Bases para tener una buena conversación

 

Quizás no todos estemos interesados en ser extraordinarios conversadores más allá de que tengamos o no ciertas habilidades para lograrlo; pero no deja de ser un “plus” personal el disponer de ciertos recursos que nos faciliten entablar buenas conversaciones: ser alguien con quien la gente disfrute hablar.

 

Partamos de algo simple: ser auténtico y estar genuinamente interesado en el otro es el requisito fundamental para  lograr vincular con otras personas a través del diálogo. Aún así este aspecto fundamental no resta importancia a algunos puntos que te invito a considerar.

 

1.- Platicar es intercambiar ¡no echarse un monologo!

Todos nos hemos visto enfrascados en una conversación tipo “exposición” en la cual no se puede más que emitir monosílabos, o, estando en el puesto contrario, hayamos sido quien no suelta el micrófono. Es esencial repartir la conversación equitativamente entre las personas que formen parte de la charla.

 

2.- Haz preguntas abiertas

Las respuestas que implican solamente un sí o un no dificultan una conversación fluida.  Para hacer preguntas abiertas hay que calibrar el tinte y ritmo de la charla: no es lo mismo preguntar algo respecto a un tema de música o de cine que sobre aspectos íntimos de la vida amorosa o familiar.

 

3.- Escucha para entender, no para responder.

Cuántas veces, en vez de escuchar a nuestro interlocutor, estamos  elaborando -dentro de nuestra cabeza- la respuesta, la defensa o el ataque de la conversación mientras “escuchamos” a una persona; o bien, o en la contraparte cómo te sientes cuando observas que no te están escuchando y están pensando lo que te van a responder. Para entablar una buena plática es más importante mostrarte interesado que hacerte el interesante y eso implica prestar atención y escuchar con apertura. De hecho, escuchar atentamente, permite poner sobre la mesa muchos temas interesantes de conversación y favorecer el intercambio y la vinculación.

 

4.- Cuida tu lenguaje no verbal: 

Observa tu postura y el uso de tus manos; mantén contacto visual constante y agradable, y hazle saber a la otra persona que estás escuchándola mediante afirmaciones activas. Un gesto dicen “más que mil palabras”.

5.- Pide permiso para interrumpir y cuestionar:

Si te das cuenta –mientras el otro habla- que necesitas precisar algo y para ello lo quieres interrumpir, detente y regresa a escuchar: antes de cuestionar un punto de vista, pide permiso para hacerlo de otra forma, la charla deja de ser un diálogo para convertirse convierte en un debate. Si quieres cambiar el curso de la conversación es importante acordarlo con tu interlocutor.

Un buen conversador, además de disfrutar el intercambio del encuentro y de la conversación, abre la posibilidad de acompañarse con otro ser humano y generar algún tipo de acuerdo oportuno para ambos, o incluso de una buena vinculación.

 

 

Si bien, seguramente siempre han existido mujeres con un carácter emprendedor, proactivo y decidido, es definitivo que el cambio de época marcado por diversos movimientos sociales -revolución sexual, feminismo, movimiento LGTB- han facilitado que en la actualidad mujeres hagan un despliegue de sus competencias desafiando los tradicionales clichés femeninos y tomando decisiones -personales, familiares y sociales- de importancia.

 

¿Qué caracteriza a las mujeres alfa?

 

