¿Me cela por que me quiere?

¿Qué tú no eres celoso? ¡No lo afirmes con tanta seguridad! Posiblemente no has tenido esta experiencia, pero a todos, en un momento dado, los celos nos pueden venir a visitar.

Hay a quienes les halaga que los celen, espero te cuestiones de dónde viene esta actitud si acaso presumes de ella. Otros hasta confunden el amor con los celos. Pensar que “celar es amar” es una idea romántica y errónea de quienes alimentan la creencia de que si alguien no te cela “alguito”  es porque no le importas de verdad.

Cuando alguna persona te prometa que todo lo tendrás con ella, como si realmente pudiera aislarte del mundo y darte todo lo que necesitas, ¡sal corriendo! Una promesa así termina en vigilancia, hostigamiento y control. El celoso elige poseer antes que amar.

A diferencia de las necesidades que se satisfacen con algo concreto, – el hambre se sacia con el alimento o el cansancio con un buen dormir-, el amor no se satisface así. El amor no es una necesidad sino una demanda: se “desea tener amor”, pero el deseo nunca se completa con algo particular, nunca se colma del todo. Por esto solemos afirmar que el amor adulto siempre te dejará un poco insatisfecho, algo inconsolable.

Los celos son una experiencia de sufrimiento, un disgusto emocional frente a la pérdida de quien amas o bien ante la simple idea de que lo puedas llegar a perder. La persona celosa mezcla seis estados emocionales:

  1. Deseo de posesión.
  2. Experiencia exclusión.
  3. Necesidad de competir.
  4. Envidia de quien me puede “desbancar”.
  5. Humillación por no ser “el mejor”.
  6. Miedo ante la pérdida y el abandono.

Algunos  rasgos de carácter que muestran la tendencia de una persona a comportarse de forma celosa son:

  1. “Sabelotodos”: tienen siempre una respuesta “correcta”.
  2. Corrigen permanentemente los “errores” de los demás.
  3. Moralistas: juzgan rígidamente si las acciones de los otros están “bien” o “mal”.
  4. Suspicaces: se mantienen en alerta constante sin perder los menores detalles de la conducta del amado.
  5. Muy exigentes, y por tanto difíciles de complacer.
  6. A veces, por su alta religiosidad o por adherirse a valores supremos e inalcanzables, sus demandas están “fuera de este mundo”.
  7. Muy responsables y “coherentes”, por lo que les cuesta integrar las contradicciones propias de la vida.
  8. Ansiosos, lo que hace que su tolerancia al riesgo y a la incertidumbre sea muy baja.

Las verdaderas crisis de celos no se dan sólo por  “amor al otro”, incluyen también un exceso de “amor propio” y un alto nivel de inseguridad. Si bien es cierto que los celos se detonan por alguna conducta externa del ser amado, la forma de  vivirlos  y expresarlos  tiene mucho que ver con el grado  de madurez  y seguridad de la persona misma.

¿Cómo detectar a un celoso? Pon atención si esa persona tiene constantes sospechas en relación a ti: “¿por qué te vestiste con este color tan llamativo?”, “¡qué raro que te marqué y no contestaste!”, “¡me dicen que eres muy conocido y famoso!, ¿por qué será?”. Reconoce también si te quiere hacer sentir irresponsable e incompetente a través de su constante vigilancia,  suspicacia y control.

Hay de gente celosa a enfermos de celos: personas cuya cabeza está plagada de obsesiones, incluso delirios y que encierran propiamente una patología mental donde no cabe más que planear la retirada.

Cuidar que una relacióm de pareja no se enferme gracias a los celos es fundamental no sólo para mantener a flote esa relación, sino para evitar que en un futuro lo que se suponía que era una “muestra de interés” derive en destructivas situaciones de violencia.

 

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