¿Cuáles son las necesidades, gustos y criterios de la mujer hoy?

 

La atractividad no es solo una cuestión de belleza o de presencia, sino también de esencia (quien realmente soy) e incluso de consciencia (de qué me doy cuenta). Por eso al hablar sobre lo que hace atractivo a un hombre no nos referimos únicamente a su belleza física, aunque también la implique, sino de más atributos que son parte de la dimensión psíquica la cual  también ha de tomarse en cuenta.

Entendemos la atractividad como la capacidad de despertar interés ajeno como consecuencia del desarrollo adecuado de los atributos y valores personales. Cada uno de esos atributos y valores puede desarrollarse si nos aplicamos a la labor con voluntad y convencimiento.

Entonces, ¿cuáles son los elementos que hoy en día las mujeres consideran más? ¿Es verdad que el físico pasa a segundo plano?

Sí y no; vivimos en una sociedad en donde indudablemente el físico es tomado en cuenta. Lo estético, lo bello, gusta; sin embargo, cada vez son más las mujeres heterosexuales que ponen por delante muchos otros elementos. ¿Y cuáles son esos elementos?

 

1. Inteligencia: es la facultad de resolver situaciones nuevas por medio del ejercicio intelectual. Pero el aspecto que atrae es su aplicación a la interacción social.

La inteligencia que enamora es aquella a la que se le denomina constructiva. Esta consiste en:

  • Escuchar más de lo que se habla.
  • Aceptar más críticas de las que se emiten, sobretodo de los demás.
  • Ser más permisivos con el comportamiento ajeno y exigentes con el propio.
  • Detectar fácilmente los valores ajenos.
  • Posibilidad de mantener relaciones simétricas.

 

2. Simpatía: es la capacidad de despertar el interés ajeno a través del ejercicio del ingenio y el don de gentes. Para ser simpático hay que ser inteligente, aunque naturalmente, no todos los inteligentes son simpáticos. La simpatía es un derivado de la inteligencia verbal, la habilidad social y la capacidad de adaptación al entorno.

Ser extrovertido facilita el ser simpático, pero para ser simpático no es imprescindible tener ese perfil. Ambos atributos se pueden aprender y así ganar algo en extroversión y en simpatía.

 

3. Personalidad: Es obvio que todos tenemos personalidad y que todos tenemos la facultad de mejorarla voluntariamente. No todos gustamos por las mismas cosas pero todos podemos gustar por alguna cosa y la clave de la personalidad atractiva no reside tanto en la magnitud objetiva de sus valores sino en su utilización oportuna y constructiva de los mismos. La persona nace pero la personalidad se hace, o mejor dicho puede hacerse si asumimos la facultad de construirnos.

 

 

La personalidad que enamora es la de quien, siendo admirable, nos hace sentir cómodos en su compañía. La simpatía que enamora es la que hace sonreír, sin burlarse de nadie. Y la inteligencia que enamora es la que sabe ponerse al servicio de una utilización no agresiva de todos los demás valores de la persona.

Entonces es importante, claro está, notar si un hombre cuida su apariencia física y se mantiene saludable; también si es autónomo económicamente, de modo que tenga acceso a una vida digna y rica en experiencias. Pero ni su físico ni su dinero terminan siendo la clave de su atractividad.

 

 

El rápido crecimiento de las redes sociales y los usos que se le dan sin lugar a dudas es algo que ninguno se veía venir. Sin embargo son una realidad y a la realidad hay que hacerle frente con todo y sus consecuencias.

Por eso hay que indagar en las consecuencias que están teniendo las redes sociales, y para profundizar en eso hay un pozo bastante hondo. Pero en este texto me limito a cómo impactan las redes sociales a la construcción del autoestima.

 

1.- No está mal querer gustar… ¡Pero hasta cierto punto!

Hay tendencias en las redes que se basan en querer –literalmente- gustar; con el constante estímulo que el cerebro produce al recibir un “me gusta”, este querer gustar puede convertirse en un verdadero problema, hasta llegar a ser una obsesión.