  • Emprendedoras: tienden a pensar en grande y actúan. Toman la iniciativa, se adaptan a los cambios, son proactivas y van a la caza de lo que desean, sueñan, necesitan, valoran o les interesa. Inclusive en el plano del sexo y del amor. 
  • Dinámicas: tienen objetivos claros y buscan estrategias para conseguirlos de manera práctica y eficiente. Buscan la excelencia y se motivan por el logro. 
  • Independientes: emocional y económicamente. Es decir, tienen la autonomía de pensar con criterio propio y validar lo que quieren. También generan y los medios materiales para conseguirlo. Independencia económica no equivale a autonomía emocional, pero sin la primera es imposible la segunda.
  • Ejercen poder (y les gusta): ¡ojo! Ejercérselo no es abusar de él. La independencia que tienen les permite tomar decisiones trascendentales en diferentes áreas de la vida. Así que influyen en escenarios emocionales, familiares, sociales, laborales, políticos, culturales, etc.
  • Se responsabilizan de las consecuencias de sus actos: si bien saben que tienen limitantes y condicionamientos externos e internos, buscan salidas a sus problemas y asumen responsabilidad de sus errores. 
  • Seguridad personal: sobra decir que las características anteriores no solo son efecto de su seguridad personal, sino que moverse de esa manera en la vida les genera aún mayor seguridad. Del mismo modo, esa seguridad les permite poner los límites necesarios para establecer la justa distancia que requieren de las circunstancias y de las personas para poder construir su proyecto de vida. Se sienten satisfechas de ellas mismas. 
  • Aterrizadas: están paradas en la realidad. La vida para ellas no es un cuento de hadas pero tampoco una selva indomable. 
  • Son asertivas: no les gusta jugar a la “damisela en apuros” y emplear “la queja y el lloriqueo” como estrategia femenina para conseguir sus cosas. Esto no significa que no se puedan sentir débiles y vulnerables pero les gustan las relaciones igualitarias y la flexibilidad en los roles de género sin renunciar a su feminidad.  
  • ¡Se sienten satisfechas de ellas mismas y de su vida!

 

Lograr esto no solo tiene que ver con el carácter personal y la historia de familia que ellas hayan tenido, también son conscientes de que hay cambios que permiten a la mujer acceder a mejores niveles educativos, la existencia de marcos legales nacionales e internacionales que buscan eliminar todas las formas de discriminación contra la mujer, y el cuestionamiento de los antiguos roles de género que acotaban a las mujeres a la vida privada como parte de su “esencia”. De ahí que el trabajo interno así como el esfuerzo externo (propio y del contexto) es indispensable para este posicionamiento femenino.

 

Muchas de las mujeres que hoy se posicionan desde este lugar de poder, son consideradas “machas” o egoístas erróneamente. El hecho de redefinir reglas y de crear nuevas pautas y roles sociales, no significa renunciar a la feminidad (incluido posponer o negarse al matrimonio y/o a la maternidad, entre otras cosas).

 

 

 

Pedir perdón, en términos generales, no es una acción sencilla. Y hacerlo “bien” resulta una faena particularmente desafiante. Reconocer con madurez tu falla y dejar a un lado el orgullo parece fácil pero a la hora de llevarlo a cabo es común terminar cometiendo ciertos errores que hacen que la disculpa no sea ni sentida, ni verosímil, y mucho menos útil para reparar la ofensa.

 

¿Cuáles son los errores más comunes al momento de disculparnos?

 

  1. “Perdón, pero…”.

Usar la palabra “pero” es una de las equivocaciones que se cometen con frecuencia al momento de disculparse. Además de parecer -y de ser- una justificación, el efecto que tiene es cancelar o negar toda la disculpa dada primero.

 

Al momento de añadir el “pero” tras pedir perdón, lo que experimenta la otra persona es que tiene más importancia el “pero” que la ofensa misma. Tus intenciones seguramente fueron buenas, pero aún así, generaron una herida. Reconoce sin justificación  el daño que hiciste a la otra persona.

 

Basta con decir: “No quería lastimarte y sé que lo hice. Tendré más cuidado la próxima vez. Te pido una disculpa.”

 

  1. Asume tu parte sin señalar.

Señalar a la otra persona al momento de disculparte es, nuevamente, no asumir responsabilidad de tus acciones. Decir “perdón por haberte hecho sentir así”, minimizando el daño realizado, no tiene el mismo valor que afirmar “perdón por la forma en la que me comporté.” Aceptar con humildad lo que hiciste es esencial para que tu disculpa tenga éxito.

 

  1. Esperar que te perdonen “a tu modo”.

La forma de responder a tus disculpas seguramente no corresponderá a la expectativa que tienes sobre cómo lo va a hacer.  No insistas en que se te perdone cuando tú quieras y como tú lo necesites. Cuando hayas pedido perdón no esperes inmediatamente que todo “vuelva a la normalidad” como si nada hubiera pasado. La reconciliación requiere de paciencia y de esfuerzo; lograrla puede fortalecer la relación y generar crecimiento a ambas personas.

 

  1. Poner pretextos antes de tomar conciencia.

No pidas perdón sin antes haber reflexionado sobre tus acciones. Una cosa es ofrecer una explicación en caso de que te la pidan, y otra muy diferente poner una excusa esperando que la otra persona te entienda y por eso te perdone. Para que alguien acepte tu disculpa examina qué papel jugaste en la herida que generaste y reconoce que tus acciones no fueron adecuadas.

