¿Cómo es que en el actuar concreto nos saboteamos?

 Muchos nos quejamos de no tener un buen amor pero al mismo tiempo desconocemos algunas conductas que podemos identificar y modificar para relacionarnos mejor.

Citemos algunas de ellas:

  1. Encerrarse en la propia vida, en la propia casa, en el propio círculo, esperando que el amor toque a la puerta.
  2. Descuidarse en lo personal para dejar de resultar atractivo.
  3. No dar el primer paso esperando que el otro lo de cuando sería oportuno hacerlo.
  4. Mostrar frialdad cuando en realidad lo que se experimenta es interés.
  5. Burlarse o minimizar expresiones afectuosas y cálidas.
  6. No responder a llamadas o mensajes considerando que son de pequeña importancia o que así se va a generar mayor interés en el otro.
  7. Ocultar los propios deseos y sentimientos por temor a ser rechazado: ¡Ojo! Esto no significa desbordarse.
  8. Entrar en una lucha de poder y discutir de todo y por todo con el fin de “tener la razón”.
  9. Dosificar las muestras de cariño para que el otro no sienta que me tiene a su “merced”.
  10. Ser hiriente con información confidencial que se me ha confiado.
  11. Intentar empequeñecer las características y logros de la pareja para que “no se crea de más”.
  12. Ignorar los problemas en vez de enfrentarlos, esperando que la pareja los adivine y los resuelva, o creyendo que el tiempo por sí mismo los solucionará.
  13. Precipitar compromisos que “ni al caso” por el temor a perder a la persona deseada.
  14. Liarse sexualmente pensando que eso asegurará la permanencia de la persona en la relación.
  15. Criticar con otras personas a la pareja con el fin de que los demás nos confirmen que no vale la pena seguir la relación.
  16. Callar los malestares amorosos quitándole a la pareja la oportunidad de entenderlos, conversarlos y negociarlos.
  17. Dar demás, a costa de las propias necesidades, esperando ser correspondido y luego decepcionándote de la falta de valoración y agradecimiento hacia ti.
  18. Coquetear con otros para demostrar a la pareja que no te tiene asegurado o para evadir conflictos que requieren una solución.

¿Descubres algo que te haya cerrado puertas en el amor? ¿Agregas alguna conducta que descubres que te está auto saboteando una relación?

¿Cómo incrementar el bienestar y la calidad de vida a través del cuidado y uso del cuerpo?

Quizá pueda sonar controversial, pero la capitalización de sentimientos y características físicas relacionadas con el erotismo no es algo ni descabellado, ni nuevo, ni tan perverso como podría parecer. Hacer un despliegue de esos recursos en una sociedad donde el intercambio de productos y servicios es básico para la supervivencia de nuestra especie podría ser un elemento más en la lucha por una equidad de género que lleve a un mayor y mejor bienestar a las mujeres.

Catherine Hakim –socióloga británica e investigadora en el tema de discriminación femenina-  dice que el capital erótico (concepto acuñado por ella) es una más de las herramientas con las que las personas contamos para hacer frente a los desafíos de la vida pero, además, es un “algo” que puede ser manejado de manera similar a otros bienes y servicios. Eso sin mencionar el goce que genera la conquista y parte lúdica que nos aporta nuestra dimensión erótica.

           ¿Qué elementos integran el capital erótico?

  • La belleza: Factor genético y cultural (las concepciones de belleza e incluso de “perfección”, varían conforme cada cultura y época).
  • El atractivo sexual: Algunas personas que, si bien nos parecen bellos o agradables, no despiertan en nosotros el deseo sexual. Puede variar de persona a persona: no a todos nos “encienden” las mismas cosas. Gestos, manera de andar, tono de voz, etc. Son aquellas características que una persona, bonita o no, puede poseer y manejar tan bien que nos parezca atractiva.
  • El encanto: O la capacidad para caer bien a los demás. Carisma que genera el deseo o lo inhibe de estar en compañía del alguien. Su sentido del humor, su inteligencia, su sencillez o, a veces, un “no sé qué” –quizá genético también- que nos hace pensar “esta persona tiene ángel”. La gracia es una segunda impresión inmediatamente seguida a la primera vista.
  • La vitalidad: Mezcla de buena condición física, energía social y buen humor, cierta “luz”. La vitalidad integra también la agencia personal, el ir “más allá”, tener intereses variados, y otorgar una compañía placentera por el simple hecho de verles siempre buscando trascender sus horizontes. Requiere cierta condición física pero no una “musculatura” perfecta.
  • La presentación social: Es decir, el arreglo y la higiene personal, así como aquellos artículos que denoten estatus social y estilo. No nos referimos a una apología al clasismo: se puede ser elegante y tener estilo sin necesidad de tener grandes fortunas. El buen gusto va más allá de la billetera. En cuanto a la higiene personal –un buen aroma, un cabello arreglado, ropas limpias-, la corrección al expresarse y los buenos modales pueden abrirnos puertas.
  • La sexualidad: Entendida como la capacidad, energía y rendimiento sexuales, es decir, aquello que permite tener encuentros sexuales satisfactorios. Es “la cereza del pastel”: la sexualidad ha sido uno de los grandes dirigentes de las actividades humanas siempre. Este rubro incluye la capacidad, habilidad y conocimiento sexual con los que contamos y que podemos poner en práctica llegado el momento.

