¿Su mamá lo mima?

Cuando su madre o su padre van antes que tú…

Valdrá la pena que te preguntes si en una próxima relación te quieres relacionar con una mujer… o con una ¡niña!; con un hombre… ¡o con un niño de casa!. Los hijos adultos extremadamente “buenos” con sus padres o apegados en exceso a ellos, tienden a ser malas parejas y malos padres. Y no nos referimos a aquellos hijos que toman responsabilidad oportuna de un padre que lo requiere, sino a los que simplemente no pueden cortar “el cordón umbilical”.

Muchos de estos adultos tratan a sus padres de manera amable y compasiva, pero otros se quejan de ellos e incluso los regañan; pero el común denominador es que por la razón que sea se adjudicaron la función de cuidarlos y no quieren o no saben cómo decirles: “en otro momento, no puedo hoy”.

A este tipo de personas les denomino “hijos crónicos”, y otra de sus principales características es que que abiertamente necesitan la opinión o el consentimiento de sus padres para tomar decisiones: no dan un paso sin consultarles, invitarles, comentarles y hasta involucrarles.

Son personas que sienten, en primera instancia, que su verdadera familia es la casa paterna, y luego todos los que “llegaron después”. Por supuesto que en este “después”, estarás tú, y en muchas ocasiones, hasta sus propios hijos.

En cualquier circunstancia, el reto de vivir en pareja es suficientemente complejo como para que por añadidura, te unas a alguien que está tan apegado a sus padres que se le dificulte sortear los desafíos del amor y de una vida de pareja. Si algo caracteriza a la etapa adulta es la autonomía, y no solo económica, sino emocional también; alguien que no ha conquistado una dotación suficiente de independencia no está listo para hacer pareja y mucho menos para vivir con ella.

La vida en ocasiones plantea circunstancias difíciles, problemas dolorosos, retos desafiantes; seguro en etapas complicadas habrás sentido el deseo de que alguien te cuide y te rescate. Una pareja puede hacer la función “temporal” de contenerte haciendo un papel de “madre o padre” en momentos de crisis y debilidad. En un sentido, la vida de pareja ha de facilitarte y hacerte más llevadera la vida toda; pero ojo, ¡temporalmente!: mientras la crisis pasa y se retoma cierto equilibrio necesario para continuar.

Una relación amorosa que permanentemente juega roles paternos se verá lastimada en parte de su esencia que es la igualdad y el intercambio entre los amantes. Asumir rígidamente esos papeles dentro de la relación, afectará entre otras cosas, tu vida erótica; y es que ¡no se tienen relaciones sexuales con los padres!. Del mismo modo, una desigualdad jerárquica donde uno se encarga permanentemente del otro, irá erosionando paulatinamente la mutualidad propia del amor.

Finalmente, invito a descartar como posible candidato amoroso a alguien, que por las razones que sean, no te reconozca como su pareja ante sus padres, tape tu existencia en su vida familiar y te coloque en un lugar de invisibilidad.

¿Será que una persona que no puede darte un lugar en su casa, si pueda dártelo en su corazón?. A reserva de que la situación de su vida familiar sea abierta y temporalmente caótica, que tú la conozcas y que esa postura te haga sentido por un tiempo determinado, la respuesta contundente será: ¡No!.

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