 

  1. Repara lo que puedas reparar.

Ya habiendo reflexionado sobre tu parte, identifica aquellas cosas que sí puedes reparar. Si no tienes claro qué daño hiciste y cómo lo puedes resarcir pregunta de manera respetuosa “¿Hay algo que pueda hacer para repara el daño?”

 

El perdón es uno de los actos que requiere de mayor humanidad, tanto al pedirlo como al otorgarlo. Se requieren las más altas competencias humanas para reconocer el error, reflexionar sobre lo que motivó la conducta, dolerse por el daño hecho y reparar el agravio causado. También somos muy humanos al perdonar; al apostar por la persona que nos lastimó, superar los resentimientos, hacernos responsables de nuestra recuperación y recuperar la confianza.

 

Y no olvides que el perdón no es un evento aislado sino un proceso con “subes y bajas” que se tiene que -paso a paso- recorrer.

No todas las luchas se ganan, ni todas las batallas se luchan

 

Reaccionar a todo lo que nos rodea y querer que las cosas y las personas sean como nosotros queremos es un eterno nadar contracorriente: terminamos exhaustos y nos deja en desventaja con la vida.

Mi hijo, que es ansiosito como yo, me comentó que uno de sus buenos amigos lo exhortaba a unirse al club del tan complicado arte del “vale madrismo”: “¿si no puedes hacer nada para solucionarlo, para qué preocuparte?” Suena sencillo ¿verdad?. Pero aplicarlo tiene su empeño.

Vamos pues pasito a pasito a desmenuzar algunos puntos de la tan necesitada sabiduría Zen que nos dará algunas pautas para aprender a vivir mejor:

 

1.- En el día a día va a haber obstáculos e imprevistos. ¡Acéptalos!

Por más que quieras prevenir y controlar, hay un sin fin de elementos sobre los cuales no tienes influencia alguna y que sin duda impactan tu día a día. Más que instalarte en la queja diaria, asúmelo.

 

2.- Estar en una constante competencia con la vida es el camino a la infelicidad.

Está bien la conducta de desafiarte y lograr tus metas, pero esta actitud llevada al extremo puede causarte un vació y una angustia innecesaria. Como dicen por ahí, “es más rico, el que menos necesita”. ¡Y ojo! No confundas el disfrutar lo que tienes y lo que has logrado con el ser conformista.

 

 

3.- La vida es una constante búsqueda de soluciones.

Soluciones a problemas. Pero si quieres resolverlo todo, estás “frito”. Tienes que tener la claridad para decidir qué batallas luchar y cuáles no. A veces, la mejor de las decisiones es derrotarse para soltar el control.

 

 

4.- No le des tanto peso a esos problemas.

Sí. Date “chance” de que un poco te valga ma…. El mundo no se va a ir a ningún lado si te das un break de todo eso que crees que depende sólo de ti. Date un respiro y verás que las cosas toman diferente perspectiva.

 

5.- Lo que piensen los demás, es problema de los demás.

Si le pones mucho valor a lo que los demás opinen, creen o quieren de ti te la vas a pasar muy mal. Es mejor ponerle ese valor a lo que tú pienses de ti mismo. La retroalimentación del entorno te da un punto de referencia pero tienes que discernirla y tomar tu propia posición.

 

Y por último, pero no menos importante…

6.- El futuro no está secuestrado.

Seguramente ya has leído que la depresión es exceso de pasado y la ansiedad es exceso de futuro. ¡Y cuántos de nosotros no sentimos una ansiedad desbordada al pensar en el futuro!, La ansiedad altera la realidad y puede llegar a amargar la existencia. Confía en que el futuro, aún con sus dificultades, es prometedor y alentador.

Se puede aprender a vivir bien, porque la vida -aunque no es fácil-, si le agarras el modo, siempre es generosa.

Nos guste o no, el trabajo es una parte esencial de nuestra vida; y aspecto central del mismo son las personas de las que nos rodeamos en él. ¿Qué conductas debemos observar en nuestros compañeros de trabajo para minimizar los intercambios con quienes pueden generarnos dificultades laborales y personales?

