¿Libre de verdad?

Pues a mi la independencia me ha costado un huevo – que no tengo – y los dos ovarios, que literalmente ya me extirparon. Y es que eso de ser una mujer autónoma, por muuuuy avanzado que esté el siglo XXI, requiere de un aplomo y un arrojo y una voluntad, que queda uno medio atarantada – por no decir raspada – en la conquista de tan importante faena.

Y no dejo de agradecer a la infinidad de mujeres que tuvieron los “cojones” necesarios para abrirme brecha, ni tampoco invisibilizo que el camino que transito está más allanado por todas aquellas que me antecedieron, pero no deja de ser un triunfo – de estandarte guadalupano blandeado en mano –  desafiar culpas inculcadas, miedos aprendidos, mandatos familiares, señalamientos sociales,  y techos de cristal laborales, “En la casa mamá y papá comparten la autoridad, pero alguno de los dos debe tomar “la batuta” y ese alguien es el padre”, me dijo mi papá a mis siete añitos estando recostada en su hombro mientras mi mamá iba y venía toreando a mis hermanas menores entre juguetes, pañales y biberones. Y de ahí “pa’l real” se me quedó esa “verdad” tatuada  – reforzada luego por Sor Elisa en la escuela,  por los galanes en las fiestas, y por mis jefes aquí y allá – y sin mayores consignas explícitas pero con muchos ejemplos vivientes aprendí que las niñas obedecen, posponen sus deseos, priorizan las necesidades de los demás y se acomodan contentitas al lugar “que les toca”.

¡Ya sé ya sé que yo soy mayorcita que muchos de ustedes!, y que las cosas van cambiando, pero aún así, si la conquista de la independencia es una faena compleja para cualquier mortal, la autonomía femenina requiere  de luchas internas y externas, discretas y burdas, y sin duda no de no dejar nunca de “pedalear”.

Y cuando hablo de autonomía no me refiero a andar discutiendo a diestra y siniestra, e imponiendo a discreción mi santa voluntad, sino de esa capacidad de sentir, pensar y actuar con base en los propios sueños, necesidades, intereses y valores, conservando las relaciones afectivas preciadas y reconociendo la interdependencia necesaria con los demás.

Pero este parrafito escrito tan tranquilamente, implica preparar un “cocktail” de independencia económica, intelectual, y emocional. Y yo diría que también de cierta gracia y salero, de mucha perserverancia, y de una canasta de “mega huevos” por se si rompen algunos en ese largo caminar…

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terediaz

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