 

2.- La realidad está a años luz de ser lo que vemos en las redes.

Éstos estilos de vida perfectos, en donde  los que lo promueven muestran una felicidad absoluta con cuerpos con una figura envidiable, alimentación saludable, ejercicio y deporte, y además, yoga y meditación. ¿Pues cómo no va a repercutir a nuestra autoestima estar comparándonos constantemente con personas que suben diariamente fotos y publicaciones de una vida “ideal”?

 

3.- A quien te tienes que gustar es a ti

El estar todo el tiempo observando a los llamados influencers nos lleva a querer satisfacer una constante necesidad de gustar; de complacer a los demás. Y es un hecho que la mirada de los demás es un factor determinante en  la construcción de nuestro carácter, pero con las redes sociales esto se ha llevado a un extremo, que como cualquier extremo, dista mucho de lo sano.

 

Las nuevas tecnologías nos permiten construir una imagen nueva, que podemos controlar y modificar a nuestra conveniencia, pero claro, siempre con un precio: el mostrar esa imagen que queremos mostrar no tiene el mismo valor sin un público que lo observe. El verdadero valor de los likes es confirmar que estamos siendo vistos y evaluados.

Y hasta parece que no se vale tener un mal día o enojarse y entonces todo el tiempo se tiene que vivir en una pose constante (hasta cuando se está teniendo un mal momento). Como ya lo mencioné, las redes sociales no son las responsables –del todo- de este fenómeno que está ocurriendo; es el uso, consciente o inconsciente, que se les da lo que puede llegar a generar consecuencias en la autoestima

 

Es muy importante reconocer los hábitos que te auto sabotean. Muchas veces lo que te ha permitido estar donde estás hoy no es lo que te facilitará llegar a donde quieres. Tendemos a actuar en piloto automático repitiendo conductas que podemos creer que son parte de nuestro carácter.

¿Por qué aun sabiendo qué se quiere y qué se necesita cambiar es tan difícil hacerlo?

Creencias  que atascan:

  1. La ambición es mala: Las mujeres con un “high profile” son generalmente criticadas de ser muy ambiciosas y demasiado interesadas para ser confiables.
  2. Ser una buena persona implica no desilusionar a nadie: Por lo tanto para vivirte como buena persona requieres negarte a ti misma para no “traicionar” a los demás, y así no sentir la culpa y la vergüenza de defraudar.

Estas creencias se basan en la idea de que las mujeres han de priorizar las necesidades de los demás por encima de los propios. Y de las creencias surgen los hábitos…

 

Hábitos que impiden a las mujeres lograr sus metas:

1.Esperar que los otros de forma espontánea se den cuanta y premien tus contribuciones: Tú necesitas ser la promotora de ti misma. No es suficiente trabajar mucho y dejar que el trabajo “hable por sí solo”, también hay que comunicarlo.

2. Construir más que aprovechar las relaciones: Las mujeres somos especialistas en construir relaciones, pero pocas veces las construimos para catapultar nuestras ambiciones. Aprovechar relaciones es:

  • Reciprocidad: “Ayúdame y te ayudo”, explícita o implícitamente.
  • Conseguir tácticas para acciones a corto plazo y estrategias para logros a largo plazo.
  • Es intencional. Estableces las relaciones con un propósito especifico a diferencia de cuando construyes una amistad. Ofrece recompensas medibles y concretas y no como en la amistad que son subjetivas.

No tienes menos poder que los demás y no es un abuso aprovechar una relación: busca el ganar-ganar y arriésgate.

3.La trampa de la perfección:

  • Crea estrés en ti y en los que te rodean.
  • Te atasca en detalles y te distrae de la perspectiva más amplia.
  • Los pequeños errores te derrumban.

A los hombres ejecutivos se les premia más por ser atrevidos y correr riesgos y a las mujeres por su precisión y corrección lo cual crea mucho temor a cometer errores.