El cuerpo integralmente es una herramienta de expresión de quiénes somos, un recurso  para la mejora de nuestras relaciones sociales, un medio para lograr  nuestros objetivos. El cuerpo integra el gozo de nuestro erotismo y nuestra corporalidad. El capital erótico incluye el deseo de compartir estas características para el disfrute de los demás, y finalmente como forma de celebración de cómo nos hemos construido a nosotras mismas.

Hay algo muy atractivo en quien se quiere a sí mismo, en quien se trata bien y se cuida. Mucho del atractivo sexual radica en eso, en la forma en que nos disfrutamos a nosotras mismas, nos mostramos al mundo y nos compartimos.

En esta ocasión no vamos a hablar de reacciones fisiológicas y de periodos de refractario; esto es fácil de investigar en cualquier libro de sexualidad y anatomía. El propósito del tema a tratar es ver los efectos, muy diversos como diversas son las relaciones, que puede tener un encuentro sexual después de sucedido.

Cabe hacer una distinción: Es muy distinto el buen sexo de la satisfacción sexual. El buen sexo se puede tener si se da un ajuste sexual azaroso: cuerpos que se atraen, buena dosis de deseo, se complementan, tienen cierta experiencia sexual previa y se ajustan en ritmo y logran una buena respuesta sexual. La satisfacción sexual tiene que ver con una relación que complementa más áreas además de la corporal y que por tanto a lo físico suma el acoplamiento sexual duradero: sintonía en frecuencia, repertorio, sensación de reciprocidad, respuesta sexual y respuesta post sexual. A esto suma el afecto que se genera de este intercambio cotidiano.

Efectos negativos de una relación sexual y en qué casos se dan:

  • Vacío: Sensación de vacío generalmente cuando no es una decisión consciente sino que se da tras una relación con altas dosis de alcohol u otras sustancias. Pasado el coito la persona puede verse al lado de alguien que quizás ni conoce y viene a la sensación de vacío la probable sensación de repulsión y querer salir corriendo.
  • Manipulación: A veces cuando la urgencia sexual es mucha, y las estrategias de “conquista” también tienen que ver con la manipulación y el uso del otro como objeto de consumo, aunque la respuesta sexual y el desahogo sea bueno, la sensación de uso, abuso y vacío pueden acompañar la relación.
  • Exceso: El sexo casual puede tener un efecto rico y estimulante, de vez en vez… pero es como comer de vez en vez “Fast food”; cae rico y es novedad, pero que ese sea tu repertorio alimentario, será pobre e insuficiente.
  • Culpa: Otro momento en que puede haber un malestar culposo tras una relación sexual es cuando uno experimenta conductas que le parecen “incorrectas”. Aquí cabe diferenciar entre principios y prejuicios. A veces nos sentimos culpables porque traicionamos un código ético y lo que realizamos atenta nuestra integridad o la del otro y consideramos que no se hace desde el propio deseo o del otro sino por el hecho de complacer a los demás.
  • Miedo: El tener sexo por miedo (a ser abandonado, sustituido o bien a una acto de violencia del otro si te niegas) o por obligación (toca) atrofia en muy corto tiempo el mecanismo del deseo y la respuesta sexual.  Además, es un ataque a la autoestima pues deja la sensación de traicionarte a ti mismo al no  saber poner límites al otro y expresar que no quieres.
  • Frustración: Por otro lado el no expresar durante la relación sexual lo que deseas, lo que te gusta, lo que necesitas, también puede dejar al final una sensación de incompletud y de depender de “la pericia y buena voluntad” del otro para lograr tu satisfacción. El orgasmo es de quien lo trabaja, y no poder manejarte en libertad para pedir, sugerir, y darte lo que requieres te hará sentir frustrado.

Ahora, ¿qué favorece que una relación sexual sea satisfactoria?

