¿Qué hago para cambiar?

De todas las frases trilladas que he escuchado o leído respecto al cambio la que más me resonó -que no me acuerdo de quién escuché- dice que “lo único que no cambia es el cambio”; y es que si bien el cambio siempre ha estado presente en nuestros ciclos de via, hoy más que nunca es una constante que abre el cuestionamiento de qué postura queremos asumir ante él: ¿somos agentes pasivos o tomamos las riendas de nuestra vida?

Muchas personas empiezan el año esperando que algo pase, que alguien llegue, que se ganen la lotería, que su ángel les de la pista… Existe la magia de la transformación sólo si tú haces lo que te corresponde para cambiar. Ya lo dijo San Agustin: “Ora como si todo dependiera de Dios, pero actúa como si todo dependiera de ti.”

El cambio es un proceso, no un evento y una pequeña diferencia introducida en una actuar con inercia puede llevarnos a un lugar diferente.

¿Quiero o no quiero cambiar?

Existe siempre la tensión que se genera entre el deseo y la necesidad de cambiar y la comodidad de lo conocido. Los seres humanos nos sentimos confortables cuando tenemos control sobre nuestras expectativas de competencia, confianza, control y comodidad. Cuando las circunstancias varían y esas expectativas se perturban, nos hallamos ante el reto del cambio. Si nuestra capacidad de adaptarnos no es adecuada, sufrimos el impacto del cambio y nuestra conducta se inadecúa; es como si perdiéramos el equilibrio.

Cuánto tardemos (y si tendremos éxito o no) en adaptarnos al cambio, dependerá de nuestra percepción del mismo como oportunidad o como amenaza. Ese marco de referencia está conformado –en buena parte- por nuestras creencias.

¿Por qué no cambia la gente? Aunque quiera…

1. Por no tolerar el malestar y ansiedad de lo desconocido y la incertidumbre.
2. El cambio implica un desafío.
3. El confort adormece la consciencia e impulsa al autoengaño.
4. Por no correr riesgos.
5. Temor a hacer el ridículo.
6. Falta de voluntad: posponer gratificaciones para un bien mayor.
7. No saber cómo iniciar la transformación de manera realista.

Es cierto que el primer paso para cambiar es querer cambiar, sin embargo, en este caso no aplica el tan sonado “querer es poder”; querer no es suficiente para hacer un cambio significativo. Como ya lo dije, el cambio es un proceso y se requiere de varios elementos para llevarlo a cabo.

Entonces… ¿cómo le hago para cambiar?

1. ¡Para! Deja de hacer lo mismo que no te ha funcionado: Hacer más de lo mismo puede ser fácil, conocido incluso habitual, pero no llevará a resultados diferentes.

2. Cierra círculos: Reconoce lo que es un obstáculo. No puedes meter cosas nuevas en un cajón si no sacas las viejas. No puedes iniciar una nueva relación si no has cerrado una anterior. No puedes iniciar un nuevo proyecto si estás intranquilo con un trabajo anterior.

3. Ponle nombre a tu problema: Detecta tu malestar. Antes de lanzarte a actuar sin ton ni son, permítete sentir de qué va tu desasosiego, frustración o sensación de fracaso. ¿Qué es lo que realmente te perturba? ¿Tiene que ver con alguien o contigo?

4. ¡Encuentra tu motor! Descubre lo que daría propósito a tu vida. El significado y sentido de vida es el motivador superior para de ahí construir un proyecto personal. ¿Qué quiero? ¿Qué anhelo? ¿Con qué sueño?

5. Ten una línea de metas en el tiempo: Establece objetivos específicos; a corto, mediano y largo plazo. Pocos pero consistentes, alcanzables y claras. Pero si tus metas no corresponden a tus habilidades, te puedes frustrar innecesariamente, adecua tus aspiraciones a tus posibilidades reales

6. Reconoce tus recursos: Haz una lista de tus competencias en uso y de las que hay que explotar: Las que ya utilizas y las que puedas desarrollar. El autoconocimiento y aceptación personal son la base del uso oportuno y constructivo de tus recursos. No todos poseemos los mismos rasgos pero todos tenemos diversidad de recursos.

7. Diseña un plan de acción: En tiempo y forma. Inicia con lo que es de más flojera para dejar el premio para después!

8. Evalúa y rectifica en el camino: Pueden cambiar tus deseos, tus posibilidades, y se vale. Además no hay uno solo camino ni una mejor decisión, son diversas las opciones para poder lograr el cambio y la satisfacción. ¡Toda experiencia es útil si la asimiladas y afina tu sentido de propósito y tu camino a seguir!

9. ¡Celebra tus avances! Cada paso es valioso, no sólo el resultado final.

¿Cómo iniciar el cambio? Experiencia, acción, narración…

Es común estar cansado de vivir de determinada manera o estar harto de alguna situación, pero la gente con frecuencia se queja y se queja sin tomar la decisión de hacer algo para ponerse en otro lugar. A veces el grado máximo de malestar o la sensación de un atrapamiento sin salida es lo que te lleva a la convicción de que así no puedes seguir.

Sería muy útil anticiparte a ciertas “catástrofes” de la vida e iniciar movimientos en relación a ti mismo y al tipo de vida que tienes antes del derrumbamiento. Esta óptima alternativa de anticipar el cambio no es usual y generalmente son los acontecimientos los que se imponen aun sin planearlo o quererlo.

Van algunas ideas para “echar a andar el motor del cambio”:
– Diseñar experiencias de vida variadas: planear un viaje, leer un libro, cursar un taller, generar alguna relación. Las experiencias de vida te obligan a salir de tu zona de confort, te perturban (esto lo quitaría) y por tanto amplían tu manera de vivirte y mostrarte; te enriquecen.
– Crear nuevas narraciones sobre ti y sobre el mundo que te rodea; este mecanismo privilegia la reflexión: revisa cómo te describes, analiza tu pasado y reacomódalo generando diversas interpretaciones del mismo, agrega explicaciones que enriquecen el cuento que siempre te has dicho de ti mismo. Reescribe tu historia preguntando a quienes te rodean cómo te ven.
– Ejecutar acciones concretas que te permitan hacer las cosas de manera diferente. No requieren ser acciones enormes de las que esperes un cambio radical; pueden ser pequeñas cosas que en conjunto den una inercia distinta. Por ejemplo, poner límites a conductas abusivas de otros, pedir lo que necesitas, levantarte más temprano, expresar lo que sientes, abrir una cuenta de banco, visitar a alguien que no has visto, compartir con alguien lo que piensas, comprar algo que siempre has deseado o cambiar tu cama de lugar.

Planear experiencias, construir nuevas narraciones o ejecutar acciones es realizar conductas de autovalidación. Estas conductas te moverán de la zona en la que estás “incómodamente” asentado, te permitirán descubrir tu poder y conquistar tu autonomía. Modificar lo que vivencias, lo que dices o lo que haces, promoverá un movimiento en cualquier punto de este “triángulo” experiencia-narración-acción activando tu proceso de transformación.
Pero ojo, si no te decides internamente no puedes echar a andar este proceso. Si bien en este caso el “querer es poder” no aplica, la decisión de cambiar es previa a cualquier acción, sin ella es imposible movilizar ningún recurso. Y recuerda que la transformación es el único camino hacia la auténtica autoestima y autorrealización.

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