace 6, mujer determinada, y agraciada por demás – “Mira Tere, siento que ya se me antoja volver a hacer vida de pareja, pero tengo una lista tan grande de cosas que quiero hacer antes de renunciar a mis espacios, que no se cuánto tiempo más lo voy a postergar”.

¡Como que algo no me “cuajó”! “¿Pero cómo Fernanda?  ¡Si lo que vas a tener es una pareja, no un bebé, menos aún un capataz!”. Me contesta con voz reservada: “Ya ves que a mi lo de pedir y negociar, me cuesta…”

Me cuestiono para cuántas personas el vivir en pareja es sinónimo de tener que clausurar una parte importante de sí mismas: deseos, necesidades,  intereses, valores, y no sé que tanto más. Y eso que no soy de las románticas que piensa que la vida en común se da sin desacuerdos, postergaciones, y una que otra renuncia por ahí, pero ¿anularte? ¡No!

Una de las más importantes tareas de la vida es conquistar la independencia emocional, aspecto nodal de la madurez; la otra, tener relaciones significativas, -de amistad, en familia, y/o de pareja – ¿Pero cómo integrar el “binomio” pareja/autonomía sin que una cosa socave a la otra?

Todos de una u otra manera somos emocionalmente dependientes: primero con nuestros padres, luego con la pareja; pero esta dependencia, llevada al extremo, deriva en problemas emocionales y en problemas con los demás.

Recuerdo a Fernanda en su anterior relación: muuuuy al pendiente de su ex, ansiosa de no converger en todo, desgastada cuando tenían diferencias, y tratando de adaptarse para complacer. ¡Harto malestar tolerado por el temor de “testerear” su relación.

Hay también quienes se van al otro extremo, y para no sentir es “cosilla” interna de estar presionadamente por y para el otro, se alejan emocionalmente evitando así salir dañados en sus sentimientos, capoteando los desencuentros y la fricción, y anulando con todo ello la posibilidad de una conexión emocional que igualmente los presiona.

Pues sí, ser independiente en lo emocional se trata de ser interdependiente, y balancear ambas tendencias: la cercanía y la distancia con el otro.  Es que a estas alturas del partido sentirte atado y asfixiado por una relación, o bien experimentar constantemente el miedo de no ser querido y el riesgo de ser abandonado, ¡es un precio muy caro!. Caro para ti y caro para tu  pareja, a quien tratarás de alejar para que no te ahogue con su cercanía,  o bien a quien presionarás pidieno –a cada rato y todos los días- muestras de un amor eterno e incondicional.

Ser s1ngular es desarrollar un sentido sólido de identidad y tener la capacidad de contenerse a uno mismo ante los desafíos de la vida y la incertidumbre cotidiana, y luego, -entonces sí – a disfrutar de la vida de a dos…

 

 

 

 

 

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