Ofrecer alternativas no sólo a mujeres

 

Es un hecho que vivimos en un mundo en donde el poder esta aún predominantemente en manos de los hombres. Si bien el feminismo ha ido clamando la igualdad entre hombres y mujeres,  ha también dedicado esfuerzos importantes por denunciar acosos sexuales y reclamar derechos reproductivos de las mujeres – todas cuestiones impostergables- , su propuesta también busca visibilizar la misoginia.

 

Sumado a eso, el feminismo nos ofrece hoy un abanico con distintas alternativas que abren más y mejores posibilidades  para enriquecer nuestra vida y construirnos como las mujeres que somos.

 

Estas nuevas perspectivas generan espacios diversos para las mujeres de todos los contextos, clases, tallar y razas para habitar el mundo siendo quienes son. Por ejemplo; ante el estereotipo de la mujer alta, blanca y delgada, las marcas de ropa amplían sus repertorios con cuerpos femeninos más reales. O ante las “historias de vidas perfectas” en redes sociales –con mujeres perfectas por supuesto- surgen blogs que promueven la aceptación personal y la integración de nuestras ansiedades y defectos.

 

Las mujeres nos movemos;  ¿será que los hombres pueden encontrar las mismas alternativas de cuestionamiento respecto a los estereotipos masculinos que promueve el patriarcado?

 

Ante la inquietud de niños, adolescentes y jóvenes adultos por encontrar respuestas a estos cambios sociales y por pertenecer -siendo quienes son con miedos y vulnerabilidades- en medio de la transformación de roles y de la confusión en la vida cotidiana, la mayoría de los hombres vuelven a encontrarse con alternativas que en realidad no hacen más que seguir promoviendo una cultura misógina con mujeres oprimidas y hombres alienados.

 

Abundan en las redes videos sobre cómo debe ser un hombre para ser exitoso, libros sobre cómo conquistar a mujeres y artículos con tips para “coger” más y a más; eso sin mencionar ciertas experiencias de trabajo donde algunos superiores  promueven una cultura competitiva y abusiva donde crecer implica “fregar” a quien se te interponga, y en casa las figuras parentales sugieren que “con dinero, baila el perro” (o la perra).

 

La lucha en contra de los estandartes machistas no se limita a derechos reproductivos y detención del acoso, que es la base –y es bastante-, pero abarca mucho más “sutilezas” que nos implican tanto a hombre como a mujeres.

 

Sí, entiendo que muchos varones temen perder privilegios patriarcales –y tener que dedicar más horas al trabajo del hogar, darse a la tarea de aprender a resultar atractivo y no manipulativo, compartir rangos de ingresos económicos laborales más equitativos-, pero también entiendo que muchos más están cansados de ser vistos como proveedores únicos, seres invulnerables que pueden con todo, y fortachones que solo quieren sexo y no les interesa la intimidad.

 

Para el futuro podemos prevenir iniciando a temprana edad con una educación feminista; en el presente, seguir desbancando creencias para acercarnos y disfrutarnos más.

 

 

 

 

 

 

 

 

Enredarse con un casado…

 

 

Si no lo hemos vivido en carne propia, todos conocemos a alguna que, por alguna u otra razón, ha caído en esta “tentación” de lo prohibido, visto desde el pensamiento religioso tradicional, claro está. Por la razón que sea:

 

  • Porque no lo sabía…
  • Porque eran compañeros de trabajo…
  • Porque no conocía a la otra…
  • Porque pasaban mucho tiempo juntos…

 

Siempre están rondando la cabeza cuestionamientos que aún sabiendo que probablemente no llevará a ningún lado lo que está ocurriendo, hacen que la tercera en la ecuación se mantenga ahí. Cuestionamientos en donde se cuela la ilusión y que se agarran de expectativas futuras (siempre futuras, ya que el presente no da para más…):

 

  • ¿Dejaré de ser “la otra”?
  • ¿Me quiere o sólo me utiliza?
  • ¿Por qué no me dijo que estaba comprometido?
  • ¿Y sí la va a dejar para estar conmigo?