 

1.- El que deja todo para el final:

Estas personas se dedican a todo menos a trabajar. Constantemente están buscando distracciones para no hacer lo que les corresponde. Por lo general son personas agradables y simpáticas, por lo que puedes caer fácilmente en su juego sin darte cuenta.

 

2.- El quejumbroso:

Es quien se considera la pieza más importante de todas en la empresa, sea cual sea el puesto que ocupe. Para él, los demás hacen cosas sin importancia mientras él “hace todo lo que deberían hacer otros” (incluyéndote). No lo vas a poder sacar de su discurso, pero no te dejes arrastrar por él.

 

3.- El pedinche:

¡Cómo hay de estos aquí en México! Piden, piden, piden –y nunca dan-. Entre compañeros toca echarnos la mano, pero a estas personas “les das la mano y te toman del pié”. Cuidado, porque sin darte cuenta puedes empezar a absorber sus responsabilidades.

 

4.- El que no le para la boca:

La oficina sería un espacio inhóspito y frío si nadie platicara con nadie; de hecho es indispensable el diálogo entre compañeros de trabajo tanto por cuestiones laborales como para la socialización “per se”. Pero cuando una persona no suelta el micrófono para hablar de trabajo o sólo para “echar chisme”, hay que poner una distancia. Mucha cercanía con ellas terminará por distraerte.

 

5.- El creído:

A este tipo de actitud, Fredy Kofman, autor de “La Empresa Consciente” la denomina arrogancia ontológica. Los “creídos” son personas que creen saberlo todo y asumen tener siempre la verdad. Es importante descubrir la distancia justa que puedes sostener con ellos para no ponerte en una posición de subordinación innecesaria ya que jamás te reconocerán como su igual.

 

Una relación de cercanía con los que compartes el espacio de trabajo hace mucho más agradable tu vida laborar; facilita desde acompañarse a pasar un mal trago hasta celebrar un objetivo que se venía buscando tiempo atrás. Pero lograr este equilibrio implica identificar las características de quienes nos rodean y tener claro el lugar que cada uno puede ocupar.

 

Ojo, si a ti “te queda el saco” de alguno de los comportamientos mencionados… ¡Pon más atención!

 

¿Cómo retomas viejas amistades?

Por si existe alguna duda de que los seres humanos somos seres sociales, existen estudios científicos sobre los beneficios que tiene para la salud una buena amistad; está comprobado que las amistades son muy buen antídoto para la incidencia en enfermedades crónicas, lo cual hace que no solo se viva más, sino con una calidad de vida mejor.

Pero en este pequeño artículo abordaremos un tema mucho más complejo que la amistad en sí misma: esas grandes amistades de años atrás que hoy ya no son lo que fueron. Y más que analizar los “ires y venires” de la vida, los cambios de etapa o las situaciones puntuales que hacen que las amistades se transformen o se distancien, me cuestiono… ¿Cómo hacer para volver a “encender esa chispa” con una vieja amistad que no se ha frecuentado?

Estoy segura de que muchas personas nos hemos enfrentado a esta compleja situación de querer actualizar una vieja relación de amistad con la inevitable tarea de construir un nuevo punto de partida que vaya más allá de la previa historia compartida. Y es que esa química que en algún momento se dio puede ya no ser la misma, lo cual no significa que no se puedan recuperar, o bien, reconstruir buenas cosas.

Aquí van algunos puntos importantes a considerar para retomar una vieja amistad:

Primero, como dice Rosana: Sin pausa, pero sin prisa.”

Retomar una amistad implica paciencia y es importante que de antemano se observen las expectativas que hay de por medio. Las etapas de la vida cambian y para retomar hay que partir de la base de que hoy cada quien está en una momento distinto, por lo que la mejor manera de reiniciar es de a poco, pero de manera constante. Incluso esto permite constatar si existen nuevos puntos de coincidencia de donde partir.

 

No esperes a ver quién da el siguiente paso; ¡hazlo tú!

No esperes a que la otra persona de el primer paso o bien que responda o actúe de la manera en la que a ti te gustaría. Independientemente de las razones por las que se hayan distanciado, el “ponerte tus moños” y esperar a que la otra persona te escriba o te marque puede distanciarlos más.

Ahora… una cosa es dar el primer paso y otra que haya un constante desinterés por parte del otro. En ese caso, evalúa si realmente vale la pena el esfuerzo que estás haciendo para retomar la amistad y si esa otra persona tiene un interés real en hacerlo.