Existe un perfeccionismo saludable, pero no impide delegar con responsabilidad; prioriza en vez de acaparar la acción, sobrecargándote, para que todo salga “perfecto”. ¡Confía en los demás!

4.La esclavitud a agradar: Querer que todos a tu alrededor se sientan bien y te quieran puede ser un problema ya que no te permite actuar con autoridad. Además, puedes dejar de ser buena aliada o ser poco confiable porque te limita excesivamente la opinión de los demás. Poder leer las necesidades ajenas tiene ventajas, pero querer ser siempre motivadora, conectada y comunicadora con todos puede ser una limitante.

5.Minimizarte: Achicarte, agarrar el último asiento, encogerte de brazos y piernas, agacharte, etc. perjudica tu habilidad de proyectar autoridad y poder. Lo mismo con el lenguaje diciendo “perdón, solo digo algo rápido”, o bien hablando de un “nosotros” cuando lo que toca es decir “Yo”. Así das la imagen de que lo tuyo es menos importante y no quieres quitarles el tiempo.

6.Dejar que tu radar te distraiga: Las organizaciones privilegian la observación de laser: poner foco a lo central. Es importante aprender a replantearte la información que notas. Esto no implica escoger entre los pensamiento que vienen a tu mente y lo que quieres comunicar sino integrar toda la información de tu cerebro izquierdo y derecho y poner foco a lo que en ese momento quieres hacer.

Empieza con una cosa a la vez:

Hay hábitos a los que te apegas porque te sirvieron en el pasado. Es difícil reconocer que lo que una vez fue útil hoy puede no servirte porque las conductas familiares las sentimos parte de nosotras mismas. Pero dejarlas ir o usarlas solo cuando es necesario ayuda a crecer.

Es necesario que cada vez más y más mujeres se posicionen en puestos de poder y de influencia. Espero que estas ideas te ayuden a llegar al lugar que quieres en tu rama de experiencia, en tu trabajo y en tu organización para que así seas una mujer que pueda hacer una diferencia positiva en nuestro mundo.

 

 

 

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Paso 1: Conoce tus sueños y valores. Identificar primero aquello que te mueve internamente para actuar, tanto anhelos que no hemos podido realizar como valores que consideramos principios rectores de tu vida. Sin una claridad de lo que profundamente honras y deseas es difícil tener una directriz de acción. Los anhelos o sueños profundos responden quizás a deseos legítimos de seguridad, estabilidad, paz, orden y pueden tener alguna relación con aprendizajes tempranos o experiencias infantiles – tanto de carencia como de abundancia -. Los valores por su parte son una cualidad que te hace apreciar o estimar ciertas cosas, hechos o personas de forma positiva. Para identificar tus anhelos y valores fundamentales puedes echarte un clavado a tu historia, recuperar los momentos en que te has sentido orgulloso de ti mismo, revisar las decisiones difíciles que has tomado y los efectos de las mismas en tu vida.

Paso 2: Definir metas a largo plazo que manifiesten tus anhelos y valores fundamentales. Este paso consiste en identificar lo que quieres lograr en distintas áreas de tu vida: personal, amorosa, familiar, económica, social, laboral, recreativa,  entre otras. No todas estas áreas tienen la misma importancia a lo largo de la vida ni en determinados momentos de la misma pero de una u otra forma todas requieren de alguna atención para lograr un desarrollo armónico en tanto que todas se correlacionan influyéndose mutuamente. Alinear tus metas con tus anhelos y valores fundamentes generará en ti mayor motivación para actuar y un efecto satisfactorio ante los logros conquistados. Sin metas claras basadas en valores es difícil afrontar las dificultades que se presenten en el trayecto y desplegar los recursos necesarios para sobreponerte.

