Cuántas personas no utilizan como perfecta excusa para atascarse o incluso auto sabotearse un rompimiento amoroso. En mis tiempos (ya lejanos) me parecía reconfortante mantenerme activa y haciendo algo, fuera súper relevante o no, pero con el fin de mantenerme en movimiento y no darle vueltas innecesarias a mi dolor.

Hoy está de moda utilizar situaciones de la vida (¡y qué mejor que un rompimiento amoroso!) para no salir de tu cuarto y ver películas que te recuerden a “la susodicha” persona, que tan mal te dejó. ¡Por favor! ¡Basta ya de victimizarse!

Una cosa es sentir tu dolor y otra muy diferente es regocijarte en él. Por supuesto que es parte del duelo el estar triste, pero el no salir de ese desasosiego y ver lo que la vida ofrece es una decisión. Como dice la –ya trillada- frase: “el dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional.” Pero entonces, ¿qué debemos considerar para salir adelante de un rompimiento amoroso?

 

1.- Valida tu dolor. Podrá parecer contradictorio con la frase del párrafo anterior que el primer paso sea validar tu dolor. Es necesario no negarlo ni invisivilizarlo, sino vivir y validar el dolor que produce una separación. Así como el extremo de no salir de tu cuarto ni para tomar un baño no ayuda a sanar, el negar el dolor que la separación causa, tampoco es positivo.

 

 

2.- Canaliza tus emociones. Enfoca tu recuperación en ti y toma acciones para canalizar toda esa energía dolorosa causada por lo que estás viviendo. Plantéate adoptar un pasatiempo sin tener mucha expectativa al respecto, lleva a cabo ese proyecto que tanto llevas postergando,  sal con amistades que hace tiempo no ves, haz ejercicio o escribe lo que te venga a la mente. Éstas son algunas actividades que pueden llevarte a ir encontrando (o construyendo, más que nada) un nuevo sentido de vida.

 

 

3.- Planea. Crea estrategias anticipándote a aquellas situaciones en las que más vulnerable puedas estar. Cuídate a ti mismo de aquellas situaciones creando planes de acción para contenerte. Por ejemplo: en comidas familiares donde solías ir con tu ex o cuando salgas a fiestas.

¡Ojo! Planear no significa evadir o evitar cualquier situación que pueda llegar a doler. El tiempo que toma el duelo es importante para superar una separación, pero si no asumes el proceso de manera activa y con la intención de seguir adelante, te será más difícil recuperarte.

 

 

 

4.- Cuestiónate: ¿estoy listo para volver a empezar?

Si ya no te quiebran y desmoronan los recuerdos y puedes ir a lugares que solían frecuentar juntos quizás es tiempo de que vuelvas a “ponerte en circulación”; mandar un par de mensajes a esas personas que sabes que están interesadas en ti, o incluso reabrir tu perfil en esa aplicación de citas en la que estabas. Pero ojo… Es importante que al volver al ruedo no “eches toda la carne al asador” ni quieras pescar el “primer pez” que se te atraviese.

 

Obsérvate constantemente y ve poco a poco; el hecho de que ya estés en momento de volver a empezar no quiere decir “borrón y cuenta nueva”. Si bien tu proceso de duelo puede ir muy avanzado, sigue estando presente en lo que experimentas.  Prueba y confía en tu intuición, pero no confundas esa intuición con impulsos o reacciones que podrían lastimarte.

El proceso de duelo, en donde vas sanando las heridas para volver a tener esa confianza y autoestima que te permita abrirte a una nueva experiencia amorosa, es diferente en cada quien y los factores mencionados se pueden presentar de diversas maneras; aquí lo importante es no perder de vista en dónde te encuentras tú. Recuerda que estás en un proceso en el que debes de ir trabajando día a día y de adentro hacia afuera.

Con el paso de los años y la llegada del internet y de las redes sociales, las relaciones amorosas han evolucionado y con ellas un elemento muchas veces presente; la infidelidad.

Las formas de infidelidad han cambiado tanto en los últimos años: esas formas tan “peliculescas” como el lápiz labial en la camisa o el olor de otro perfume cada vez distan más de la realidad que vivimos. Hoy, con la llegada de los inbox, los likes y los matches las “traiciones” se han vuelto más complejas.

El microcheating (micro infidelidad o micro engaño) se refiere a aquellas conductas que vistas desde fuera pueden parecer poca cosa, pero que ya entrados en una relación pueden llegar a ser un conflicto. El microcheating se define como cualquier acción que involucre a una tercera persona de manera emocional o física en la relación.

