El rápido crecimiento de las redes sociales y los usos que se le dan sin lugar a dudas es algo que ninguno se veía venir. Sin embargo son una realidad y a la realidad hay que hacerle frente con todo y sus consecuencias.

Por eso hay que indagar en las consecuencias que están teniendo las redes sociales, y para profundizar en eso hay un pozo bastante hondo. Pero en este texto me limito a cómo impactan las redes sociales a la construcción del autoestima.

 

1.- No está mal querer gustar… ¡Pero hasta cierto punto!

Hay tendencias en las redes que se basan en querer –literalmente- gustar; con el constante estímulo que el cerebro produce al recibir un “me gusta”, este querer gustar puede convertirse en un verdadero problema, hasta llegar a ser una obsesión.

 

2.- La realidad está a años luz de ser lo que vemos en las redes.

Éstos estilos de vida perfectos, en donde  los que lo promueven muestran una felicidad absoluta con cuerpos con una figura envidiable, alimentación saludable, ejercicio y deporte, y además, yoga y meditación. ¿Pues cómo no va a repercutir a nuestra autoestima estar comparándonos constantemente con personas que suben diariamente fotos y publicaciones de una vida “ideal”?

 

3.- A quien te tienes que gustar es a ti

El estar todo el tiempo observando a los llamados influencers nos lleva a querer satisfacer una constante necesidad de gustar; de complacer a los demás. Y es un hecho que la mirada de los demás es un factor determinante en  la construcción de nuestro carácter, pero con las redes sociales esto se ha llevado a un extremo, que como cualquier extremo, dista mucho de lo sano.

 

Las nuevas tecnologías nos permiten construir una imagen nueva, que podemos controlar y modificar a nuestra conveniencia, pero claro, siempre con un precio: el mostrar esa imagen que queremos mostrar no tiene el mismo valor sin un público que lo observe. El verdadero valor de los likes es confirmar que estamos siendo vistos y evaluados.

Y hasta parece que no se vale tener un mal día o enojarse y entonces todo el tiempo se tiene que vivir en una pose constante (hasta cuando se está teniendo un mal momento). Como ya lo mencioné, las redes sociales no son las responsables –del todo- de este fenómeno que está ocurriendo; es el uso, consciente o inconsciente, que se les da lo que puede llegar a generar consecuencias en la autoestima

 

Hoy en día es una realidad que falta mucho por hacer respecto a la  enorme brecha que existe en términos de equidad de género. Si bien han habido avances significativos en cuanto a perspectiva se refiere, son ciertas actitudes las que nos dejan ver que –sobre todo los hombres- no han comprendido las “letras chiquitas” del feminismo.

A esas conductas se le denominan micromachismos y son aquellas que de forma implícita colocan a la mujer, en cualquier ámbito, desde el laboral hasta el familiar, en una posición inferior e incluso subordinada al hombre. Van algunos ejemplos:

1. Se utiliza la palabra “feminazi” para hacer referencia a una mujer que lucha por la equidad de género: incluso la “broma” ya se normaliza en distintos contextos y hasta hay mujeres que se refieren así a otras mujeres.

2. Mantenerse callado ante comentarios machistas de otra persona: “Es que antes eran más sumisas pero ahora…”, “¿A poco dejas que tu mujer te controle?”

3. Dar por hecho que las conductoras de televisión deben ser “guapas”: es asumir que la razón por la que están donde están es por su físico.

 

4. El hombre paga la cuenta presuponiendo que es lo que se espera de él e incluso el mesero la pone en el lugar del hombre: ¿qué es lo que se está diciendo entre líneas al asumir que el hombre se hace cargo de la cuenta?

 

5. Asumir que la vida familiar le corresponde a la mujer y el hombre puede “apoyar”, como si fuera una labor auxiliar: no se asume la igualdad en distribución de responsabilidades y construcción de constantes acuerdos entre las parejas.

 

6. No hablar entre hombres de feminismo pensando que es un tema solamente de mujeres: el rol de los hombres en la promoción de la equidad de género es igual de importante.

7. Que en la cama se anteponga el placer sexual del hombre: para que una relación sexual sea satisfactoria se requiere considerar muchos más factores que el placer sexual de uno solo.

8. Describir a una mujer como “poco femenina” o “fuerte”: como si la fuerza fuera una cualidad exclusivamente de los hombres.

 

 

¿El tomar acciones para seguir reduciendo esa brecha de género es exclusivamente labor de las mujeres? ¡Por supuesto que no!

