Tú eres tú y yo soy yo…

Los seres humanos nos acompañamos en la vida para hacer de ésta un lugar más cálido y más llevadero. Necesitamos unos de otros y el contacto con nuestros congéneres nos da seguridad y sentido de pertenencia al tiempo que nos implica un reto, pues somos diferentes.

Esto se torna particularmente complicado en la convivencia de pareja. En un mundo  que ha transitado de un estilo de vida comunitario a uno individual debido a la imparable transformación científica y tecnológica, las personas priorizamos los espacios personales, la propia satisfacción y la realización de un proyecto de vida propio. Pero siendo la vida familiar y particularmente las familias extensas menos indispensables para la sobrevivencia diaria la vida amorosa se ha tornado en fuente de altas expectativas y sostén de la identidad.

Hoy esperamos de la pareja lo que antes nos daba toda una tribu: afecto, comprensión, ayuda, trabajo conjunto, complicidad, conversación, diversión, y claro, amor y sexo. De ahí que depositemos en el otro nuestra apuesta de felicidad, lo cual acaba en una demanda insaciable, en una sobrecarga agobiante, en un desgaste sostenido y finalmente en una frustración que puede llevar al quiebre amoroso.

Cada uno es responsable de la propia vida y de la propia felicidad. No hay modo ni de hacer feliz al otro, ni de cambiarlo. Ya lo dice Barthes: “el amor tiene hijos perversos” Y al hablar de “hijos perversos” nos referimos a esos comportamientos extraños, insidiosos, perturbadores, que desvían el sentido de acompañamiento, del juego, del intercambio y del disfrute que produce una buena relación. Barthes concretamente señala dos actitudes: el deseo de complacer siempre al otro, y el deseo de querer cambiarlo.

La felicidad,  la satisfacción, o el bienestar es un reto personal. ¿Que la vida de pareja ha de sumar a la vida del otro? ¡Sin duda! Pero de eso a cargar con la responsabilidad del otro hay una gran diferencia. Cuando ambos miembros de una pareja son conscientes y responsables de sus propias felicidades es cuando se puede sumar a la felicidad del otro. Puede darnos alegría el contento de nuestra pareja, claro está, pero no podemos depender de ella para estar bien.

Quizás este pensamiento de Fritz Perls nos ubica en el punto justo:

“Yo soy yo y tú eres tú

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y,

Tú no estas en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú y yo soy yo.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos

y coincidimos, es hermoso.

Si no, pocas cosas tenemos que hacer juntos.

Tú eres tú y yo soy yo.”

¡Amémonos desde el respeto y la libertad!

CATEGORY: Blog, Pareja

terediaz

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