El avance galopante en las comunicaciones ha transformado el mundo en general y en particular el mundo de las relaciones. Por eso se ha hecho cada vez más ambiguo distinguir las acciones, gestos, signos, guiños, fotos, llamadas y encuentros que son una infidelidad. Hay una variedad de ideas de “qué tanto es tanto” y en cuestión de principios “se rompen géneros”, pues para alguna persona cierta acción puede no ser “tanto” mientras para su pareja es una traición flagrante.

¿Hay entonces alguna manera de saber si estoy engañando o si estoy siendo engañado? Parece que el acuerdo se toma entre dos, se negocia y renegocia. Porque si no está hablado, infinidad de conductas se prestan a debates, lastimaduras y confusión.

Veamos algunos ejemplos de ello:

1. Tener una “amistad” vía Internet.

Conociste a esa persona y sabes que hubo atracción pero no pasó nada porque tú estás en una relación. De repente ya se tienen en Facebook y un día, sin darte cuenta, ya están hablando por WhatsApp. La cuestión aquí es qué tanta claridad le has transmitido a esa persona sobre lo que sí pueden tener y lo que no. Incluso, tú qué tanta claridad tienes sobre lo que quieres.

 

 

2. “Se me olvidó borrar mi perfil de Tinder”

Si realmente te importa la persona con la que llevas una relación, este tipo de cosas no se te olvidan. Si sigues ahí, es porque te metes aunque sea de vez en cuando y estar en una aplicaciones de citas es un mensaje claro de que tu nivel de compromiso en la relación no está al 100%.

 

3.Mensajearte con tu ex

¿A ti te gustaría que tu pareja tuviera contacto con su ex?

Esto puede ser interpretado de muchas maneras distintas y es muy importante comunicarle a tu actual pareja cómo es la relación con tus parejas pasadas: si lo comunicas y hay claridad al respecto, no hay por qué hacer interpretaciones, pero si se esconde o se decide no comunicar, es donde el conflicto surge.

 

 4.Dar “likes” a publicaciones o fotos de otras personas.

Las redes sociales son un espacio en donde todos buscan ser vistos y un like no necesariamente significa algo trascendente. Es muy subjetivo y ponerse a analizar y encima, estar revisando cada like de tu pareja, te convierte en un stalker y eso sin lugar a dudas no es sano.

 

En este mundo virtual y real, cada vez más complejo, insisto que es esencial  actualizar constantemente los acuerdos entre parejas. Cada persona tiene una forma diferente de ver las relaciones (y con ello la infidelidad) y por ende cada pareja necesitará constantemente de diversos y distintos acuerdos para delimitar el terreno de juego del amor.

 

La sexualidad, sin duda, es parte fundamental en la vida de la mayoría de nosotros. Si bien en México sigue siendo un tabú que incita a muchos a persignarse, los cambios sociales han permitido que la vida sexual de hombres y mujeres sea más libre, más plena, favoreciendo una mayor experimentación y conocimiento de lo que nos gusta o no en la cama.

La vida sexual en pareja se conforma desde diversas conductas, creencias, necesidades y gustos que generan estilos y combinaciones sexuales con los cuales podemos identificarnos en mayor o menor medida. Antoni Bolinches, psicoterapeuta catalán especialista en conflictos de pareja y disfunciones sexuales, en su libro “Sexo Sabio” clasifica el estilo de parejas sexuales que existen con base en las prácticas y juegos sexuales que usualmente llevan a cabo.

1) Pareja puritana: tienen poca vida sexual y la misma es muy restrictiva. Sus prácticas están orientadas a la reproducción principalmente. Esta pareja esta integrada por personas que provienen generalmente de contextos religiosos y muy conservadores donde la sexualidad está al servicio de la procreación y no merece atención y menos aún mucho disfrute. Estas parejas no miran al sexo como algo importante en su relación, ni como un digno y genuino medio para conocerse, disfrutarse y vincularse en el amor.

2) Pareja tradicional: practican básicamente la postura del misionero y sus juegos sexuales incluyen caricias, besos y abrazos. Hablan poco de sexualidad, no se complican por cuestiones amorosas y prefieren adaptarse a las convenciones familiares y sociales que explorar su relación intersubjetiva de pareja.

A estas parejas les pesa más el orden social y la vida familiar que el intercambio de pareja. Si bien tienen momentos placenteros de vez en vez, la sexualidad no es un campo de exploración intensa ni de particular atención.