Se necesitan hombres conscientes de la complejidad del tema que caminen en esta lucha codo a codo con las mujeres. Porque el alzar la voz y tomar acciones, seas mujer u hombre, implica el cuestionar paradigmas y enfrentarte a la mirada social, y esta acción no solo beneficia a las mujeres, sino a los hombres también.

 

 

 

Es muy importante reconocer los hábitos que te auto sabotean. Muchas veces lo que te ha permitido estar donde estás hoy no es lo que te facilitará llegar a donde quieres. Tendemos a actuar en piloto automático repitiendo conductas que podemos creer que son parte de nuestro carácter.

¿Por qué aun sabiendo qué se quiere y qué se necesita cambiar es tan difícil hacerlo?

Creencias  que atascan:

  1. La ambición es mala: Las mujeres con un “high profile” son generalmente criticadas de ser muy ambiciosas y demasiado interesadas para ser confiables.
  2. Ser una buena persona implica no desilusionar a nadie: Por lo tanto para vivirte como buena persona requieres negarte a ti misma para no “traicionar” a los demás, y así no sentir la culpa y la vergüenza de defraudar.

Estas creencias se basan en la idea de que las mujeres han de priorizar las necesidades de los demás por encima de los propios. Y de las creencias surgen los hábitos…

 

Hábitos que impiden a las mujeres lograr sus metas:

1.Esperar que los otros de forma espontánea se den cuanta y premien tus contribuciones: Tú necesitas ser la promotora de ti misma. No es suficiente trabajar mucho y dejar que el trabajo “hable por sí solo”, también hay que comunicarlo.

2. Construir más que aprovechar las relaciones: Las mujeres somos especialistas en construir relaciones, pero pocas veces las construimos para catapultar nuestras ambiciones. Aprovechar relaciones es:

  • Reciprocidad: “Ayúdame y te ayudo”, explícita o implícitamente.
  • Conseguir tácticas para acciones a corto plazo y estrategias para logros a largo plazo.
  • Es intencional. Estableces las relaciones con un propósito especifico a diferencia de cuando construyes una amistad. Ofrece recompensas medibles y concretas y no como en la amistad que son subjetivas.

No tienes menos poder que los demás y no es un abuso aprovechar una relación: busca el ganar-ganar y arriésgate.

3.La trampa de la perfección:

  • Crea estrés en ti y en los que te rodean.
  • Te atasca en detalles y te distrae de la perspectiva más amplia.
  • Los pequeños errores te derrumban.

A los hombres ejecutivos se les premia más por ser atrevidos y correr riesgos y a las mujeres por su precisión y corrección lo cual crea mucho temor a cometer errores.

Existe un perfeccionismo saludable, pero no impide delegar con responsabilidad; prioriza en vez de acaparar la acción, sobrecargándote, para que todo salga “perfecto”. ¡Confía en los demás!

4.La esclavitud a agradar: Querer que todos a tu alrededor se sientan bien y te quieran puede ser un problema ya que no te permite actuar con autoridad. Además, puedes dejar de ser buena aliada o ser poco confiable porque te limita excesivamente la opinión de los demás. Poder leer las necesidades ajenas tiene ventajas, pero querer ser siempre motivadora, conectada y comunicadora con todos puede ser una limitante.

5.Minimizarte: Achicarte, agarrar el último asiento, encogerte de brazos y piernas, agacharte, etc. perjudica tu habilidad de proyectar autoridad y poder. Lo mismo con el lenguaje diciendo “perdón, solo digo algo rápido”, o bien hablando de un “nosotros” cuando lo que toca es decir “Yo”. Así das la imagen de que lo tuyo es menos importante y no quieres quitarles el tiempo.

6.Dejar que tu radar te distraiga: Las organizaciones privilegian la observación de laser: poner foco a lo central. Es importante aprender a replantearte la información que notas. Esto no implica escoger entre los pensamiento que vienen a tu mente y lo que quieres comunicar sino integrar toda la información de tu cerebro izquierdo y derecho y poner foco a lo que en ese momento quieres hacer.

Empieza con una cosa a la vez:

Hay hábitos a los que te apegas porque te sirvieron en el pasado. Es difícil reconocer que lo que una vez fue útil hoy puede no servirte porque las conductas familiares las sentimos parte de nosotras mismas. Pero dejarlas ir o usarlas solo cuando es necesario ayuda a crecer.

Es necesario que cada vez más y más mujeres se posicionen en puestos de poder y de influencia. Espero que estas ideas te ayuden a llegar al lugar que quieres en tu rama de experiencia, en tu trabajo y en tu organización para que así seas una mujer que pueda hacer una diferencia positiva en nuestro mundo.

 

 

 

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