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Posted by Netas Divinas on Thursday, July 27, 2017

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#Amantes y #Esposas parte 2 con Tere Díaz Psicoterapeuta #NetaDivina ¿Tú qué opinas del tema? 😮

Posted by Netas Divinas on Wednesday, July 26, 2017

Tere Díaz Psicoterapeuta​ nos habló sobre ser #AmanteYEsposa ¡…

Tere Díaz Psicoterapeuta nos habló sobre ser #AmanteYEsposa ¡Entérate!

Posted by Netas Divinas on Tuesday, July 25, 2017

Paso 1: Conoce tus sueños y valores. Identificar primero aquello que te mueve internamente para actuar, tanto anhelos que no hemos podido realizar como valores que consideramos principios rectores de tu vida. Sin una claridad de lo que profundamente honras y deseas es difícil tener una directriz de acción. Los anhelos o sueños profundos responden quizás a deseos legítimos de seguridad, estabilidad, paz, orden y pueden tener alguna relación con aprendizajes tempranos o experiencias infantiles – tanto de carencia como de abundancia -. Los valores por su parte son una cualidad que te hace apreciar o estimar ciertas cosas, hechos o personas de forma positiva. Para identificar tus anhelos y valores fundamentales puedes echarte un clavado a tu historia, recuperar los momentos en que te has sentido orgulloso de ti mismo, revisar las decisiones difíciles que has tomado y los efectos de las mismas en tu vida.

Paso 2: Definir metas a largo plazo que manifiesten tus anhelos y valores fundamentales. Este paso consiste en identificar lo que quieres lograr en distintas áreas de tu vida: personal, amorosa, familiar, económica, social, laboral, recreativa,  entre otras. No todas estas áreas tienen la misma importancia a lo largo de la vida ni en determinados momentos de la misma pero de una u otra forma todas requieren de alguna atención para lograr un desarrollo armónico en tanto que todas se correlacionan influyéndose mutuamente. Alinear tus metas con tus anhelos y valores fundamentes generará en ti mayor motivación para actuar y un efecto satisfactorio ante los logros conquistados. Sin metas claras basadas en valores es difícil afrontar las dificultades que se presenten en el trayecto y desplegar los recursos necesarios para sobreponerte.

Paso 3: Conocer tu realidad actual, tanto interna como externa. Para alcanzar tus metas tienes que conocer tu punto de partida, el territorio que atraviesas y las herramientas con las que cuentas para el recorrido. Alinear tus aspiraciones a las circunstancias y posibilidades reales es requisito fundamental en la construcción de un proyecto de vida. Todas las personas tenemos un conjunto de fortalezas y debilidades que entrarán en juego en nuestro actuar y reconocerlas nos hace consciente de tus puntos fuertes y de tu “tendón de Aquiles”. Además del autoconocimiento has de tener claro el “mapa” del territorio que recorrerás; es decir, la situación en la que te encuentras, el contexto y las circunstancias puntuales que te condicionan.

Paso 4: Definir planes de acción para cada una de nuestras metas. Estás listo para definir los pasos que debes dar para iniciar el trayecto. Es importante desglosar tus metas a largo plazo en objetivos a mediano y corto plazo. Estos son una especie de andamiaje que implican planes de acción concretos que te clarificarán la ruta, los tiempos y los  recursos necesarios para emprender el trayecto. No tienes control de todo, pero sí requieres de una ruta para iniciar el viaje – aún cuando ésta será revisada y replanteada a lo largo del camino -.

Paso 5: Tomar acción y aprender de la experiencia. A caminar se aprende caminando, así que ninguna planeación es suficiente si no accionas. El llevar a la práctica lo planeado con la mirada puesta en metas claras  y la motivación apoyada en los valores personales, es el paso último para desplegar el proyecto de vida personal.

Pero, por más que hayamos preparado el viaje, habrá cosas que redefiniremos durante el trayecto y que replantearemos desde la experiencia. Seguramente habrá cambios, errores y ambivalencia, todo es parte del aprendizaje y del crecimiento mismo. Una cosa es el mapa que diseñas para ubicarte pero otra el territorio que estás recorriendo. Y es que la experiencia misma de construir tu proyecto de vida es el medio para  construirte a ti mismo.