Paso 3: Conocer tu realidad actual, tanto interna como externa. Para alcanzar tus metas tienes que conocer tu punto de partida, el territorio que atraviesas y las herramientas con las que cuentas para el recorrido. Alinear tus aspiraciones a las circunstancias y posibilidades reales es requisito fundamental en la construcción de un proyecto de vida. Todas las personas tenemos un conjunto de fortalezas y debilidades que entrarán en juego en nuestro actuar y reconocerlas nos hace consciente de tus puntos fuertes y de tu “tendón de Aquiles”. Además del autoconocimiento has de tener claro el “mapa” del territorio que recorrerás; es decir, la situación en la que te encuentras, el contexto y las circunstancias puntuales que te condicionan.

Paso 4: Definir planes de acción para cada una de nuestras metas. Estás listo para definir los pasos que debes dar para iniciar el trayecto. Es importante desglosar tus metas a largo plazo en objetivos a mediano y corto plazo. Estos son una especie de andamiaje que implican planes de acción concretos que te clarificarán la ruta, los tiempos y los  recursos necesarios para emprender el trayecto. No tienes control de todo, pero sí requieres de una ruta para iniciar el viaje – aún cuando ésta será revisada y replanteada a lo largo del camino -.

Paso 5: Tomar acción y aprender de la experiencia. A caminar se aprende caminando, así que ninguna planeación es suficiente si no accionas. El llevar a la práctica lo planeado con la mirada puesta en metas claras  y la motivación apoyada en los valores personales, es el paso último para desplegar el proyecto de vida personal.

Pero, por más que hayamos preparado el viaje, habrá cosas que redefiniremos durante el trayecto y que replantearemos desde la experiencia. Seguramente habrá cambios, errores y ambivalencia, todo es parte del aprendizaje y del crecimiento mismo. Una cosa es el mapa que diseñas para ubicarte pero otra el territorio que estás recorriendo. Y es que la experiencia misma de construir tu proyecto de vida es el medio para  construirte a ti mismo.

El papel de la suegra ha tenido un impacto histórico en la vida de las familias. Generalmente, se hace mofa de la relación entre yerno y suegra, siendo él quien se queja, el que dice a su esposa que no inviten a su mamá a la casa, etc., (pensando con en este ejemplo en la alianza que hay entre madre e hija, esta última esposa del hombre en que pensamos). Pero, realmente, las relaciones más complicadas se dan entre la de suegra y nuera. Analicémos el por qué.

Muchas “super suegras” se consideran las encargadas de enseñar a las nueras cómo construir un hogar. Es ahí donde puede comenzar el jaloneo entre las dos mujeres que se identifican con ese rol, que se viven como cuidadoras y que se consideran encargadas de lo emocional, para ver a cuál de las dos les hace caso el hijo-esposo.

Valdría la pena decir, que un hijo adulto que no obedece plenamente a sus padres, que se alía con su pareja, que no acata ciégamente los mandatos maternos y familiares, da cuenta de una buena educación, pues una educación exitosa lleva a la autonomía, a la toma de consciencia, a un pensamiento independiente, y a la construcción de nuevos modelos de vida adecuados a los retos presentes y a las personas que los desafían. Se vale –y suma como parte de la integreidad personal- ser buen hijo: respetuoso, considerado, generoso, conectado; pero un hijo que idolatra a su madre o padre, generalmente es mal padre o mala pareja, pues cumple una función de, pareciera, pareja o padre de sus propios padres.

Dicho lo anterior, ¿cómo se puede ser una buena suegra?:

  • Se debe considerar si las intromisiones en la pareja de su hijo responden más que a su “buena voluntad” a problemas propios de su vida de pareja
  • Las buenas suegras aprenden que los límites pueden ser oportunidades para “jubilarse” de un estilo de ser madre que está caduco ya.
  • Una suegra buena entiende y tolera que la nuera y el hijo prueben métodos, hagan sus pininos y tropiecen en el transcurso del tiempo.
  • Una buena suegra tiene un proyecto de vida personal, no puede hacer de su hijo y de la familia de su hijo su proyecto de vida.
  • Las buenas suegras trabajan sus propias carencias y dolores del pasado para no querer resolverlos a través de sus hijos.
  • Quizás algunas cosas bien pensadas, con estrategias bien planeadas, pueden ser aclaradas con su nuera, pero los reclamos y enojos de una madre debe manejarlos con su hijo, directamente.