Mantén un perfil bajo.

No quieras contarle todo lo que has vivido ni hagas como que no ha cambiado nada entre ustedes durante todo este tiempo. Busca mantener un balance entre recuperar aquello que se pueda y siga vigente y construir una nueva dinámica que los vuelva a vincular. Sin lugar a dudas la mezcla de emoción, intriga y nerviosismo del reencuentro puede hacerte perder de vista que estás sobreactuando.

Y por último… es importante enfocarse en los factores en los que sí puedes influir para retomar la amistad y dejar de lado aquellos que no controlas aunque también influyan en la relación. No te aferres a que las cosas “jalen”, pero intenta que así sea, y si la cosa funciona, no te estanques lo que fue y con lo que es.

En este mundo cambiante se va aprendiendo que una buena amistad no es tan fácil de encontrar y mucho menos de conservar; es por eso que, si hay material suficiente, nunca sobra brincar algunos obstáculos para reconstruir aquello que en el pasado fue tan valioso.

 

La vida después de los 50-60 años es,

en sí misma,

“otro país”.

Gloria Steinem

 

¿Qué es?

Existe más de una forma de discriminación y el edadismo es una de ellas. Siguiendo a Ana Freixas en el libro “Los Cambios en la Vida de las Mujeres” entendemos que edadismo al prejuicio cultural hacia las personas mayores por el simple hecho de serlo. El edadismo incluye conductas, sentimientos y actitudes de rechazo o desagrado hacia quienes no están en “la flor de la vida”.

Todas las formas de discriminación –sexismo, racismo, clasismo, edadismo, solterismo– incluyen distinciones, restricciones, exclusiones, por acción u omisión, que obstaculizan, limitan, impiden, menoscaban o anulan el goce o ejercicio de los derechos humanos o libertades individuales. Debilitan el “yo” y sitúan a los afectados en una posición inferior en las relaciones de poder.

El edadismo incluye prejuicios acerca de envejecer: todo es pérdida, fealdad, enfermedad y deterioro. El imaginario juvenilista no hace espacio al cuerpo y a la vida de las personas mayores.

 

Efectos que genera

A través de expresiones del edadismo como: “estás muy bien para tu edad” o “mi madre no es la típica mujer mayor”, hay una sutil desvalorización porque lo que se espera a esta edad es que las personas estén hechas un horror. Esto genera por un lado, a quienes han sobrepasado los 50, la negación y rechazo del propio envejecimiento, y por el otro, entre los más jóvenes, el desprecio a las personas mayores como grupo del que tratamos de distanciarnos.

 

Diferencias de género: es igual pero no es lo mismo.

En la cultura occidental no es lo mismo envejecer siendo hombre que siendo mujer: mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen.  Las mujeres “alcanzan” la mediana edad y la vejez a una edad cronológica más joven que los hombres, que son quienes tienen un margen mayor de “juventud social” (casi veinte años más).

Para ellos existe toda la indulgencia posible en cuanto a la edad, la belleza, la posibilidad de encontrar una pareja afectiva y sexual; para ellas hay menos posibilidades de situarse y estar libremente en el mundo y de ser consideradas atractivas y sexualmente elegibles.

 

¿Qué hacer?

Antaño, la vida era mucho más corta. En promedio, vivimos un tercio más que nuestros abuelos.  Pero… ¿cómo dar significado a estos años “extra”?

  1. Nombrando y visibilizando el edadismo como discriminación: la vida es un ciclo que va más allá de toda forma de discriminación, entre ellas el edadismo.
  2. Creando nuevos mapas mentales ajustados entre lo que la realidad ofrece y las creencias culturales que atrapan: identificando por tanto cuáles son las creencias limitantes para luego cambiarlas.
  3. Aceptando y enfrentando la crisis de identidad que surgirán ante tantos cambios (relaciones, finanzas, profesión, cuerpo, roles y deberes).

 

 

Envejecer bien

La satisfacción a lo largo de la vida correlaciona con haber logrado ciertos resultados, ganado madurez, experiencia, sentido de competencia, confianza en uno mismo, y cierta certeza de los recursos y posibilidades personales.

¿Qué caracteriza a la gente mayor realizada?