 

 

Y no es que lo diga yo nada más… Según los expertos, las esperanzas para las amantes no son alentadoras ya que, en un triángulo amoroso, siempre llevan las de perder. La etapa de encantamiento en una relación dura entre dos meses y dos años. Tras eso, los hombres tienden a volver a sus hogares con sus esposas.

 

¡Pero sí pasa! (Poco pero pasa…)

Enredarse con un hombre comprometido ya le resta posibilidades de éxito a la

relación, cuando no se trata de algo destinado directamente al fracaso. Pero algunas

veces funciona; según estadísticas realizadas, sólo el 5% de las relaciones

extramaritales terminan en un compromiso formal con todas las de la ley.

 

Si ya lo conoce…

Cuando la amante lleva tiempo de ser “la otra”, sabe todos los trucos que él ideó para

poder estar con ella sin que la esposa se enterara. Sabe cómo es, cómo se comporta,

conoce todas las estrategias y mentiras que dijo. Así que sabe perfectamente cómo

miente y cómo se ideó la vida para poder estar con las dos.

 

Y es que una vez que ya se hizo, la mecánica es fácil de repetir, el problema es

que ahora la persona que está del otro lado ya sabe cómo es el juego porque ya lo

conoce, ya lo jugó y ya lo vivió, así que la cosa se presta a temores y complicaciones.

 

 

  

 

Infieles “por naturaleza”

Hay quienes no son monógamos; de hecho, la monogamia es más un contrato por razones diversas que algo característico y sustancial de nuestra especie humana. El tema no es luchar contra la no exclusividad sexual, sino ser claro en que “no se es hombre –o mujer- de una sola pareja”. La razón puede ser desde la experiencia misma de un nuevo encuentro, el placer del goce sexual, hasta el complemento emocional que da otra persona. Eso sin mencionar a los hombres abusivos que desde su poder patriarcal se permiten lo que no le permitirían ni a su pareja ni a su(s) amante(s). Así, una relación de un hombre casado con una amante puede o no llegar a una relación de mayor compromiso, pero no asegura tampoco la fidelidad en ella.

 

¿Sospechas de estar con alguien que te es infiel?

Hay algunas señales que pueden darte una idea más concreta de si es un problema de pareja que se está proyectando en una sospecha, o si en efecto, existe la posibilidad de que tu pareja te esté siendo infiel.

 

Las “señales”:

 Una obsesión repentina por el celular o las redes sociales.

 

 

 

 

 

 

 Hay un “espacio” de su vida en el que no te deja participar.

 Cada día tiene nuevas reuniones u obligaciones.

 Cuida su aspecto de forma repentina.

 De repente está más seguro de sí mismo.

 Encontrar cosas “raras”.

 

Para cerrar…

Cualquier relación amorosa en la más “óptima” circunstancia tiene el riesgo de

terminar; cuestionar si ésta relación ha llegado a su fin en tanto que resta más de lo

que da, es algo que el amante –cuando se siente más lastimado que enriquecido- tiene que valorar.

 

En el caso de las esposas corresponde valorar si una infidelidad es razón suficiente para terminar; hay de infidelidades a infidelidades, y es importante distinguir entre un encuentro de una noche ocasional que le cacharon a un constante engaño y manipulación. En fin… ese es otro tema.

 

Si bien las relaciones triangulares rara vez surgen propositivamente, la terminación

de las mismas, con todas las dificultades que representen, sí puede ser una decisión;

pocas cosas duelen tanto como perder un buen amor, pero cabe entonces hacerse la

pregunta ¿esto que estoy viviendo puedo considerarlo un buen amor? Posicionarse

como víctima desvalida, lejos de conmover a la pareja a decidirse por el tercero –en

caso de que sí contemple la opción– será un detonador de más problemas y de un

mayor deterioro de la relación.

En estos tiempos de constante estimulación externa y en una sociedad diseñada para responder a la gratificación inmediata de las personas, es cada vez más difícil centrarse en hacer una sola cosa a la vez.

 

Constantemente nos vemos ante un sin fin de opciones, proyectos y pendientes que terminamos no enfocándonos en lo que elegimos, o bien, estando en tantas cosas al mismo tiempo, que la calidad de atención que destinamos a cada una de ellas no es la que nos facilita ni disfrutarlas ni conseguir lo que deseamos.