El papel de la suegra ha tenido un impacto histórico en la vida de las familias. Generalmente, se hace mofa de la relación entre yerno y suegra, siendo él quien se queja, el que dice a su esposa que no inviten a su mamá a la casa, etc., (pensando con en este ejemplo en la alianza que hay entre madre e hija, esta última esposa del hombre en que pensamos). Pero, realmente, las relaciones más complicadas se dan entre la de suegra y nuera. Analicémos el por qué.

Muchas “super suegras” se consideran las encargadas de enseñar a las nueras cómo construir un hogar. Es ahí donde puede comenzar el jaloneo entre las dos mujeres que se identifican con ese rol, que se viven como cuidadoras y que se consideran encargadas de lo emocional, para ver a cuál de las dos les hace caso el hijo-esposo.

Valdría la pena decir, que un hijo adulto que no obedece plenamente a sus padres, que se alía con su pareja, que no acata ciégamente los mandatos maternos y familiares, da cuenta de una buena educación, pues una educación exitosa lleva a la autonomía, a la toma de consciencia, a un pensamiento independiente, y a la construcción de nuevos modelos de vida adecuados a los retos presentes y a las personas que los desafían. Se vale –y suma como parte de la integreidad personal- ser buen hijo: respetuoso, considerado, generoso, conectado; pero un hijo que idolatra a su madre o padre, generalmente es mal padre o mala pareja, pues cumple una función de, pareciera, pareja o padre de sus propios padres.

Dicho lo anterior, ¿cómo se puede ser una buena suegra?:

  • Se debe considerar si las intromisiones en la pareja de su hijo responden más que a su “buena voluntad” a problemas propios de su vida de pareja
  • Las buenas suegras aprenden que los límites pueden ser oportunidades para “jubilarse” de un estilo de ser madre que está caduco ya.
  • Una suegra buena entiende y tolera que la nuera y el hijo prueben métodos, hagan sus pininos y tropiecen en el transcurso del tiempo.
  • Una buena suegra tiene un proyecto de vida personal, no puede hacer de su hijo y de la familia de su hijo su proyecto de vida.
  • Las buenas suegras trabajan sus propias carencias y dolores del pasado para no querer resolverlos a través de sus hijos.
  • Quizás algunas cosas bien pensadas, con estrategias bien planeadas, pueden ser aclaradas con su nuera, pero los reclamos y enojos de una madre debe manejarlos con su hijo, directamente.

El punto de ser una suegra perfecta es ser una mujer realizada, madura, que ubica su papel en el rol familiar, que entiende lo que es la autonomía y que si no la ha alcanzado todavía, está en momento de alcanzarla. Por su parte las buenas nueras tienen también sus desafíos:

  • No solicitar que el hijo “rompa relaciones” con su madre aún si ella no es de su particular agrado.
  • Si tienes hijos, no negar a los hijos el afecto a la abuela como manera de “cobrar” las diferencias que se tiene con ella.
  • Acordar con el esposo abiertamente lo que requiere la nueva pareja y la nueva familia para construir su propio estilo de vida y escala de valores.
  • Poder negociar con la pareja qué eventos puedes compartir con su familia (particularmente su mamá) y de cuáles prefieres abstenerte cordialmente para no sobre cargar la relación.
  • No entrar en competencia con la suegra sino escuchar con apertura lo que la experiencia de ella. No se trata de ganar, sino de madurar.
  • No compararla con los propios padres.
  • Recordar que no se tiene que estar de acuerdo en todo pero si procurar siempre un trato cordial.

Una mujer construirá junto con su pareja una sólida relación de pareja, no por las batallas ganadas a la suegra, sino por su apuesta a la propia madurez y a la solidez construida en su nueva relación. Pero ojo, el papel del hijo es central en esta triada: un hombre que se abstiene de definir su postura a favor de su pareja y sigue “exaltando” de manera desbordada el rol de su propia mamá, favorecerá el crecimiento del conflicto, el distanciamiento y la ruptura de su propia relación.

 

¿Cómo es que en el actuar concreto nos saboteamos?