Hay un par de elementos claves que reflejan la realización personal en la vida de las personas mayores:

1.- Profundos sentimientos de bienestar y satisfacción: no hay cuentas pendientes ni reclamos a la vida o a alguien en particular. Su experiencia de vida les da la confianza personal para tener clara una postura definida ante la vida misma que le de un profundo significado.

2.- “No estoy cada vez mejor, pero tampoco “cada vez peor”: Se comprende el ciclo de vida y en esta etapa se le da lugar a aquello que te interesa y desarrolla personalmente. Desde convivir con personas con las que tienes relaciones de antaño hasta practicar hobbies.

 

Para cerrar…

El envejecimiento es un proceso de “llegar a ser”. Un hacerse, no un destruirse.

Entre la idea de deterioro y la de progreso existe el proceso de asimilar e integrar el cambio.

 

 ¡Bienvenido cada cumpleaños!   

 

La era de la inmediatez

 

Tanto qué hacer y nada lo hacemos. Tantos pendientes y no sacamos ninguno. Bueno… quizás sacamos uno que otro pendientillo, pero ni cerca estamos de avanzar cabalmente en lo que toca. ¿Cómo es que teniendo tanto trabajo nos ponemos a responder nuestros viejos mensajes de Facebook o a revisar esos grupos de WhatsApp que no paran?

Constantemente, sobre todo en esta era llena de información y distractores,  entramos en un ritmo de rutina en donde experimentamos que el tiempo no nos da para llevar a cabo lo que tenemos que hacer y el visualizar todas las tareas nos paraliza, perdiendo así más tiempo aún. Personalmente, no soy de las personas que dejan las labores urgentes para después, pero sin lugar a dudas desplazo acciones importantes y así me sumo a esta tendencia creciente de posponer.

¿Cómo explicamos esta procrastinación cada vez más frecuente? Es famoso un experimento en el que sientan a diferentes niños, uno por uno,  en una mesa frente a un malvavisco y les dicen que si no se lo comen después se le dará no sólo ese, sino varios malvaviscos más. Ante tal planteamiento algunos de los niños se agarran las manos, lo huelen y hacen de todo para no llevárselo a la boca. Otros, sin dudar, lo toman y “va pa’dentro”. El experimento concluye que los niños que pudieron posponer la gratificación fueron capaces de tener mejores resultados en diferentes áreas de su vida que aquellos a los que se les dificultó tolerar la frustración que implica la auto limitación.

Vivimos en la era de la inmediatez, en donde todo lo queremos en el momento que lo deseamos. Y aunque de primera mano no haga mucho sentido, estas conductas van directamente asociadas con la procrastinación. Procrastinar es retrasar una tarea, y usualmente son aquellas que requieren de mayor planeación, empeño e implicación. Procrastinamos lo más importante. ¿Por qué pasa esto?

En esta necesidad de gratificación inmediata que tenemos, las tareas que requieren mayor enfoque y constancia para generar un resultado tangible son aquellas que solemos dejar para después por el esfuerzo y voluntad que nos implican. Preferimos hacer cosas que nos den una respuesta inmediata aún sabiendo que no es lo más importante que tenemos que hacer. Por eso contestamos mensajes de Facebook y revisamos los grupos de WhatsApp.  El resultado de esto es una aparente gratificación inmediata; pero en el fondo hay poca sensación de competencia y una experiencia de ansiedad.

 

¿Cómo hacer para poder identificar cuando estamos procrastinando?

Primero que nada, pregúntate: “¿qué tan esencial es la tarea que estoy realizando en este momento?” Si bien puede ser importante revisar tus redes sociales y estar al tanto del WhatsApp, puedes apartar un tiempo posterior para hacerlo. Limitar aquellas distracciones que desvían la atención de las tareas importantes es lo que te permitirá construir de a poco una plena autorrealización.

En esta era digital no tiene sentido omitir la virtualidad de nuestras vidas; es más, hoy es un “modus operandi”,  por lo que es importante, incluso necesario  revisar tus redes sociales y estar al tanto del WhatsApp, pero siempre puedes apartar un tiempo posterior para hacerlo, o bien dejar intervalos acotados para entrar a la red.

Hay que saber identificar y organizar nuestros deberes, priorizando aquellos que realmente dan un propósito esencial a nuestra vida, que generalmente son los que más nos cuestan. Estos se nos dificultan más porque, aún sabiendo que son necesarios para llegar a donde queremos, no percibimos un resultado a corto plazo que nos haga sentir ni mucho avance ni mayor satisfacción.