  • Amor: Sin duda el mayor afrodisiaco, aunque la respuesta sexual no sea siempre un orgasmo “cósmico”, es el enamoramiento. Pocas cosas son tan estimulantes y generan tal sensación de comunión y por tanto de deseo sexual que el estar enamorado. En este estado, la relación sexual es en términos generales muy satisfactoria.
  • Un encuentro más allá de lo sexual: También puede haber relaciones casuales que dejan buen sabor de boca. Esto tiene que ver cuando además de que el sexo en si mismo sea bueno y la respuesta sexual satisfactoria, el encuentro sea humano es gratificante. Es decir, podemos tener sexo de una sola noche pero hacer de la experiencia algo relevante, enriquecedor, acompañador y no banal.
  • “After-sex”: Sin duda, la buena respuesta orgásmica y el trato post orgásmico, son factores en sí mismos que generan bienestar. Por humana y cuidadosa que sea una relación sexual, si nunca se llega al clímax, pues al tiempo será todo menos relación sexual. Del mismo modo si tras la culminación no se da un mínimo de afecto e intercambio, sobre todo a las mujeres, la calidad de la relación por buena que haya sido, se verá reducida.
  • Vinculación: El buen sexo vincula, y el buen vínculo facilita el buen sexo y la satisfacción sexual. Así que algo que ocurre tras la práctica placentera del erotismo es la creación de vínculos: te quedas con las ganas de volver a encontrarte, de acercarte, de pertenecer de alguna manera a la vida del otro.

Con riesgo de sonar egoísta, cosa particularmente despreciable en boca de casi cualquier mujer – de quienes se espera toda entrega y toda generosidad – afirmo que pocas experiencias me han resultado tan gratificantes, liberadoras y expansivas, como tener mi “habitación propia”.

En 1928, Virginia Woolf, escritora y feminista inglesa, fue invitada a dar unas charlas sobre el tema de la mujer, y ante la pregunta “¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas?”, ella contestó de manera realista y valiente: “Independencia económica y Una Habitación Propia”. De ahí surge su ensayo titulado con el mismo nombre, donde Woolf construye un discurso real y al mismo tiempo metafórico sobre los derechos de la mujer, tanto en lo referente a su expresión a través de las letras, como a su vida cotidiana.

Recordemos que por aquellos tiempos – y por aquellos rumbos – sólo hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer, por no mencionar otras peculiaridades en relación al género femenino…. Hoy, habiendo transcurrido casi cien años, aun me encuentro con mujeres enajenadas que desean…, que necesitan “una habitación propia”.

En la mañana conversaba con mi amiga Karla quien afligida me compartía que  cargaba con la responsabilidad de cuidar a su padre. Karla está divorciada, tiene profesión, sueños, dos hijos adolescentes, hobbies, cargas económicas, amigas, y algunas otras cosillas más. Su papá, con más de 75 años a cuestas, una viudez mal asimilada, dos rodillas en franca decadencia y una depresión viento en popa, se recarga del todo en Karla dado que sus otros dos hijos varones, “bien casados”, andan en lo suyo y tienen muchas cosas que hacer… (Me pregunto yo: ¿más cosas que hacer que Karla?).

Como Karla hay muchas que asumen responsabilidades de más. ¡Y es que esta identidad femenina, construida desde lo relacional: “ser para los otros y en función de los otros”, aplaudida por la sociedad,  exigida a veces por nuestros seres cercanos, consentida sin cuestionar por nosotras mismas – tenga el costo que tenga, y en espera de que así nos quieran más y mejor -, nos convierte en heroicas y necesarias a los ojos de los demás, en buenas y responsables antes nuestros propios ojos, y en una madeja de nervios y frustraciones para nuestras necesidades y deseos más profundos…

Me pregunto, a través de la voz de Marcela Serrano “¿Puede haber una sensación más excitante (y atemorizante, a la vez, lo reconozco) para una mujer, que el sentirse fuera del alcance de los demás, de los cercanos que la aman pero que simultánea y sutilmente la ahogan?”

Me pregunto también parafraseando a Woolf ¿Cómo no desear una habitación propia, con un cerrojo pesado y hermoso que impida que las  imparables irrupciones nos alejen de nosotras mismas? ¡Y tanto mejor un departamento propio, y suficiente dinerillo en la cartera, y tiempo, ¡más tiempo!… y un cuerpo para una misma, y un corazón más vivo, y una mente, que estando más tranquila, pueda, entonces sí, compartirse de manera suave y gozosa con los demás…

Las mujeres hemos nadado contracorriente, y seguimos en este esfuerzo por lograr la equidad. Encontremos espacios de recreo, de placer, de descanso, de crecimiento… sin duda ellos nos construirán en mujeres integras, donde el amor que demos no nos restará fuerza ni libertad.

Pues como Pedro Infante: “Yo soy quien soy, y no me parezco a naiden”. Y la verdad es que me parezco a muy pocos porque mi 1.80 de estatura me distingue de muchas personas, hombres y mujeres, particularmente en este mi adorado México.

Se pensaría, como mucha gente me dice, que “mi tamañito” es un privilegio en una sociedad que sobreestima la estatura. ¡Como recuerdo a mis 14 años (hace ya algunas décadas) cuando por primera vez viajé a Europa  -siendo ya cuan larga soy- que tuvimos que hacer un trasbordo en Ámsterdam para llegar a Barcelona: en la escasa hora que deambulé por el aeropuerto vi a muchas más mujeres tanto más altas que yo –o de mi vuelo al menos– de las que había visto en México en toda mi quinceañera vida.