 Muchos nos quejamos de no tener un buen amor pero al mismo tiempo desconocemos algunas conductas que podemos identificar y modificar para relacionarnos mejor.

Citemos algunas de ellas:

  1. Encerrarse en la propia vida, en la propia casa, en el propio círculo, esperando que el amor toque a la puerta.
  2. Descuidarse en lo personal para dejar de resultar atractivo.
  3. No dar el primer paso esperando que el otro lo de cuando sería oportuno hacerlo.
  4. Mostrar frialdad cuando en realidad lo que se experimenta es interés.
  5. Burlarse o minimizar expresiones afectuosas y cálidas.
  6. No responder a llamadas o mensajes considerando que son de pequeña importancia o que así se va a generar mayor interés en el otro.
  7. Ocultar los propios deseos y sentimientos por temor a ser rechazado: ¡Ojo! Esto no significa desbordarse.
  8. Entrar en una lucha de poder y discutir de todo y por todo con el fin de “tener la razón”.
  9. Dosificar las muestras de cariño para que el otro no sienta que me tiene a su “merced”.
  10. Ser hiriente con información confidencial que se me ha confiado.
  11. Intentar empequeñecer las características y logros de la pareja para que “no se crea de más”.
  12. Ignorar los problemas en vez de enfrentarlos, esperando que la pareja los adivine y los resuelva, o creyendo que el tiempo por sí mismo los solucionará.
  13. Precipitar compromisos que “ni al caso” por el temor a perder a la persona deseada.
  14. Liarse sexualmente pensando que eso asegurará la permanencia de la persona en la relación.
  15. Criticar con otras personas a la pareja con el fin de que los demás nos confirmen que no vale la pena seguir la relación.
  16. Callar los malestares amorosos quitándole a la pareja la oportunidad de entenderlos, conversarlos y negociarlos.
  17. Dar demás, a costa de las propias necesidades, esperando ser correspondido y luego decepcionándote de la falta de valoración y agradecimiento hacia ti.
  18. Coquetear con otros para demostrar a la pareja que no te tiene asegurado o para evadir conflictos que requieren una solución.

¿Descubres algo que te haya cerrado puertas en el amor? ¿Agregas alguna conducta que descubres que te está auto saboteando una relación?

¿Cómo incrementar el bienestar y la calidad de vida a través del cuidado y uso del cuerpo?

Quizá pueda sonar controversial, pero la capitalización de sentimientos y características físicas relacionadas con el erotismo no es algo ni descabellado, ni nuevo, ni tan perverso como podría parecer. Hacer un despliegue de esos recursos en una sociedad donde el intercambio de productos y servicios es básico para la supervivencia de nuestra especie podría ser un elemento más en la lucha por una equidad de género que lleve a un mayor y mejor bienestar a las mujeres.

Catherine Hakim –socióloga británica e investigadora en el tema de discriminación femenina-  dice que el capital erótico (concepto acuñado por ella) es una más de las herramientas con las que las personas contamos para hacer frente a los desafíos de la vida pero, además, es un “algo” que puede ser manejado de manera similar a otros bienes y servicios. Eso sin mencionar el goce que genera la conquista y parte lúdica que nos aporta nuestra dimensión erótica.

           ¿Qué elementos integran el capital erótico?