Una técnica puntual es el proponerte pequeñas metas concretas que te lleven paulatinamente a realizar esa tarea mayor, de manera tal que te sientas en movimiento y no percibas nada más una gran carga “sin pies ni cabeza” con la cual no sabes cómo lidiar. Pequeños pasos constantes y sostenidos te llevarán a la meta que quieres alcanzar. Sin prisa pero sin pausa…

 

 

 

 

 

Cómo lidiar con ella

 

Parece que la ansiedad está de moda; y es que es una de las consecuencias emocionales del ritmo desenfrenado al que nos enfrentamos los que vivimos en esta era y en especial en grandes urbes. Si bien existen factores genéticos y de personalidad que pueden predisponer a padecimientos ansiosos, los niveles de ansiedad que las personas vivimos en el día a día van “in crescendo”.

Hay estrategias puntuales que quizás no dobleguen del todo la ansiedad pero que sin lugar a duda ayudan a poder “surfearla” de mejor manera. Veamos qué puedes hacer para lograr sobrellevarla y de a poco, disminuirla y manejarla mejor. No se trata de erradicarla, pero sí de lograr que no “pasme” tu funcionamiento y que no socave tu bienestar .

¿Qué se puede hacer cuando experimentamos ansiedad?

 

1.- Date chance de sentir:

Muchas veces lo que más ansiedad nos genera es el no querer sentir ansiedad y al negar esa emoción o sentimiento potenciamos la posibilidad de que nos atrape y nos paralice. La ansiedad se caracteriza por generar pensamientos repetitivos, por lo que el no permitirte fluir con la emoción pone la mente en tu contra. Empieza dándote cuenta de que la estás experimentando, acéptala y déjate sentir.

 

2.- ¡Muévete!

Literalmente, mueve el cuerpo. Hacer ejercicio es uno de los principales antídotos para la ansiedad, pero ésta se presenta en momentos en los que no siempre podemos salir a correr o hacer yoga. Brinca 10 veces, sal a caminar un rato, aprieta y relaja los puños, arruga en tu puño cerrado un papel… Este tipo de ejercicios canalizan la ansiedad a una acción concreta haciendo que se libere. Inténtalo y observarás una diferencia en ese momento de crisis interna.

3.- Escribe:

El escribir lo que piensas y lo que sientes para volverlo a leer, corregirlo, y reescribirlo si es necesario, te dará una perspectiva muy diferente y mucho más abarcadora de lo que estás viviendo y experimentando. La escritura abre la puerta a la ansiedad generando la sensación de ya no sentirte atrapado por esos sentimientos y pensamientos. Puedes escuchar música para relajarte, inspirarte y escribir un poco más.

4.- Agárrate de un “mantra”:

En religiones y filosofías como el budismo y el hinduismo, un mantra es una frase, palabra o sílaba sagrada que se recita como apoyo de la meditación o para invocar a la divinidad. Aquí puedes construir tu propio mantra: una frase breve que te haga regresar a tu centro en momentos de ansiedad. “Todo estará bien”, “Todo tiene una solución”, “Yo puedo con esto”, “Va a pasar”. Inventa un mantra que te funcione y que puedas repetir cuando lo necesites.

5.- Deja un rato el celular y la computadora:

Aunque estés trabajando, date unos minutos para despejarte. Si estás viendo permanentemente las redes sociales te beneficiará cerrarlas algunos minutos, incluso varios días. Limita el uso del celular a lo básico: descubrirás que no pasa nada si te desconectas un rato para volver a reconectar contigo.

6.- Si se puede, toma acción:

La ansiedad muchas veces surge de problemas que la mente crea y que pueden no ser del todo reales, pero en otras ocasiones atravesamos dificultades y en tales casos sí se puede hacer algo para cambiar o solucionar la situación. Toma responsabilidad y haz lo que te corresponda en cada caso. Unos de los grandes aliados de la ansiedad es la disejecución y el postergar la acción.

Por último…

 

7.- ¡Pide ayuda!

Acudir con un especialista te brinda un proceso de acompañamiento para profundizar lo que estás experimentando en un espacio adecuado a tu situación y tu condición, ofreciéndote así más y mejores herramientas y estrategias para poder lidiar con la ansiedad. Un buen acompañamiento terapéutico te ayudará a construir una base emocional que te proporcione mayor bienestar.