 

El resultado de esto muestra que querer aferrarse y malabarear muchas cosas “de un jalón” nos predispone a una mediocre “funcionalidad” y a un excesivo estrés, y ambas cuestiones, lejos de aprovechar nuestras virtudes y fortalezas, las menoscaba.

 

Elegir y asumir nuestras pérdidas nos permite utilizar el tiempo y la energía en lo que sí queremos hacer. Por cada minuto que destinamos a algo que no está funcionando, estamos renunciando a otras oportunidades de valor potencial.

 

¿Pero cómo saber cuando es momento de soltar y plantear una nueva dirección?

Generalmente solemos tener más empatía y ecuanimidad con otras personas y no cuando se trata de situaciones que nos involucren a nosotros mismos; con frecuencia somos más sabios con los demás. Pero más que imaginar qué consejo le darías a alguna persona que estuviera en tu lugar, te invito a hacer el siguiente ejercicio:

 

Piensa en tres personas que consideres que hayan sido tus mentores en algún periodo de tu vida. Puede ser un familiar cercano, algún amigo, tu jefe, incluso ese personaje ficticio de la novela que marcó tu adolescencia. ¿Listo? Ahora pregúntate: ¿qué consejo te daría cada uno de ellos? Anota tus respuestas y ahora continúa con la siguiente reflexión.

 

Eternamente nos debatimos entre la idea de tener grandes metas con altas expectativas o el plantearnos objetivos aterrizados a la realidad. Existen diversas opiniones que sostienen ambas posturas; el tener altas expectativas, aunque no se cumplan, genera buenos resultados pero tener objetivos realistas nos permite estar menos estresados.

 

Desde mi perspectiva existen personas que preferimos uno u otro estilo, lo que ninguna podemos descartar si queremos tener buenos resultados con una dosis controlable de estrés es que para tener éxito requerimos foco, intensidad suficiente y algunas renuncias.

 

En un mundo que nos muestra tantos escenarios posibles y nos plantea el artificio de poder conquistarlos todo, podemos confundirnos pensando que renunciar es fracasar. Y yo afirmaría lo contrario: “el que no suelta alguna pelota, va a echar a perder un nuevo malabar”.

 

 

 

 

Bases para tener una buena conversación

 

Quizás no todos estemos interesados en ser extraordinarios conversadores más allá de que tengamos o no ciertas habilidades para lograrlo; pero no deja de ser un “plus” personal el disponer de ciertos recursos que nos faciliten entablar buenas conversaciones: ser alguien con quien la gente disfrute hablar.

 

Partamos de algo simple: ser auténtico y estar genuinamente interesado en el otro es el requisito fundamental para  lograr vincular con otras personas a través del diálogo. Aún así este aspecto fundamental no resta importancia a algunos puntos que te invito a considerar.

 

1.- Platicar es intercambiar ¡no echarse un monologo!

Todos nos hemos visto enfrascados en una conversación tipo “exposición” en la cual no se puede más que emitir monosílabos, o, estando en el puesto contrario, hayamos sido quien no suelta el micrófono. Es esencial repartir la conversación equitativamente entre las personas que formen parte de la charla.

 

2.- Haz preguntas abiertas

Las respuestas que implican solamente un sí o un no dificultan una conversación fluida.  Para hacer preguntas abiertas hay que calibrar el tinte y ritmo de la charla: no es lo mismo preguntar algo respecto a un tema de música o de cine que sobre aspectos íntimos de la vida amorosa o familiar.

 

3.- Escucha para entender, no para responder.

Cuántas veces, en vez de escuchar a nuestro interlocutor, estamos  elaborando -dentro de nuestra cabeza- la respuesta, la defensa o el ataque de la conversación mientras “escuchamos” a una persona; o bien, o en la contraparte cómo te sientes cuando observas que no te están escuchando y están pensando lo que te van a responder. Para entablar una buena plática es más importante mostrarte interesado que hacerte el interesante y eso implica prestar atención y escuchar con apertura. De hecho, escuchar atentamente, permite poner sobre la mesa muchos temas interesantes de conversación y favorecer el intercambio y la vinculación.