  • La belleza: Factor genético y cultural (las concepciones de belleza e incluso de “perfección”, varían conforme cada cultura y época).
  • El atractivo sexual: Algunas personas que, si bien nos parecen bellos o agradables, no despiertan en nosotros el deseo sexual. Puede variar de persona a persona: no a todos nos “encienden” las mismas cosas. Gestos, manera de andar, tono de voz, etc. Son aquellas características que una persona, bonita o no, puede poseer y manejar tan bien que nos parezca atractiva.
  • El encanto: O la capacidad para caer bien a los demás. Carisma que genera el deseo o lo inhibe de estar en compañía del alguien. Su sentido del humor, su inteligencia, su sencillez o, a veces, un “no sé qué” –quizá genético también- que nos hace pensar “esta persona tiene ángel”. La gracia es una segunda impresión inmediatamente seguida a la primera vista.
  • La vitalidad: Mezcla de buena condición física, energía social y buen humor, cierta “luz”. La vitalidad integra también la agencia personal, el ir “más allá”, tener intereses variados, y otorgar una compañía placentera por el simple hecho de verles siempre buscando trascender sus horizontes. Requiere cierta condición física pero no una “musculatura” perfecta.
  • La presentación social: Es decir, el arreglo y la higiene personal, así como aquellos artículos que denoten estatus social y estilo. No nos referimos a una apología al clasismo: se puede ser elegante y tener estilo sin necesidad de tener grandes fortunas. El buen gusto va más allá de la billetera. En cuanto a la higiene personal –un buen aroma, un cabello arreglado, ropas limpias-, la corrección al expresarse y los buenos modales pueden abrirnos puertas.
  • La sexualidad: Entendida como la capacidad, energía y rendimiento sexuales, es decir, aquello que permite tener encuentros sexuales satisfactorios. Es “la cereza del pastel”: la sexualidad ha sido uno de los grandes dirigentes de las actividades humanas siempre. Este rubro incluye la capacidad, habilidad y conocimiento sexual con los que contamos y que podemos poner en práctica llegado el momento.

El cuerpo integralmente es una herramienta de expresión de quiénes somos, un recurso  para la mejora de nuestras relaciones sociales, un medio para lograr  nuestros objetivos. El cuerpo integra el gozo de nuestro erotismo y nuestra corporalidad. El capital erótico incluye el deseo de compartir estas características para el disfrute de los demás, y finalmente como forma de celebración de cómo nos hemos construido a nosotras mismas.

Hay algo muy atractivo en quien se quiere a sí mismo, en quien se trata bien y se cuida. Mucho del atractivo sexual radica en eso, en la forma en que nos disfrutamos a nosotras mismas, nos mostramos al mundo y nos compartimos.

En esta ocasión no vamos a hablar de reacciones fisiológicas y de periodos de refractario; esto es fácil de investigar en cualquier libro de sexualidad y anatomía. El propósito del tema a tratar es ver los efectos, muy diversos como diversas son las relaciones, que puede tener un encuentro sexual después de sucedido.

Cabe hacer una distinción: Es muy distinto el buen sexo de la satisfacción sexual. El buen sexo se puede tener si se da un ajuste sexual azaroso: cuerpos que se atraen, buena dosis de deseo, se complementan, tienen cierta experiencia sexual previa y se ajustan en ritmo y logran una buena respuesta sexual. La satisfacción sexual tiene que ver con una relación que complementa más áreas además de la corporal y que por tanto a lo físico suma el acoplamiento sexual duradero: sintonía en frecuencia, repertorio, sensación de reciprocidad, respuesta sexual y respuesta post sexual. A esto suma el afecto que se genera de este intercambio cotidiano.

Efectos negativos de una relación sexual y en qué casos se dan:

  • Vacío: Sensación de vacío generalmente cuando no es una decisión consciente sino que se da tras una relación con altas dosis de alcohol u otras sustancias. Pasado el coito la persona puede verse al lado de alguien que quizás ni conoce y viene a la sensación de vacío la probable sensación de repulsión y querer salir corriendo.
  • Manipulación: A veces cuando la urgencia sexual es mucha, y las estrategias de “conquista” también tienen que ver con la manipulación y el uso del otro como objeto de consumo, aunque la respuesta sexual y el desahogo sea bueno, la sensación de uso, abuso y vacío pueden acompañar la relación.
  • Exceso: El sexo casual puede tener un efecto rico y estimulante, de vez en vez… pero es como comer de vez en vez “Fast food”; cae rico y es novedad, pero que ese sea tu repertorio alimentario, será pobre e insuficiente.
  • Culpa: Otro momento en que puede haber un malestar culposo tras una relación sexual es cuando uno experimenta conductas que le parecen “incorrectas”. Aquí cabe diferenciar entre principios y prejuicios. A veces nos sentimos culpables porque traicionamos un código ético y lo que realizamos atenta nuestra integridad o la del otro y consideramos que no se hace desde el propio deseo o del otro sino por el hecho de complacer a los demás.
  • Miedo: El tener sexo por miedo (a ser abandonado, sustituido o bien a una acto de violencia del otro si te niegas) o por obligación (toca) atrofia en muy corto tiempo el mecanismo del deseo y la respuesta sexual.  Además, es un ataque a la autoestima pues deja la sensación de traicionarte a ti mismo al no  saber poner límites al otro y expresar que no quieres.
  • Frustración: Por otro lado el no expresar durante la relación sexual lo que deseas, lo que te gusta, lo que necesitas, también puede dejar al final una sensación de incompletud y de depender de “la pericia y buena voluntad” del otro para lograr tu satisfacción. El orgasmo es de quien lo trabaja, y no poder manejarte en libertad para pedir, sugerir, y darte lo que requieres te hará sentir frustrado.