 

 

 

Más y mejor…

Al hablar de sexo se necesita hacer una distinción importante; el sexo se queda corto en relación a nuestra capacidad erótica. El sexo, en sentido literal, es reproductivo y es lo que practican instintivamente los animales. Tenemos una parte instintiva, sí, pero sobre nuestra sexualidad se construyen otras prácticas humanas que pueden o no incluir lo genital: la seducción, la sensualidad, el erotismo, el amor. 

Pero siendo lo distintivo de la vida en pareja la dimensión erótica, a diferencia de cualquier otra relación de amigos o colegas, el sexo juega un papel esencial para vincular, intimar y construir lazos sólidos. De ahí la importancia de cultivarlo, transformarlo, descubrirlo cada día y actualizarlo.

Las prácticas sexuales y eróticas, como muchos otros elementos de una relación amorosa, se compone de hábitos. Por supuesto existen hábitos que te suman (virtuosos) y hábitos que te restan (viciosos). Entonces, ¿cuáles serían aquellas prácticas habituales de las parejas con una vida sexual satisfactoria?

 

1.- Hablan sobre sexo:

Las parejas utilizan el diálogo para abordar lo que es importante para cada uno en su vida erótica. Comunicar qué te gusta, qué te excita, y esas “novedades” que quieres intentar, de manera constructiva, oportuna y sin miedo, es importante  (y puede ser excitante también). Lo mismo sirve para poner sobre la mesa “cuando alguno no está de humor”, por la razón que sea, sin atacar al otro.

 

2.- Se dan el tiempo para gozarse:

Quítate esa idea de que tener que agendar un espacio para tener sexo con tu pareja es síntoma de que las cosas van mal. La vida dista mucho de ese ideal que en algún momento todos imaginamos además de que el “acelere” del día a día lleva a descuidar la satisfacción sexual. Las parejas que suelen hacerse un espacio para el sexo suelen transmitir algo muy claro: mi pareja, mi relación y nuestro disfrute sexual son importantes.

3.- Pasan tiempo juntos:

Entienden que las buenas prácticas sexuales y el erotismo no se dan así porque sí, sino que conlleva un cierto empeño. Los momentos que estés con tu pareja, dale prioridad, con las menos distracciones posible y haciendo de lado los pendientes. La intimidad que estos espacios generan favorecen el intercambio sexual.

4.- Disfrutan lo que hay:

Muchas personas están esperando que el sexo con su pareja sea como de película y la realidad está muy lejos de ser eso. En la vida real hay momentos torpes, incómodos y ridículos y lejos de avergonzarse o tomarlo personal, las parejas que se ríen de la situación y lo toman a la ligera son mucho más felices.

5.- Mantienen la llama encendida:

Sorprende a tu pareja con un mensaje pícaro o una fantasía que tenías guardada por ahí. Recuerda que el erotismo va más allá de la cama y del intercambio sexual. Mantener esa tensión constante es algo que favorece la satisfacción sexual. Como bien canta Rossana a fuego lento me haces agua” .

6.- Entienden los tiempos sexuales:

La sexualidad cabalga con la vida, y en momentos diferentes del ciclo vital se adapta a los cambios que los individuos y las situaciones que van atravesando. No se puede vivir la misma pasión tras dar a luz a un hijo o atravesando una migración de ciudad o país.

7.- Cultivan su capital erótico mutuo:

Conscientes de la importancia de la dimensión erótica en la relación, cultivan de manera personal y en sus intercambios de pareja, su cuidado y belleza física, su vitalidad, su salud, su atractividad que incluye el caminar, los gestos, el encanto con su sentido del humor y sociabilidad. Esto permite que se adueñen del cuerpo como forma de expresión hacia el otro y en una actitud de deseo y apertura hacia el otro.

 

Para cerrar…

Si bien hay que darse el tiempo y el espacio para cultivar esto, no se trata tampoco de que sea un pendiente tortuoso. Intégralo de a poco y no esperes a que tu pareja tome la iniciativa: corre el riesgo y hazlo tú. Comunica con elegancia tu deseo y verás cómo los intercambios entre ustedes se moverán de manera distinta dando lugar de nuevo a esa “chispa” que creías que estaba muriendo. Y si no “resucita”, sin duda es que hay más temas que trabajar…