3) Pareja normativa: La pareja normativa se caracteriza por integrar las conductas que el promedio de la gente practica; le gusta posicionarse en las “medias” y sentirse una pareja “normal”, particularmente en el territorio de la sexualidad. Se disfrutan como pareja, generan espacios para la vida sexual, pero el tema erótico no les genera ni particular interés, ni mayores desafíos por atravesar.

4) Pareja evolucionada: Las parejas evolucionadas se constituyen de personas a quienes el interesa el sexo, le dedican tiempo a conocer sobre el tema y más aún a practicarlo y disfrutarlo. No se conforman con lo “que la mayoría de la gente hace”, dan una importancia particular a la sexualidad en su vida individual y en su intercambio de pareja.

5) Pareja transgresora: En general las parejas transgresoras dan un lugar central a la sexualidad en sus vidas. Las personas que forman parte de estas parejas son gente transgresora como el nombre lo dice y no se conforman con convencionalismos. Les gusta “tocar límites” y desafiar reglas. La práctica sexual avanzada es indispensable en su vínculo amoroso.

Nada malo hay en la diversidad de prácticas sexuales; la normalidad sexual es vastísima, siempre que la vivíamos de manera responsable, consensuada y respetuosa, es decir, que tomemos decisiones inteligentes, nos cuidemos y cuidemos a nuestras parejas, para que con ello exista un intercambio erótico y sexual pleno, que brinde satisfacción y disfrute a ambas partes.

Las personas con el tiempo tendemos a evolucionar en lo sexual: generalmente se exploran conductas convencionales en un inicio y el tiempo nos pide ampliar nuestro repertorio sexual. Si esta evolución sexual no se da en forma  suficientemente simétrica, la pareja se desfasará generando incompatibilidad.

Lo importante, al final, es disfrutar de nuestro cuerpo, nuestros sentidos: desarrollar nuestra sensualidad hasta donde nos sintamos cómodos y plenos. No hay rituales mejores o peores y nadie puede decirnos cómo vivir el sexo y el erotismo. Conocernos mejor, saber qué queremos y hasta dónde llegan nuestros límites es fundamental para ejercer un respeto hacia nosotros mismos y hacia nuestra pareja. Quizás el punto nodal de esta clasificación planteada es normalizar conductas que se han señalado como “enfermas” o anormales, y permitir que cada quien se permita en la cama aquello que, sin sacrificar sus valores sexuales, le ayude a no traicionar sus deseos.

Las relaciones amorosas son importantes. Todos – de alguna forma u otra – deseamos ser mirados, confirmados, queridos y reconocidos por un otro especial que nos acompañe en la vida. Y esto de malo no tiene nada y de bueno tiene bastante. ¿Pero que la vida toda gire en torno a la pareja? Es otra historia…

El libreto del amor romántico prioriza a la pareja por encima incluso de nosotros mismos. Requerimos un nuevo libreto que instale el protagonismo de nuestra vida en proyectos personales ligados a deseos, intereses y valores que no signifiquen estar a disponibilidad incondicional del “amor” y de la búsqueda de relaciones como prioridad vital. El amor se anhela pero no puede ser el único proyecto de vida. Con el amor se endulza la vida, pero no es necesaria demasiada “azúcar” para tener una vida digna y con bienestar.

Estar en contacto con nosotros mismos, haciendo uso de nuestra conciencia, nos permite identificar quiénes somos y alcanzar una de las más importantes tareas de la vida: conquistar la independencia emocional – aspecto nodal de la madurez – a la vez que desarrollamos relaciones significativas (de amistad, en familia y/o de pareja).

Pero, ¿cómo integrar el “binomio” pareja/autonomía sin que una cosa socave a la otra? ¿Cómo armar un plan de vida lleno de intereses, valores y sueños que avance con o sin pareja pero siempre con vínculos entrañables que nos acompañen en nuestro devenir?.

Para muchas personas el vivir en pareja es sinónimo de tener que clausurar una parte importante de sí mismas: deseos, necesidades, intereses, valores, etc. La vida en común se da siempre con desacuerdos, postergaciones y una que otra renuncia por ahí; pero ¿anularnos? ¡No! Ser independiente en lo emocional se trata de ser interdependiente y balancear ambas tendencias: la cercanía y la distancia con el otro. Sentirse atado y asfixiado por una relación o bien, experimentar constantemente el miedo de no ser querido y el riesgo de ser abandonado, son precios muy caros, incluso para estar en pareja.