Ahora, ¿qué favorece que una relación sexual sea satisfactoria?

  • Amor: Sin duda el mayor afrodisiaco, aunque la respuesta sexual no sea siempre un orgasmo “cósmico”, es el enamoramiento. Pocas cosas son tan estimulantes y generan tal sensación de comunión y por tanto de deseo sexual que el estar enamorado. En este estado, la relación sexual es en términos generales muy satisfactoria.
  • Un encuentro más allá de lo sexual: También puede haber relaciones casuales que dejan buen sabor de boca. Esto tiene que ver cuando además de que el sexo en si mismo sea bueno y la respuesta sexual satisfactoria, el encuentro sea humano es gratificante. Es decir, podemos tener sexo de una sola noche pero hacer de la experiencia algo relevante, enriquecedor, acompañador y no banal.
  • “After-sex”: Sin duda, la buena respuesta orgásmica y el trato post orgásmico, son factores en sí mismos que generan bienestar. Por humana y cuidadosa que sea una relación sexual, si nunca se llega al clímax, pues al tiempo será todo menos relación sexual. Del mismo modo si tras la culminación no se da un mínimo de afecto e intercambio, sobre todo a las mujeres, la calidad de la relación por buena que haya sido, se verá reducida.
  • Vinculación: El buen sexo vincula, y el buen vínculo facilita el buen sexo y la satisfacción sexual. Así que algo que ocurre tras la práctica placentera del erotismo es la creación de vínculos: te quedas con las ganas de volver a encontrarte, de acercarte, de pertenecer de alguna manera a la vida del otro.

Con riesgo de sonar egoísta, cosa particularmente despreciable en boca de casi cualquier mujer – de quienes se espera toda entrega y toda generosidad – afirmo que pocas experiencias me han resultado tan gratificantes, liberadoras y expansivas, como tener mi “habitación propia”.

En 1928, Virginia Woolf, escritora y feminista inglesa, fue invitada a dar unas charlas sobre el tema de la mujer, y ante la pregunta “¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas?”, ella contestó de manera realista y valiente: “Independencia económica y Una Habitación Propia”. De ahí surge su ensayo titulado con el mismo nombre, donde Woolf construye un discurso real y al mismo tiempo metafórico sobre los derechos de la mujer, tanto en lo referente a su expresión a través de las letras, como a su vida cotidiana.

Recordemos que por aquellos tiempos – y por aquellos rumbos – sólo hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer, por no mencionar otras peculiaridades en relación al género femenino…. Hoy, habiendo transcurrido casi cien años, aun me encuentro con mujeres enajenadas que desean…, que necesitan “una habitación propia”.

En la mañana conversaba con mi amiga Karla quien afligida me compartía que  cargaba con la responsabilidad de cuidar a su padre. Karla está divorciada, tiene profesión, sueños, dos hijos adolescentes, hobbies, cargas económicas, amigas, y algunas otras cosillas más. Su papá, con más de 75 años a cuestas, una viudez mal asimilada, dos rodillas en franca decadencia y una depresión viento en popa, se recarga del todo en Karla dado que sus otros dos hijos varones, “bien casados”, andan en lo suyo y tienen muchas cosas que hacer… (Me pregunto yo: ¿más cosas que hacer que Karla?).