 

4.- Cuida tu lenguaje no verbal: 

Observa tu postura y el uso de tus manos; mantén contacto visual constante y agradable, y hazle saber a la otra persona que estás escuchándola mediante afirmaciones activas. Un gesto dicen “más que mil palabras”.

5.- Pide permiso para interrumpir y cuestionar:

Si te das cuenta –mientras el otro habla- que necesitas precisar algo y para ello lo quieres interrumpir, detente y regresa a escuchar: antes de cuestionar un punto de vista, pide permiso para hacerlo de otra forma, la charla deja de ser un diálogo para convertirse convierte en un debate. Si quieres cambiar el curso de la conversación es importante acordarlo con tu interlocutor.

Un buen conversador, además de disfrutar el intercambio del encuentro y de la conversación, abre la posibilidad de acompañarse con otro ser humano y generar algún tipo de acuerdo oportuno para ambos, o incluso de una buena vinculación.

 

 

Si bien, seguramente siempre han existido mujeres con un carácter emprendedor, proactivo y decidido, es definitivo que el cambio de época marcado por diversos movimientos sociales -revolución sexual, feminismo, movimiento LGTB- han facilitado que en la actualidad mujeres hagan un despliegue de sus competencias desafiando los tradicionales clichés femeninos y tomando decisiones -personales, familiares y sociales- de importancia.

 

¿Qué caracteriza a las mujeres alfa?

 

  • Emprendedoras: tienden a pensar en grande y actúan. Toman la iniciativa, se adaptan a los cambios, son proactivas y van a la caza de lo que desean, sueñan, necesitan, valoran o les interesa. Inclusive en el plano del sexo y del amor. 
  • Dinámicas: tienen objetivos claros y buscan estrategias para conseguirlos de manera práctica y eficiente. Buscan la excelencia y se motivan por el logro. 
  • Independientes: emocional y económicamente. Es decir, tienen la autonomía de pensar con criterio propio y validar lo que quieren. También generan y los medios materiales para conseguirlo. Independencia económica no equivale a autonomía emocional, pero sin la primera es imposible la segunda.
  • Ejercen poder (y les gusta): ¡ojo! Ejercérselo no es abusar de él. La independencia que tienen les permite tomar decisiones trascendentales en diferentes áreas de la vida. Así que influyen en escenarios emocionales, familiares, sociales, laborales, políticos, culturales, etc.
  • Se responsabilizan de las consecuencias de sus actos: si bien saben que tienen limitantes y condicionamientos externos e internos, buscan salidas a sus problemas y asumen responsabilidad de sus errores. 
  • Seguridad personal: sobra decir que las características anteriores no solo son efecto de su seguridad personal, sino que moverse de esa manera en la vida les genera aún mayor seguridad. Del mismo modo, esa seguridad les permite poner los límites necesarios para establecer la justa distancia que requieren de las circunstancias y de las personas para poder construir su proyecto de vida. Se sienten satisfechas de ellas mismas. 
  • Aterrizadas: están paradas en la realidad. La vida para ellas no es un cuento de hadas pero tampoco una selva indomable. 
  • Son asertivas: no les gusta jugar a la “damisela en apuros” y emplear “la queja y el lloriqueo” como estrategia femenina para conseguir sus cosas. Esto no significa que no se puedan sentir débiles y vulnerables pero les gustan las relaciones igualitarias y la flexibilidad en los roles de género sin renunciar a su feminidad.  
  • ¡Se sienten satisfechas de ellas mismas y de su vida!

 

Lograr esto no solo tiene que ver con el carácter personal y la historia de familia que ellas hayan tenido, también son conscientes de que hay cambios que permiten a la mujer acceder a mejores niveles educativos, la existencia de marcos legales nacionales e internacionales que buscan eliminar todas las formas de discriminación contra la mujer, y el cuestionamiento de los antiguos roles de género que acotaban a las mujeres a la vida privada como parte de su “esencia”. De ahí que el trabajo interno así como el esfuerzo externo (propio y del contexto) es indispensable para este posicionamiento femenino.