Lo curioso, además de la s1ngular sensación de “igualdad”, fue la experiencia de respetuosa “invisibilidad”. Es que para mi era extraño que nadie se me quedara viendo con cara de ”¿será de verdad mujer?”, o de “¿qué clase de zancos porta esta chica?”, ni decir los murmullos irrespetuosos de “grandotas aunque me peguen…”

Será la “manga del muerto” y dirán que la altura proyecta respeto, seguridad, y elegancia. Yo me veo grandota en un Fiat de esos chiquititos que me gustan, rozo al pasar bajo algunos candelabros colocados -desde mi longitudinal perspectiva– fuera de lugar, y sufro para encontrar pantalones de mi largo.

Mi querida Martha Debayle, en uno de sus programas de radio contaba que se volaría los dedos chiquitos del pie por medir 20 cm más, ¡y yo que le donaría unos 12 cm de mil amores! Pero la vida, en ese sentido, ni es justa, ni es igualitaria.

“Pero como digo una cosa digo la otra”, con el correr de los años mi “tamañón” ha jugado también a mi favor. Será que al paso del tiempo he acabado por creerme que la estatura, al menos en México, tiene algún significado. Y sin dejar de recordar mi frustración escolar de no poder ir hasta delante de la fila de la manita de la “Miss”, pienso que hoy la cosa del 1.80 me permite ver “literalmente” la vida desde un panorama más amplio y experimentarme de una forma diferente y peculiar.

Y eso de llamar la atención, que antaño me horrorizaba, se ha convertido en algo gracioso, sobre todo por lo que atañe a desafiar tabús y atravesar prejuicios. Especialmente cuando ando por la calle de la mano con mi novio, (quien es notoriamente más bajito que yo),  ya que a tanto privilegio ancestral masculino, su 1.68 y mi 1.80, nos genera una sensación de compensatorio y amoroso desafío e igualdad.

Me siento afortunada de haber nacido en los 60´s y con ello empezar a disfrutar de las posibilidades de una vida que mis “ancestras” les hubiera sido imposible imaginar. Fui a la Universidad, me casé con quien quise, he trabajado toda mi vida, me he especializado, diversificado y refinado en mi profesión. Tengo los hijos que elegí tener y vivo bastante a mi placer…

No he sido ajena al tema del amor; he conocido el matrimonio, también los deslices efímeros y me he quemado –a fuego lento o de un jalón- con la pasión.  ¿Cómo es entonces que de vez en vez me gana el abrume, me absorbe el cansancio y me pasma cierta desolación?

Las mujeres hoy hemos conquistado muchos territorios nunca antes pensados para nosotras, vamos escogiendo lo que antes se nos imponía y disponemos de más recursos para diseñar la vida a nuestro mejor entender. Pero muchas veces minimizamos que lo que para nosotras son grandes logros y liberación, también tiene una trampa de exceso y de invisible coerción.

Tenemos nuevas posibilidades y pisamos nuevos escenarios, sí; pero, ¿alguien nos sustituye realmente en nuestro rol ancestral?; ¿podemos compartir paritariamente tareas que se nos han adjudicado por aquello de nuestra “naturaleza femenina” y que en ocasiones más que realizarnos nos atrapan dejando una vida con poco equilibrio personal?

Clara Coria, en su libro “Los Cambios en la Vida de las Mujeres” describe cómo las féminas aún nadamos contra corriente. Define la contra corriente como todas esas tareas y funciones que las mujeres realizamos para que marche la vida de los demás.

En nuestra esfera privada habilitamos la vida de nuestras familias y quereres cercanos: parejas, hijos, padres, hermanos, amistades y compromisos sociales en general; y en la esfera pública (instituciones públicas y privadas, laicas y religiosas, educativas o laborales) también desempeñamos roles y puestos de trabajo –con sueldos con frecuencia menores a los de los varones-  tendientes a proporcionar servicios que faciliten la vida de quienes están a nuestro alrededor. Hay sus excepciones, las hay, pero pareciera que en el ser mujer está dicho que hemos de “ser para los otros”  y dejarnos en segundo lugar, siempre por supuesto esforzándonos un tanto de más.

Y ahí andamos haciendo “circo, maroma y teatro”, buscando recursos y armando malabares para hacerlo todo y hacerlo bien. Pero, ¿será necesario, lógico y natural que seamos una especie de “superwoman” que explicita o recónditamente se siente a punto de tronar?  Querer conciliar tantas faenas nos supera en demasía, nos deja escaso tiempo libre y merma de forma considerable nuestro bienestar.

Soy lo último parecido a la proclamación de la mediocridad, pero evidentemente noto en mi cuerpo y en mi psique, al igual que en el de muchas de mis congéneres, que hacemos demasiado y por eso nos extenuamos. ¡Ah! Y solo nos quejamos cuando ese “demasiado” o se nos “pasó de tueste”. De vez en vez una explosión, ¡cómo no, si somos humanas!; sobre todo cuando vemos que nuestros queridos más cercanos -que nos aman, sí, pero se nos cuelgan, también- tienen más tiempo libre, menos responsabilidades, más diversión y menos agotamiento. Es hasta entonces que empezamos a cuestionar si no podremos “tener una rebanadita de ese mismo pastel”.