Como Karla hay muchas que asumen responsabilidades de más. ¡Y es que esta identidad femenina, construida desde lo relacional: “ser para los otros y en función de los otros”, aplaudida por la sociedad,  exigida a veces por nuestros seres cercanos, consentida sin cuestionar por nosotras mismas – tenga el costo que tenga, y en espera de que así nos quieran más y mejor -, nos convierte en heroicas y necesarias a los ojos de los demás, en buenas y responsables antes nuestros propios ojos, y en una madeja de nervios y frustraciones para nuestras necesidades y deseos más profundos…

Me pregunto, a través de la voz de Marcela Serrano “¿Puede haber una sensación más excitante (y atemorizante, a la vez, lo reconozco) para una mujer, que el sentirse fuera del alcance de los demás, de los cercanos que la aman pero que simultánea y sutilmente la ahogan?”

Me pregunto también parafraseando a Woolf ¿Cómo no desear una habitación propia, con un cerrojo pesado y hermoso que impida que las  imparables irrupciones nos alejen de nosotras mismas? ¡Y tanto mejor un departamento propio, y suficiente dinerillo en la cartera, y tiempo, ¡más tiempo!… y un cuerpo para una misma, y un corazón más vivo, y una mente, que estando más tranquila, pueda, entonces sí, compartirse de manera suave y gozosa con los demás…

Las mujeres hemos nadado contracorriente, y seguimos en este esfuerzo por lograr la equidad. Encontremos espacios de recreo, de placer, de descanso, de crecimiento… sin duda ellos nos construirán en mujeres integras, donde el amor que demos no nos restará fuerza ni libertad.

Pues como Pedro Infante: “Yo soy quien soy, y no me parezco a naiden”. Y la verdad es que me parezco a muy pocos porque mi 1.80 de estatura me distingue de muchas personas, hombres y mujeres, particularmente en este mi adorado México.

Se pensaría, como mucha gente me dice, que “mi tamañito” es un privilegio en una sociedad que sobreestima la estatura. ¡Como recuerdo a mis 14 años (hace ya algunas décadas) cuando por primera vez viajé a Europa  -siendo ya cuan larga soy- que tuvimos que hacer un trasbordo en Ámsterdam para llegar a Barcelona: en la escasa hora que deambulé por el aeropuerto vi a muchas más mujeres tanto más altas que yo –o de mi vuelo al menos– de las que había visto en México en toda mi quinceañera vida.

Lo curioso, además de la s1ngular sensación de “igualdad”, fue la experiencia de respetuosa “invisibilidad”. Es que para mi era extraño que nadie se me quedara viendo con cara de ”¿será de verdad mujer?”, o de “¿qué clase de zancos porta esta chica?”, ni decir los murmullos irrespetuosos de “grandotas aunque me peguen…”

Será la “manga del muerto” y dirán que la altura proyecta respeto, seguridad, y elegancia. Yo me veo grandota en un Fiat de esos chiquititos que me gustan, rozo al pasar bajo algunos candelabros colocados -desde mi longitudinal perspectiva– fuera de lugar, y sufro para encontrar pantalones de mi largo.

Mi querida Martha Debayle, en uno de sus programas de radio contaba que se volaría los dedos chiquitos del pie por medir 20 cm más, ¡y yo que le donaría unos 12 cm de mil amores! Pero la vida, en ese sentido, ni es justa, ni es igualitaria.

“Pero como digo una cosa digo la otra”, con el correr de los años mi “tamañón” ha jugado también a mi favor. Será que al paso del tiempo he acabado por creerme que la estatura, al menos en México, tiene algún significado. Y sin dejar de recordar mi frustración escolar de no poder ir hasta delante de la fila de la manita de la “Miss”, pienso que hoy la cosa del 1.80 me permite ver “literalmente” la vida desde un panorama más amplio y experimentarme de una forma diferente y peculiar.

Y eso de llamar la atención, que antaño me horrorizaba, se ha convertido en algo gracioso, sobre todo por lo que atañe a desafiar tabús y atravesar prejuicios. Especialmente cuando ando por la calle de la mano con mi novio, (quien es notoriamente más bajito que yo),  ya que a tanto privilegio ancestral masculino, su 1.68 y mi 1.80, nos genera una sensación de compensatorio y amoroso desafío e igualdad.