 

Muchas de las mujeres que hoy se posicionan desde este lugar de poder, son consideradas “machas” o egoístas erróneamente. El hecho de redefinir reglas y de crear nuevas pautas y roles sociales, no significa renunciar a la feminidad (incluido posponer o negarse al matrimonio y/o a la maternidad, entre otras cosas).

 

 

 

Pedir perdón, en términos generales, no es una acción sencilla. Y hacerlo “bien” resulta una faena particularmente desafiante. Reconocer con madurez tu falla y dejar a un lado el orgullo parece fácil pero a la hora de llevarlo a cabo es común terminar cometiendo ciertos errores que hacen que la disculpa no sea ni sentida, ni verosímil, y mucho menos útil para reparar la ofensa.

 

¿Cuáles son los errores más comunes al momento de disculparnos?

 

  1. “Perdón, pero…”.

Usar la palabra “pero” es una de las equivocaciones que se cometen con frecuencia al momento de disculparse. Además de parecer -y de ser- una justificación, el efecto que tiene es cancelar o negar toda la disculpa dada primero.

 

Al momento de añadir el “pero” tras pedir perdón, lo que experimenta la otra persona es que tiene más importancia el “pero” que la ofensa misma. Tus intenciones seguramente fueron buenas, pero aún así, generaron una herida. Reconoce sin justificación  el daño que hiciste a la otra persona.

 

Basta con decir: “No quería lastimarte y sé que lo hice. Tendré más cuidado la próxima vez. Te pido una disculpa.”

 

  1. Asume tu parte sin señalar.

Señalar a la otra persona al momento de disculparte es, nuevamente, no asumir responsabilidad de tus acciones. Decir “perdón por haberte hecho sentir así”, minimizando el daño realizado, no tiene el mismo valor que afirmar “perdón por la forma en la que me comporté.” Aceptar con humildad lo que hiciste es esencial para que tu disculpa tenga éxito.

 

  1. Esperar que te perdonen “a tu modo”.

La forma de responder a tus disculpas seguramente no corresponderá a la expectativa que tienes sobre cómo lo va a hacer.  No insistas en que se te perdone cuando tú quieras y como tú lo necesites. Cuando hayas pedido perdón no esperes inmediatamente que todo “vuelva a la normalidad” como si nada hubiera pasado. La reconciliación requiere de paciencia y de esfuerzo; lograrla puede fortalecer la relación y generar crecimiento a ambas personas.

 

  1. Poner pretextos antes de tomar conciencia.

No pidas perdón sin antes haber reflexionado sobre tus acciones. Una cosa es ofrecer una explicación en caso de que te la pidan, y otra muy diferente poner una excusa esperando que la otra persona te entienda y por eso te perdone. Para que alguien acepte tu disculpa examina qué papel jugaste en la herida que generaste y reconoce que tus acciones no fueron adecuadas.

 

  1. Repara lo que puedas reparar.

Ya habiendo reflexionado sobre tu parte, identifica aquellas cosas que sí puedes reparar. Si no tienes claro qué daño hiciste y cómo lo puedes resarcir pregunta de manera respetuosa “¿Hay algo que pueda hacer para repara el daño?”

 

El perdón es uno de los actos que requiere de mayor humanidad, tanto al pedirlo como al otorgarlo. Se requieren las más altas competencias humanas para reconocer el error, reflexionar sobre lo que motivó la conducta, dolerse por el daño hecho y reparar el agravio causado. También somos muy humanos al perdonar; al apostar por la persona que nos lastimó, superar los resentimientos, hacernos responsables de nuestra recuperación y recuperar la confianza.

 

Y no olvides que el perdón no es un evento aislado sino un proceso con “subes y bajas” que se tiene que -paso a paso- recorrer.

No todas las luchas se ganan, ni todas las batallas se luchan

 

Reaccionar a todo lo que nos rodea y querer que las cosas y las personas sean como nosotros queremos es un eterno nadar contracorriente: terminamos exhaustos y nos deja en desventaja con la vida.

