Madre NO solo hay una

Todo ser humano existente en la faz de la tierra ha nacido de una mujer, sí, pero ninguna mujer nace madre. A eso sumémosle que a las madres de hoy se nos pide lo que antes hacían todas las mujeres de la tribu en el tema de crianza. La madre biológica paría a la creatura, pero la nodriza lo amamantaba, la abuela lo arrullaba, la hermana lo entretenía, la nana –si había- lo toreaba y la vecina de pasadita lo llevaba a pasear.

Bajo esos parámetros, y bajo los actuales cánones no hay ni cómo, ni a qué hora, ni en dónde dar el ancho. Primero, porque el 50% de la población, es decir la masculina, queda excluida del equipo de crianza en tanto que las sociedades occidentales en la actualidad plantean un imaginario público que presenta el cuidado de los hijos como algo prácticamente exclusivo de la madre (y de las mujeres). Segundo, porque el ideal femenino no es un asunto privado, a diario la sociedad nos dice de una u otra forma, por un lado, que al tener el instinto maternal también tenemos el deseo de criar y cuidad de nuestros hijos y que nuestra naturaleza nos da la pauta para hacerlo, pero por el otro, se nos dan los lineamientos sobre cómo hacerlo, y hacerlo bien y así ser consideradas “buenas mujeres” y “buenas madres”. Y por sí ahí piensas que nadie te lo ha dicho, pero así lo sientes, es que lo que se “respira en el aire” lo “transpira el cuerpo”.

Y no vaya a ser que el niño vaya mal en la escuela, o se enferme, o no sepa socializar. ¿De quién es la culpa? De la madre. Ningún ser más señalado para cargar con las culpas de los deslices y pesares de los hijos.

¿Cómo  hacerle hoy para lograr lo que antaño lograba un ramillete de mujeres? A mí, por favor, este 10 de mayo no me festejen a solas. Hoy toca, para festejar a la madre, conseguir madres alternas que le bajen la tensión y el estrés a lo que uno hace, o bien que como madres nos demos nuestras escapadas y placeres buscando alternativas de co-crianza que además de generarnos espacios de descanso y recreación, otorguen a nuestros hijos  la posibilidad de construir redes de apoyo y vínculos afectivos que sumen a sus vidas, a sus experiencias y a sus quereres

De pasadita, hagámonos más responsables de la educación de los niños, ahora sí, y aunque se oiga feo, ya no tenemos edad de “mamar”.

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