Cómo construir tu proyecto de vida

Paso 1: Conoce tus sueños y valores. Identificar primero aquello que te mueve internamente para actuar, tanto anhelos que no hemos podido realizar como valores que consideramos principios rectores de tu vida. Sin una claridad de lo que profundamente honras y deseas es difícil tener una directriz de acción. Los anhelos o sueños profundos responden quizás a deseos legítimos de seguridad, estabilidad, paz, orden y pueden tener alguna relación con aprendizajes tempranos o experiencias infantiles – tanto de carencia como de abundancia -. Los valores por su parte son una cualidad que te hace apreciar o estimar ciertas cosas, hechos o personas de forma positiva. Para identificar tus anhelos y valores fundamentales puedes echarte un clavado a tu historia, recuperar los momentos en que te has sentido orgulloso de ti mismo, revisar las decisiones difíciles que has tomado y los efectos de las mismas en tu vida.

Paso 2: Definir metas a largo plazo que manifiesten tus anhelos y valores fundamentales. Este paso consiste en identificar lo que quieres lograr en distintas áreas de tu vida: personal, amorosa, familiar, económica, social, laboral, recreativa,  entre otras. No todas estas áreas tienen la misma importancia a lo largo de la vida ni en determinados momentos de la misma pero de una u otra forma todas requieren de alguna atención para lograr un desarrollo armónico en tanto que todas se correlacionan influyéndose mutuamente. Alinear tus metas con tus anhelos y valores fundamentes generará en ti mayor motivación para actuar y un efecto satisfactorio ante los logros conquistados. Sin metas claras basadas en valores es difícil afrontar las dificultades que se presenten en el trayecto y desplegar los recursos necesarios para sobreponerte.

Paso 3: Conocer tu realidad actual, tanto interna como externa. Para alcanzar tus metas tienes que conocer tu punto de partida, el territorio que atraviesas y las herramientas con las que cuentas para el recorrido. Alinear tus aspiraciones a las circunstancias y posibilidades reales es requisito fundamental en la construcción de un proyecto de vida. Todas las personas tenemos un conjunto de fortalezas y debilidades que entrarán en juego en nuestro actuar y reconocerlas nos hace consciente de tus puntos fuertes y de tu “tendón de Aquiles”. Además del autoconocimiento has de tener claro el “mapa” del territorio que recorrerás; es decir, la situación en la que te encuentras, el contexto y las circunstancias puntuales que te condicionan.

Paso 4: Definir planes de acción para cada una de nuestras metas. Estás listo para definir los pasos que debes dar para iniciar el trayecto. Es importante desglosar tus metas a largo plazo en objetivos a mediano y corto plazo. Estos son una especie de andamiaje que implican planes de acción concretos que te clarificarán la ruta, los tiempos y los  recursos necesarios para emprender el trayecto. No tienes control de todo, pero sí requieres de una ruta para iniciar el viaje – aún cuando ésta será revisada y replanteada a lo largo del camino -.

Paso 5: Tomar acción y aprender de la experiencia. A caminar se aprende caminando, así que ninguna planeación es suficiente si no accionas. El llevar a la práctica lo planeado con la mirada puesta en metas claras  y la motivación apoyada en los valores personales, es el paso último para desplegar el proyecto de vida personal.

Pero, por más que hayamos preparado el viaje, habrá cosas que redefiniremos durante el trayecto y que replantearemos desde la experiencia. Seguramente habrá cambios, errores y ambivalencia, todo es parte del aprendizaje y del crecimiento mismo. Una cosa es el mapa que diseñas para ubicarte pero otra el territorio que estás recorriendo. Y es que la experiencia misma de construir tu proyecto de vida es el medio para  construirte a ti mismo.

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