Nuevas parejas y nuevas familias

Las parejas y las familias de hoy, a diferencia de las de antaño, no tienen como fin la reproducción, la producción y la sobrevivencia. En la actualidad las personas que viven en pareja, se casen o no, buscan acompañarse, compartir intereses y valores, realizarse como personas y apoyarse mutuamente. Algunas parejas buscan tener hijos, otras no, pero en términos generales, las relaciones familiares son fuente de cuidados y de nutrimento emocional.

Son muchas las razones por las cuales hoy los vínculos amorosos difícilmente duran toda la vida. El divorcio como herramienta socialmente aceptada, abre la posibilidad de dar fin a los matrimonios poco enriquecedores o destructivos. Por esta razón, el estudio actual del ciclo vital incluye la creación de nuevas parejas y nuevas familias tras una separación.

¿Por qué algo que ocurre cada vez con más frecuencie es visto como una equivocación y un fracaso? Quizás la mala fama del divorcio tiene más que ver con el  manejo inadecuado del mismo, que con los efectos reales de la separación tanto en los adultos como en los hijos.

Parte central para manejar adecuadamente un divorcio y llevarlo a buen fin, es lograr la seguridad y estabilidad de los hijos si es que los hay, así como el llegar a de acuerdos que faciliten la nueva vida y honren lo que sí hubo en esa relación.

Para contraponer los mitos del divorcio como fracaso, habría que integrar las siguientes premisas en nuestra forma de pensar:

  • Las terminaciones y los cambios son inherentes a la vida.
  • El divorcio puede redefinir la vida de una persona y de una familia para bien.
  • Los vínculos amorosos con padres e hijos no se rompen, se acutalizan.
  • La relación con los “ex” puede ser colaboradora y pacífica.
  • Los hijos de divorciados desarrollan más herramientas para manejar conflictos y más sentido de realidad.
  • El divorcio es normal.
  • Las familias cambian tras un divorcio pero no se destruyen.
  • Los divorcios pueden no ser traumáticos y catastróficos.
  • Es posible generar una buena vida tras una separación.

Para que estas premisas se integren en la mente y la vida de las personas, tenemos que lograr separaciones más civilizadas y cuidadosas. Un buen divorcio es aquel que transformar la estructura de la familia conservando el vínculo familiar, pues cuando hay hijos, éste nunca termina. Manejar bien esta transformación es una faena difícil porque la vida matrimonial puede ser puesta en duda en cualquier momento recuperando la persona casi por completo los atributos de la soltería, pero la paternidad es incuestionable aunque el matrimonio se deshaga.

Los “ex” que tienen hijos, serán padres de los mismos “hasta que la muerte los separe”. Quienes logran ser un equipo de padres cordial, no solo benefician a sus hijos física, económica y emocionalmente, sino que logran separarse mejor.

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