Las mujeres, de la mano de nuestro imparable desarrollo, seguimos cargando a cuestas (y en solitario) los mandatos de ser buena madre, buena hija, buena compañera, buena trabajadora, buena esposa… Manejamos así dobles y triples turnos y desplegamos la impronta de ser “satélites de los deseos ajenos” y amalgama del “verdadero amor”. ¿Se abusa de nosotras? Sí. Y con un espejismo de “libre elección”  lo que se perpetúa es un “sexismo de libre elección”. Por eso no entendemos: si nosotras escogimos nuestra vida ¿por qué nos sentimos tan mal?. Es que adaptamos nuestras preferencias a lo que se nos ofrece, pensando que elegimos con libertad. Nadar contra corriente desgasta, el problema es que a punta de hacerlo y de que nos salga, nos parece normal.

No solo las alternativas reales siguen siendo limitadas, sino que los condicionamientos de género siguen condicionando nuestro pensar, sentir y actuar. Aún falta una conciencia para cuestionar más la forma en que vivimos, y también faltan verdaderas alternativas que concilien lo laboral, lo familiar y lo personal. En eso estamos muchos, y seguimos sembrando de a poquito, pero entendamos pues -y comprendan quienes creen que la igualdad de género ya es una conquista: ¿cómo no nos vamos a agotar?

La persona codependiente manifiesta una excesiva e inapropiada preocupación por las dificultades de otra persona.

Genera relaciones problemáticas –insatisfactorias y hasta destructivas – por la falta de individuación. No ven que: “Tú eres tú y yo soy yo”.

Organiza su conducta alrededor de las necesidades del otro para calmar su propia ansiedad.

Síntomas codependientes:

  1. Estar siempre preocupado por complacer a los demás.
  2. Tener dificultades en decir que no o en expresar sus preferencias.
  3. Comunicación deshonesta y confusa.
  4. Su autoestima depende de la aprobación de los demás.
  5. Temor a ser rechazados o abandonados.
  6. Dificultad de estar en soledad.
  7. Negación de aspectos problemáticos para no desestabilizar ni molestar
  8. Pasan su tiempo tratando de cambiar a su pareja u otras personas significativas.
  9. Falta de límites claros.
  10. Sostienen relaciones insatisfactorias
  11. Necesidad de control que les da “pseudo seguridad”
  12. Obsesiones por los propios errores o las conductas de los otros.
  13. Genera relaciones de sumisión-dominación.

¿De dónde viene?

  • Por una estructura de carácter muy ansiosa.
  • Por carencias afectivas tempranas y por tanto no desarrollar un apego seguro.
  • Por creencias románticas sobre el amor “Tu y yo somos uno mismo”.
  • Por condicionamientos sociales que nos hacen poner de lado nuestra vida personal y depender de alguien. En general a las mujeres más que a los hombres se les educa para ser satélites de los deseos ajenos.
  • Desigualdades de poder donde alguien realmente tiene menos poder (físico, económico, social: generalmente las mujeres) y aunque quisiera salir de la relación pone en riesgo su integridad física, emocional, económica, etc.

Hay que pedir ayuda cuando:

– Sientes que estás perdiendo individualidad

– Te encuentras aislado/a socialmente

– Mientes sobre tu pareja a tu amigos y familiares

– te sientes atrapado en una relación que no te conviene

*La independencia económica no genera la autonomía pero sin independencia económica no se puede conquistar la autonomía. ¿Qué es la autonomía? La legitimación de los propios deseos, necesidades, intereses y valores.

 

“Pequeños periodos de trabajo intensivo
generan grandes beneficios en tus relaciones”

La falta de tiempo, las grandes distancias y los diversos desafíos de nuestro presente hacen que a muchas personas les resulte imposible atender un proceso terapéutico semanal, incluso quincenal. Por eso hemos diseñado el Programa Intensivo de Psicoterapia, un servicio que no solo abre opciones claras y eficaces para entender y mejorar la dinámica de la vida en pareja y en familia, sino que también se adpata a las necesidades de la vida actual.

¿Para quiénes es adecuado?
Para parejas y familias que al sentirse atrapadas en una dinámica relacional viciada, quieren aprender a sortear, afrontar y atravesar sus problemas con nuevas herramientas, menos desgaste, y mejores resultados en lo individual, en la relación de pareja y en la convivencia familiar.

¿A quíen va dirigido?
A todas las personas que:
1. Buscan una valoración de su situación
2. Requieren un tratamiento terapéutico breve pero intensivo, sólido en lo profesional y eficaz en lo relacional.
3. Quieren romper ciclos relacionales viciados.
4. Quieren aprender a manejar y resolver problemas.
5. Desean construir relaciones de pareja y familia más satisfactoria.

