Procrastinación

La era de la inmediatez

 

Tanto qué hacer y nada lo hacemos. Tantos pendientes y no sacamos ninguno. Bueno… quizás sacamos uno que otro pendientillo, pero ni cerca estamos de avanzar cabalmente en lo que toca. ¿Cómo es que teniendo tanto trabajo nos ponemos a responder nuestros viejos mensajes de Facebook o a revisar esos grupos de WhatsApp que no paran?

Constantemente, sobre todo en esta era llena de información y distractores,  entramos en un ritmo de rutina en donde experimentamos que el tiempo no nos da para llevar a cabo lo que tenemos que hacer y el visualizar todas las tareas nos paraliza, perdiendo así más tiempo aún. Personalmente, no soy de las personas que dejan las labores urgentes para después, pero sin lugar a dudas desplazo acciones importantes y así me sumo a esta tendencia creciente de posponer.

¿Cómo explicamos esta procrastinación cada vez más frecuente? Es famoso un experimento en el que sientan a diferentes niños, uno por uno,  en una mesa frente a un malvavisco y les dicen que si no se lo comen después se le dará no sólo ese, sino varios malvaviscos más. Ante tal planteamiento algunos de los niños se agarran las manos, lo huelen y hacen de todo para no llevárselo a la boca. Otros, sin dudar, lo toman y “va pa’dentro”. El experimento concluye que los niños que pudieron posponer la gratificación fueron capaces de tener mejores resultados en diferentes áreas de su vida que aquellos a los que se les dificultó tolerar la frustración que implica la auto limitación.

Vivimos en la era de la inmediatez, en donde todo lo queremos en el momento que lo deseamos. Y aunque de primera mano no haga mucho sentido, estas conductas van directamente asociadas con la procrastinación. Procrastinar es retrasar una tarea, y usualmente son aquellas que requieren de mayor planeación, empeño e implicación. Procrastinamos lo más importante. ¿Por qué pasa esto?

En esta necesidad de gratificación inmediata que tenemos, las tareas que requieren mayor enfoque y constancia para generar un resultado tangible son aquellas que solemos dejar para después por el esfuerzo y voluntad que nos implican. Preferimos hacer cosas que nos den una respuesta inmediata aún sabiendo que no es lo más importante que tenemos que hacer. Por eso contestamos mensajes de Facebook y revisamos los grupos de WhatsApp.  El resultado de esto es una aparente gratificación inmediata; pero en el fondo hay poca sensación de competencia y una experiencia de ansiedad.

 

¿Cómo hacer para poder identificar cuando estamos procrastinando?

Primero que nada, pregúntate: “¿qué tan esencial es la tarea que estoy realizando en este momento?” Si bien puede ser importante revisar tus redes sociales y estar al tanto del WhatsApp, puedes apartar un tiempo posterior para hacerlo. Limitar aquellas distracciones que desvían la atención de las tareas importantes es lo que te permitirá construir de a poco una plena autorrealización.

En esta era digital no tiene sentido omitir la virtualidad de nuestras vidas; es más, hoy es un “modus operandi”,  por lo que es importante, incluso necesario  revisar tus redes sociales y estar al tanto del WhatsApp, pero siempre puedes apartar un tiempo posterior para hacerlo, o bien dejar intervalos acotados para entrar a la red.

Hay que saber identificar y organizar nuestros deberes, priorizando aquellos que realmente dan un propósito esencial a nuestra vida, que generalmente son los que más nos cuestan. Estos se nos dificultan más porque, aún sabiendo que son necesarios para llegar a donde queremos, no percibimos un resultado a corto plazo que nos haga sentir ni mucho avance ni mayor satisfacción.

Una técnica puntual es el proponerte pequeñas metas concretas que te lleven paulatinamente a realizar esa tarea mayor, de manera tal que te sientas en movimiento y no percibas nada más una gran carga “sin pies ni cabeza” con la cual no sabes cómo lidiar. Pequeños pasos constantes y sostenidos te llevarán a la meta que quieres alcanzar. Sin prisa pero sin pausa…

 

 

 

 

 

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