Mi hijo, que es ansiosito como yo, me comentó que uno de sus buenos amigos lo exhortaba a unirse al club del tan complicado arte del “vale madrismo”: “¿si no puedes hacer nada para solucionarlo, para qué preocuparte?” Suena sencillo ¿verdad?. Pero aplicarlo tiene su empeño.

Vamos pues pasito a pasito a desmenuzar algunos puntos de la tan necesitada sabiduría Zen que nos dará algunas pautas para aprender a vivir mejor:

 

1.- En el día a día va a haber obstáculos e imprevistos. ¡Acéptalos!

Por más que quieras prevenir y controlar, hay un sin fin de elementos sobre los cuales no tienes influencia alguna y que sin duda impactan tu día a día. Más que instalarte en la queja diaria, asúmelo.

 

2.- Estar en una constante competencia con la vida es el camino a la infelicidad.

Está bien la conducta de desafiarte y lograr tus metas, pero esta actitud llevada al extremo puede causarte un vació y una angustia innecesaria. Como dicen por ahí, “es más rico, el que menos necesita”. ¡Y ojo! No confundas el disfrutar lo que tienes y lo que has logrado con el ser conformista.

 

 

3.- La vida es una constante búsqueda de soluciones.

Soluciones a problemas. Pero si quieres resolverlo todo, estás “frito”. Tienes que tener la claridad para decidir qué batallas luchar y cuáles no. A veces, la mejor de las decisiones es derrotarse para soltar el control.

 

 

4.- No le des tanto peso a esos problemas.

Sí. Date “chance” de que un poco te valga ma…. El mundo no se va a ir a ningún lado si te das un break de todo eso que crees que depende sólo de ti. Date un respiro y verás que las cosas toman diferente perspectiva.

 

5.- Lo que piensen los demás, es problema de los demás.

Si le pones mucho valor a lo que los demás opinen, creen o quieren de ti te la vas a pasar muy mal. Es mejor ponerle ese valor a lo que tú pienses de ti mismo. La retroalimentación del entorno te da un punto de referencia pero tienes que discernirla y tomar tu propia posición.

 

Y por último, pero no menos importante…

6.- El futuro no está secuestrado.

Seguramente ya has leído que la depresión es exceso de pasado y la ansiedad es exceso de futuro. ¡Y cuántos de nosotros no sentimos una ansiedad desbordada al pensar en el futuro!, La ansiedad altera la realidad y puede llegar a amargar la existencia. Confía en que el futuro, aún con sus dificultades, es prometedor y alentador.

Se puede aprender a vivir bien, porque la vida -aunque no es fácil-, si le agarras el modo, siempre es generosa.

Nos guste o no, el trabajo es una parte esencial de nuestra vida; y aspecto central del mismo son las personas de las que nos rodeamos en él. ¿Qué conductas debemos observar en nuestros compañeros de trabajo para minimizar los intercambios con quienes pueden generarnos dificultades laborales y personales?

 

1.- El que deja todo para el final:

Estas personas se dedican a todo menos a trabajar. Constantemente están buscando distracciones para no hacer lo que les corresponde. Por lo general son personas agradables y simpáticas, por lo que puedes caer fácilmente en su juego sin darte cuenta.

 

2.- El quejumbroso:

Es quien se considera la pieza más importante de todas en la empresa, sea cual sea el puesto que ocupe. Para él, los demás hacen cosas sin importancia mientras él “hace todo lo que deberían hacer otros” (incluyéndote). No lo vas a poder sacar de su discurso, pero no te dejes arrastrar por él.

 

3.- El pedinche:

¡Cómo hay de estos aquí en México! Piden, piden, piden –y nunca dan-. Entre compañeros toca echarnos la mano, pero a estas personas “les das la mano y te toman del pié”. Cuidado, porque sin darte cuenta puedes empezar a absorber sus responsabilidades.

 

4.- El que no le para la boca:

La oficina sería un espacio inhóspito y frío si nadie platicara con nadie; de hecho es indispensable el diálogo entre compañeros de trabajo tanto por cuestiones laborales como para la socialización “per se”. Pero cuando una persona no suelta el micrófono para hablar de trabajo o sólo para “echar chisme”, hay que poner una distancia. Mucha cercanía con ellas terminará por distraerte.