¿Cómo funciona?
El Pogrmada de Psicoterapia Intensiva no da respuestas mágicas a problemas complejos, pero sí es una herramienta poderosa que favorece el entendimiento y el cambio. También es un recurso preventivo ante los dilemas incipientes que se presentan en toda convivencia de pareja y de familia.

Comprendemos que el conflicto en las relaciones más allá de que algo vaya “mal”, es una fuente primaria de crecimiento y madurez, así el Programa Intensivo de Psicoterapia no sólo fomenta soluciones ante los problemas, sino que los utiliza para el crecimiento de las personas involucradas. Pero minimizar, negar y evadir los malestares relacionales, tarde o temprano genera quiebres severos que pueden ser irreparables.

¿Cómo trabajamos las sesiones?
Dependiendo de la particular situación que esté atravesando la pareja o familia, se trabajan entre 5 sesiones -en la modalidad básica- hasta 12 sesiones -en la modalidad extensa-.

Las sesiones son de una hora y se dan en un intervalo de va dura desde medio día hasta un día y medio.

Si bien con información previamente solicitada se diseña una propuesta a la medida de los consultantes, esta misma se va ajustando durante el transcurso de las sesiones a las demandas puntuales del proceso en curso.

Todas las sesiones tienen en común:
• Un entendimiento único de cómo funcionan las relaciones amorosas y familiares.
• Una nueva imagen de uno mismo, de su pareja/familia y de las relaciones humanas.

En su esquema básico se plantean 5 sesiones que consisten en:
1. Descripción del problema y síntomas que genera.
2. Primera sesión individual con los miembros de la familia o pareja para abordar la perspectiva de cada uno en la dinámica relacional.
3. Segunda individual con los miembros de la familia o pareja para abordar la perspectiva de cada uno en la dinámica relacional.
4. Sesión de pareja o familia con devolución sobre las interacciones que vician la relación y con reconocimiento de las creencias que sostienen esas interacciones incluidos los rasgos de carácter de cada uno de los participantes.
5. Sesión conjunta con alternativas de solución.

A este esquema se agregan, en la modalidad extensa, ejercicios vivenciales, información general del problema que atraviesan, ejercicios de resolución de conflictos, y sesiones de profundización tanto individuales como conjuntas.

Temas frecuentes a trabajar en un Programa Intensivo de Psicoterapia:
• Infidelidad.
• Crianza de los hijos.
• Falta de comunicación.
• Desigualdad de poder en la familia.
• Violencia intrafamiliar.
• Relaciones con la familia de origen.
• Necesidad de mayor intimidad.
• Necesidad de mayor compromiso.
• Necesidad de mayor pasión.
• Transición en los ciclos de vida de pareja y de familia.
• Desmantelamiento de pleitos frecuentes “sin importancia” pero que repercuten a la relación (es).
• Separación y divorcio.
• Discusiones constantes.
• Problemas de control y de poder en las relaciones.
• Problemas en la relación erótico-afectiva.
• Celos.
• Manejo del dinero en la familia y la pareja.
o Entre otros…

¿Qué puedes esperar de este abordaje?
• Aclarar origen del problema.
• Trascender discusiones y argumentos innecesarios.
• Parar los intentos de solución que agravan el conflicto.
• Integrar perspectivas diferentes sobre los problemas para generar cambios significativos en la dinámica relacional.
• Tomar responsabilidad individual de la participación en el conflicto de pareja o familia para que el cambio suceda.
• Revertir el ciclo negativo y viciado en pro de dinámicas relacionales más oportunas y constructivas.
• Construir relaciones actualizadas y satisfactorias.

¿Se da algún tipo de seguimiento?
Al terminar el Programa de Psicoterapia Intensiva, los consultantes junto con el terapeuta, decidirán si sé requiere algún tipo de seguimiento, y en caso de considerarlo necesario lo elegirán –en tiempo y forma- de común acuerdo.
Solo un 50% de los consultantes solicita algún tipo de seguimiento (en persona, virtual o por escrito). El otro 50% deja abierta la posibilidad de consultar tras dejar pasar un tiempo suficiente para acentar lo aprendido y aplicar nuevas acciones y prácticas en su relación.
La pareja y/o la familia, con o sin seguimiento, se llevan un serie de tareas para afianzar el impacto del proceso vivido.