El punto de ser una suegra perfecta es ser una mujer realizada, madura, que ubica su papel en el rol familiar, que entiende lo que es la autonomía y que si no la ha alcanzado todavía, está en momento de alcanzarla. Por su parte las buenas nueras tienen también sus desafíos:

  • No solicitar que el hijo “rompa relaciones” con su madre aún si ella no es de su particular agrado.
  • Si tienes hijos, no negar a los hijos el afecto a la abuela como manera de “cobrar” las diferencias que se tiene con ella.
  • Acordar con el esposo abiertamente lo que requiere la nueva pareja y la nueva familia para construir su propio estilo de vida y escala de valores.
  • Poder negociar con la pareja qué eventos puedes compartir con su familia (particularmente su mamá) y de cuáles prefieres abstenerte cordialmente para no sobre cargar la relación.
  • No entrar en competencia con la suegra sino escuchar con apertura lo que la experiencia de ella. No se trata de ganar, sino de madurar.
  • No compararla con los propios padres.
  • Recordar que no se tiene que estar de acuerdo en todo pero si procurar siempre un trato cordial.

Una mujer construirá junto con su pareja una sólida relación de pareja, no por las batallas ganadas a la suegra, sino por su apuesta a la propia madurez y a la solidez construida en su nueva relación. Pero ojo, el papel del hijo es central en esta triada: un hombre que se abstiene de definir su postura a favor de su pareja y sigue “exaltando” de manera desbordada el rol de su propia mamá, favorecerá el crecimiento del conflicto, el distanciamiento y la ruptura de su propia relación.

 

¿Cómo es que en el actuar concreto nos saboteamos?

 Muchos nos quejamos de no tener un buen amor pero al mismo tiempo desconocemos algunas conductas que podemos identificar y modificar para relacionarnos mejor.

Citemos algunas de ellas:

  1. Encerrarse en la propia vida, en la propia casa, en el propio círculo, esperando que el amor toque a la puerta.
  2. Descuidarse en lo personal para dejar de resultar atractivo.
  3. No dar el primer paso esperando que el otro lo de cuando sería oportuno hacerlo.
  4. Mostrar frialdad cuando en realidad lo que se experimenta es interés.
  5. Burlarse o minimizar expresiones afectuosas y cálidas.
  6. No responder a llamadas o mensajes considerando que son de pequeña importancia o que así se va a generar mayor interés en el otro.
  7. Ocultar los propios deseos y sentimientos por temor a ser rechazado: ¡Ojo! Esto no significa desbordarse.
  8. Entrar en una lucha de poder y discutir de todo y por todo con el fin de “tener la razón”.
  9. Dosificar las muestras de cariño para que el otro no sienta que me tiene a su “merced”.
  10. Ser hiriente con información confidencial que se me ha confiado.
  11. Intentar empequeñecer las características y logros de la pareja para que “no se crea de más”.
  12. Ignorar los problemas en vez de enfrentarlos, esperando que la pareja los adivine y los resuelva, o creyendo que el tiempo por sí mismo los solucionará.
  13. Precipitar compromisos que “ni al caso” por el temor a perder a la persona deseada.
  14. Liarse sexualmente pensando que eso asegurará la permanencia de la persona en la relación.
  15. Criticar con otras personas a la pareja con el fin de que los demás nos confirmen que no vale la pena seguir la relación.
  16. Callar los malestares amorosos quitándole a la pareja la oportunidad de entenderlos, conversarlos y negociarlos.
  17. Dar demás, a costa de las propias necesidades, esperando ser correspondido y luego decepcionándote de la falta de valoración y agradecimiento hacia ti.
  18. Coquetear con otros para demostrar a la pareja que no te tiene asegurado o para evadir conflictos que requieren una solución.

¿Descubres algo que te haya cerrado puertas en el amor? ¿Agregas alguna conducta que descubres que te está auto saboteando una relación?