 

5.- El creído:

A este tipo de actitud, Fredy Kofman, autor de “La Empresa Consciente” la denomina arrogancia ontológica. Los “creídos” son personas que creen saberlo todo y asumen tener siempre la verdad. Es importante descubrir la distancia justa que puedes sostener con ellos para no ponerte en una posición de subordinación innecesaria ya que jamás te reconocerán como su igual.

 

Una relación de cercanía con los que compartes el espacio de trabajo hace mucho más agradable tu vida laborar; facilita desde acompañarse a pasar un mal trago hasta celebrar un objetivo que se venía buscando tiempo atrás. Pero lograr este equilibrio implica identificar las características de quienes nos rodean y tener claro el lugar que cada uno puede ocupar.

 

Ojo, si a ti “te queda el saco” de alguno de los comportamientos mencionados… ¡Pon más atención!

 

¿Cómo retomas viejas amistades?

Por si existe alguna duda de que los seres humanos somos seres sociales, existen estudios científicos sobre los beneficios que tiene para la salud una buena amistad; está comprobado que las amistades son muy buen antídoto para la incidencia en enfermedades crónicas, lo cual hace que no solo se viva más, sino con una calidad de vida mejor.

Pero en este pequeño artículo abordaremos un tema mucho más complejo que la amistad en sí misma: esas grandes amistades de años atrás que hoy ya no son lo que fueron. Y más que analizar los “ires y venires” de la vida, los cambios de etapa o las situaciones puntuales que hacen que las amistades se transformen o se distancien, me cuestiono… ¿Cómo hacer para volver a “encender esa chispa” con una vieja amistad que no se ha frecuentado?

Estoy segura de que muchas personas nos hemos enfrentado a esta compleja situación de querer actualizar una vieja relación de amistad con la inevitable tarea de construir un nuevo punto de partida que vaya más allá de la previa historia compartida. Y es que esa química que en algún momento se dio puede ya no ser la misma, lo cual no significa que no se puedan recuperar, o bien, reconstruir buenas cosas.

Aquí van algunos puntos importantes a considerar para retomar una vieja amistad:

Primero, como dice Rosana: Sin pausa, pero sin prisa.”

Retomar una amistad implica paciencia y es importante que de antemano se observen las expectativas que hay de por medio. Las etapas de la vida cambian y para retomar hay que partir de la base de que hoy cada quien está en una momento distinto, por lo que la mejor manera de reiniciar es de a poco, pero de manera constante. Incluso esto permite constatar si existen nuevos puntos de coincidencia de donde partir.

 

No esperes a ver quién da el siguiente paso; ¡hazlo tú!

No esperes a que la otra persona de el primer paso o bien que responda o actúe de la manera en la que a ti te gustaría. Independientemente de las razones por las que se hayan distanciado, el “ponerte tus moños” y esperar a que la otra persona te escriba o te marque puede distanciarlos más.

Ahora… una cosa es dar el primer paso y otra que haya un constante desinterés por parte del otro. En ese caso, evalúa si realmente vale la pena el esfuerzo que estás haciendo para retomar la amistad y si esa otra persona tiene un interés real en hacerlo.

Mantén un perfil bajo.

No quieras contarle todo lo que has vivido ni hagas como que no ha cambiado nada entre ustedes durante todo este tiempo. Busca mantener un balance entre recuperar aquello que se pueda y siga vigente y construir una nueva dinámica que los vuelva a vincular. Sin lugar a dudas la mezcla de emoción, intriga y nerviosismo del reencuentro puede hacerte perder de vista que estás sobreactuando.

Y por último… es importante enfocarse en los factores en los que sí puedes influir para retomar la amistad y dejar de lado aquellos que no controlas aunque también influyan en la relación. No te aferres a que las cosas “jalen”, pero intenta que así sea, y si la cosa funciona, no te estanques lo que fue y con lo que es.

En este mundo cambiante se va aprendiendo que una buena amistad no es tan fácil de encontrar y mucho menos de conservar; es por eso que, si hay material suficiente, nunca sobra brincar algunos obstáculos para reconstruir aquello que en el pasado fue tan valioso.