Tel: 15570199

 

  1. Antes de iniciar cosas nuevas, cierra círculos y limpia tus cajones. ¿Cómo iniciar algo y creerte que lo lograrás si tienes muchas tareas pendientes? ¿De qué forma introducir cosas nuevas a tu vida si no te liberas de lo que ya no requieres para tu caminar? Haz un recuento de dónde y cómo estás.
  2. Asume que el cambio no es un evento sino un proceso. Por tanto no se pueden hacer un par de movimientos y esperar milagros, pero sí pequeñas acciones sostenidas en el tiempo te llegarán a lugares diferentes.
  3. Alinea tus aspiraciones a tus posibilidades. Desconocer tus recursos reales –económicos, sociales, afectivos- te llevarán a desear imposibles, a frustrarte y a dejar de creer en la posibilidad de mejorar. Pero al mismo tiempo, aumenta las cartas que te ha dado la vida (recursos de todo tipo) y haz mejores jugadas.
  4. Pero ojo, cuándo uno cree dominar el juego, la vida te dará seguramente un “volteón” y tienes que volver a aprender a jugar, otro juego pero ahora sí con más cartas, mejores estrategias, y más experiencia. De ahí la importancia de tolerar la incertidumbre y ansiedad que produce lo nuevo y lo desconocido.
  5. Pensar sirve, pero sobre pensar no te llevará a la transformación.
  6. Ejercita la voluntad: ¡nada la sustituye! Hacemos y deshacemos cosas, terapias, lecturas, pero el cambio lo acciona una mismo. No tus consultores, ni tus terapeutas, menos tu mamá, tus acciones. La voluntad es como las postural del yoga… Pero con metas REALES aunque sean pequeñas, pero sostenidas.
  7. No todo depende de ti. La cancha en que jugamos no siempre es pareja, por eso el tema del poder es importante ¿Quién tiene más privilegios en todos sentidos? Quién goza de más privilegios tendrá más facilidades para conseguir cosas. ¡No te culpes de todo! Pero sí hazte consciente de tu situación.
  8. Considera el trabajo colaborativo en un mundo individualizado. De ahí la importancia de compartir, y de ser necesario trabajar en equipo y formar grupos para compensar los desbalances. Ni qué decir de las políticas públicas que harían falta en tantos ámbitos familiares, sociales, económicos y políticos.
  9. El malestar amoroso es una constante así que:
  • No hagas del amor tu único proyecto de vida.
  • Y si quieres vivir en pareja, renuncia a la pareja “ideal”, no existe. Lo que sí hay son amores suficientemente buenos.
  • La valoración personal en tanto que me quieren, o me desean, o me eligen, es una trampa mortal para la autoestima.
  • Deja de compararte con la gente que tiene una vida, una pareja, una familia, “normal”. ¿Qué es normal hoy? Existen muchos modelos de vivir el amor, la vida, la familia, y la soltería.
  1.  Ve más allá de tus narices. Mucho de lo que hagas hoy no lo verás mañana, ni quizás pasado mañana, pero eso no quita que te de sentido de vida y de realización personal.

 

Si estás muy atorado. Pide ayuda: comparte, pregunta, consulta.

De todas las frases trilladas que he escuchado o leído respecto al cambio la que más me resonó -que no me acuerdo de quién escuché- dice que “lo único que no cambia es el cambio”; y es que si bien el cambio siempre ha estado presente en nuestros ciclos de via, hoy más que nunca es una constante que abre el cuestionamiento de qué postura queremos asumir ante él: ¿somos agentes pasivos o tomamos las riendas de nuestra vida?

Muchas personas empiezan el año esperando que algo pase, que alguien llegue, que se ganen la lotería, que su ángel les de la pista… Existe la magia de la transformación sólo si tú haces lo que te corresponde para cambiar. Ya lo dijo San Agustin: “Ora como si todo dependiera de Dios, pero actúa como si todo dependiera de ti.”

El cambio es un proceso, no un evento y una pequeña diferencia introducida en una actuar con inercia puede llevarnos a un lugar diferente.

¿Quiero o no quiero cambiar?

Existe siempre la tensión que se genera entre el deseo y la necesidad de cambiar y la comodidad de lo conocido. Los seres humanos nos sentimos confortables cuando tenemos control sobre nuestras expectativas de competencia, confianza, control y comodidad. Cuando las circunstancias varían y esas expectativas se perturban, nos hallamos ante el reto del cambio. Si nuestra capacidad de adaptarnos no es adecuada, sufrimos el impacto del cambio y nuestra conducta se inadecúa; es como si perdiéramos el equilibrio.

Cuánto tardemos (y si tendremos éxito o no) en adaptarnos al cambio, dependerá de nuestra percepción del mismo como oportunidad o como amenaza. Ese marco de referencia está conformado –en buena parte- por nuestras creencias.

¿Por qué no cambia la gente? Aunque quiera…

1. Por no tolerar el malestar y ansiedad de lo desconocido y la incertidumbre.
2. El cambio implica un desafío.
3. El confort adormece la consciencia e impulsa al autoengaño.
4. Por no correr riesgos.
5. Temor a hacer el ridículo.
6. Falta de voluntad: posponer gratificaciones para un bien mayor.
7. No saber cómo iniciar la transformación de manera realista.

Es cierto que el primer paso para cambiar es querer cambiar, sin embargo, en este caso no aplica el tan sonado “querer es poder”; querer no es suficiente para hacer un cambio significativo. Como ya lo dije, el cambio es un proceso y se requiere de varios elementos para llevarlo a cabo.

Entonces… ¿cómo le hago para cambiar?

1. ¡Para! Deja de hacer lo mismo que no te ha funcionado: Hacer más de lo mismo puede ser fácil, conocido incluso habitual, pero no llevará a resultados diferentes.

2. Cierra círculos: Reconoce lo que es un obstáculo. No puedes meter cosas nuevas en un cajón si no sacas las viejas. No puedes iniciar una nueva relación si no has cerrado una anterior. No puedes iniciar un nuevo proyecto si estás intranquilo con un trabajo anterior.

3. Ponle nombre a tu problema: Detecta tu malestar. Antes de lanzarte a actuar sin ton ni son, permítete sentir de qué va tu desasosiego, frustración o sensación de fracaso. ¿Qué es lo que realmente te perturba? ¿Tiene que ver con alguien o contigo?

4. ¡Encuentra tu motor! Descubre lo que daría propósito a tu vida. El significado y sentido de vida es el motivador superior para de ahí construir un proyecto personal. ¿Qué quiero? ¿Qué anhelo? ¿Con qué sueño?

5. Ten una línea de metas en el tiempo: Establece objetivos específicos; a corto, mediano y largo plazo. Pocos pero consistentes, alcanzables y claras. Pero si tus metas no corresponden a tus habilidades, te puedes frustrar innecesariamente, adecua tus aspiraciones a tus posibilidades reales

6. Reconoce tus recursos: Haz una lista de tus competencias en uso y de las que hay que explotar: Las que ya utilizas y las que puedas desarrollar. El autoconocimiento y aceptación personal son la base del uso oportuno y constructivo de tus recursos. No todos poseemos los mismos rasgos pero todos tenemos diversidad de recursos.

7. Diseña un plan de acción: En tiempo y forma. Inicia con lo que es de más flojera para dejar el premio para después!

8. Evalúa y rectifica en el camino: Pueden cambiar tus deseos, tus posibilidades, y se vale. Además no hay uno solo camino ni una mejor decisión, son diversas las opciones para poder lograr el cambio y la satisfacción. ¡Toda experiencia es útil si la asimiladas y afina tu sentido de propósito y tu camino a seguir!

9. ¡Celebra tus avances! Cada paso es valioso, no sólo el resultado final.

¿Cómo iniciar el cambio? Experiencia, acción, narración…

Es común estar cansado de vivir de determinada manera o estar harto de alguna situación, pero la gente con frecuencia se queja y se queja sin tomar la decisión de hacer algo para ponerse en otro lugar. A veces el grado máximo de malestar o la sensación de un atrapamiento sin salida es lo que te lleva a la convicción de que así no puedes seguir.

Sería muy útil anticiparte a ciertas “catástrofes” de la vida e iniciar movimientos en relación a ti mismo y al tipo de vida que tienes antes del derrumbamiento. Esta óptima alternativa de anticipar el cambio no es usual y generalmente son los acontecimientos los que se imponen aun sin planearlo o quererlo.

Van algunas ideas para “echar a andar el motor del cambio”:
– Diseñar experiencias de vida variadas: planear un viaje, leer un libro, cursar un taller, generar alguna relación. Las experiencias de vida te obligan a salir de tu zona de confort, te perturban (esto lo quitaría) y por tanto amplían tu manera de vivirte y mostrarte; te enriquecen.
– Crear nuevas narraciones sobre ti y sobre el mundo que te rodea; este mecanismo privilegia la reflexión: revisa cómo te describes, analiza tu pasado y reacomódalo generando diversas interpretaciones del mismo, agrega explicaciones que enriquecen el cuento que siempre te has dicho de ti mismo. Reescribe tu historia preguntando a quienes te rodean cómo te ven.
– Ejecutar acciones concretas que te permitan hacer las cosas de manera diferente. No requieren ser acciones enormes de las que esperes un cambio radical; pueden ser pequeñas cosas que en conjunto den una inercia distinta. Por ejemplo, poner límites a conductas abusivas de otros, pedir lo que necesitas, levantarte más temprano, expresar lo que sientes, abrir una cuenta de banco, visitar a alguien que no has visto, compartir con alguien lo que piensas, comprar algo que siempre has deseado o cambiar tu cama de lugar.

Planear experiencias, construir nuevas narraciones o ejecutar acciones es realizar conductas de autovalidación. Estas conductas te moverán de la zona en la que estás “incómodamente” asentado, te permitirán descubrir tu poder y conquistar tu autonomía. Modificar lo que vivencias, lo que dices o lo que haces, promoverá un movimiento en cualquier punto de este “triángulo” experiencia-narración-acción activando tu proceso de transformación.
Pero ojo, si no te decides internamente no puedes echar a andar este proceso. Si bien en este caso el “querer es poder” no aplica, la decisión de cambiar es previa a cualquier acción, sin ella es imposible movilizar ningún recurso. Y recuerda que la transformación es el único camino hacia la auténtica autoestima y autorrealización.