 

La vida después de los 50-60 años es,

en sí misma,

“otro país”.

Gloria Steinem

 

¿Qué es?

Existe más de una forma de discriminación y el edadismo es una de ellas. Siguiendo a Ana Freixas en el libro “Los Cambios en la Vida de las Mujeres” entendemos que edadismo al prejuicio cultural hacia las personas mayores por el simple hecho de serlo. El edadismo incluye conductas, sentimientos y actitudes de rechazo o desagrado hacia quienes no están en “la flor de la vida”.

Todas las formas de discriminación –sexismo, racismo, clasismo, edadismo, solterismo– incluyen distinciones, restricciones, exclusiones, por acción u omisión, que obstaculizan, limitan, impiden, menoscaban o anulan el goce o ejercicio de los derechos humanos o libertades individuales. Debilitan el “yo” y sitúan a los afectados en una posición inferior en las relaciones de poder.

El edadismo incluye prejuicios acerca de envejecer: todo es pérdida, fealdad, enfermedad y deterioro. El imaginario juvenilista no hace espacio al cuerpo y a la vida de las personas mayores.

 

Efectos que genera

A través de expresiones del edadismo como: “estás muy bien para tu edad” o “mi madre no es la típica mujer mayor”, hay una sutil desvalorización porque lo que se espera a esta edad es que las personas estén hechas un horror. Esto genera por un lado, a quienes han sobrepasado los 50, la negación y rechazo del propio envejecimiento, y por el otro, entre los más jóvenes, el desprecio a las personas mayores como grupo del que tratamos de distanciarnos.

 

Diferencias de género: es igual pero no es lo mismo.

En la cultura occidental no es lo mismo envejecer siendo hombre que siendo mujer: mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen.  Las mujeres “alcanzan” la mediana edad y la vejez a una edad cronológica más joven que los hombres, que son quienes tienen un margen mayor de “juventud social” (casi veinte años más).

Para ellos existe toda la indulgencia posible en cuanto a la edad, la belleza, la posibilidad de encontrar una pareja afectiva y sexual; para ellas hay menos posibilidades de situarse y estar libremente en el mundo y de ser consideradas atractivas y sexualmente elegibles.

 

¿Qué hacer?

Antaño, la vida era mucho más corta. En promedio, vivimos un tercio más que nuestros abuelos.  Pero… ¿cómo dar significado a estos años “extra”?

  1. Nombrando y visibilizando el edadismo como discriminación: la vida es un ciclo que va más allá de toda forma de discriminación, entre ellas el edadismo.
  2. Creando nuevos mapas mentales ajustados entre lo que la realidad ofrece y las creencias culturales que atrapan: identificando por tanto cuáles son las creencias limitantes para luego cambiarlas.
  3. Aceptando y enfrentando la crisis de identidad que surgirán ante tantos cambios (relaciones, finanzas, profesión, cuerpo, roles y deberes).

 

 

Envejecer bien

La satisfacción a lo largo de la vida correlaciona con haber logrado ciertos resultados, ganado madurez, experiencia, sentido de competencia, confianza en uno mismo, y cierta certeza de los recursos y posibilidades personales.

¿Qué caracteriza a la gente mayor realizada?

Hay un par de elementos claves que reflejan la realización personal en la vida de las personas mayores:

1.- Profundos sentimientos de bienestar y satisfacción: no hay cuentas pendientes ni reclamos a la vida o a alguien en particular. Su experiencia de vida les da la confianza personal para tener clara una postura definida ante la vida misma que le de un profundo significado.

2.- “No estoy cada vez mejor, pero tampoco “cada vez peor”: Se comprende el ciclo de vida y en esta etapa se le da lugar a aquello que te interesa y desarrolla personalmente. Desde convivir con personas con las que tienes relaciones de antaño hasta practicar hobbies.

 

Para cerrar…

El envejecimiento es un proceso de “llegar a ser”. Un hacerse, no un destruirse.

Entre la idea de deterioro y la de progreso existe el proceso de asimilar e integrar el cambio.

 

 ¡Bienvenido cada cumpleaños!