Por eso, busquemos compromiso sí, pero toleremos cierta incertidumbre. La vida – y particularmente el amor –  está lleno de contradicciones, complejidades, y ambivalencias. Así que construir una base segura que tolere esa incertidumbre, a estas alturas de la adultez,  no viene dado por ninguna otra persona. Se construye desde un proyecto personal que dé propósito a tu vida; es decir, desde dentro de ti

La vida de pareja raramente se deteriora de un día para otro. Es el desgaste sostenido -como la oxidación de un metal que es paulatina pero irreversible- el que va debilitando y estropeando la relación.

Este proceso de deterioro generalmente es imperceptible para las parejas; al igual que una enfermedad silenciosa – como la diabetes, o la presión alta – muchas veces no dan síntomas muy palusibles – a diferencia de un infarto por ejemplo – pero pueden ser mortales.  Mencionaré 10 hábitos que pueden llevar a una pareja al fracaso:

  • Se critican continuamente. Ocurre cuando existe un ideal de vida de pareja o un cúmulo de necesidades personales no resueltas que les hace reflejarse permanentemente que no son suficientes el uno para el otro. Pero además, el malestar que existe, aún siendo válida la necesidad de ponerlo sobre la mesa, se reclama de manera totalizante a la persona del otro. La crítica tiene en la base la falta de aceptación y la necesidad de cambiar a la pareja. La crítica continua genera frustración y desmotivación.
  • “Tu y yo somos uno mismo”. La necesidad de fusión impide que los miembros de la pareja tengan identidades y gustos separados. Se exigen ser “su amor, su cómplice y todo” –como diría Benedetti- decantando a una relación de fusión, dependencia e incluso posesión, que termina por asfixiar y marchitar el amor. Este hábito cierra puertas de crecimiento porque impide la expansión personal y el disfrute mutuo.
  • Escalan entre ellos. Buscan tener la razón siempre que hay que decidir algo o resolver un conflicto. No hay escucha mutua sino una postura defensiva y ofensiva que impide la comunicación. Así, el que pierde siempre está listo para sabotear al otro y culparlo del fracaso.
  • Se cantan y cobran los “favores”. Si bien la relación de pareja es un intercambio para que sea de riqueza y crecimiento para ambos miembros de la pareja, cuando se lleva cuenta – incluso económica – de lo que se ha dado y se echa en cara a la menor provocación la pareja está en problemas.
  • No se apoyan mutuamente. No solo minimizan o invisibilizan los problemas del otro sino que se niegan el apoyo en momentos de dificultad. Una razón de ser de la pareja, además de disfrutar juntos, es el apoyarse mutuamente; esto refuerza el vínculo amoroso. Pero en las relaciones tóxicas los miembros de la pareja ya no se ofrecen ayuda o no la dan en el momento adecuado, o bien, dan lo que cada uno quiere y no lo que el otro necesita. Esto produce no solo decepción sino alejamiento y auto protección.
  • Control de cualquier tipo. Querer controlar es sinónimo de inseguridad; se busca la necesidad de asegurar a cualquier costo la permanencia del ser amado. Ya sea a través del control de los gadgets, el modo de vestir, del dinero, de las amistades, la idea de tener dominio del uno sobre otro habla de una necesidad de posesión más que de un intercambio de amor.
  • Actúan con desprecio. El desprecio implica una actitud de superioridad. Lejos de ver con admiración a la pareja se miran con menosprecio, arrogancia y desconsideración. El desprecio frecuentemente se manifiesta con agresiones verbales, con omisiones, con burlas e incluso con abusos físicos. Y no solo eso, sino que se hace uso de los puntos más débiles de cada uno para lastimarse.
  • Evitación permanente. La distancia, diferencia y separación genera ansiedad, pero la apertura y la cercanía también. Por tanto los miembros de la pareja se evitan e impiden la conexión en un “ir y venir” que no los deja irse pero tampoco acercarse. Esto conduce a la experiencia de aislamiento y soledad en compañía.
  • Toman decisiones de manera unilateral. Ya no se considera al otro en los planes de vida: ni en las decisiones cotidianas, pasando por los gastos económicos, la vida social, hasta los acuerdos monogámicos y la planeación a futuro.
  • Se imposibilita el placer. Sexual y en las diferentes áreas de la vida.

Incurrir en estas actitudes es un mal augurio para el futuro amoroso. Tomar consciencia y pedir ayuda pueden ser pasos decisivos para detener el círculo viciosos que sin duda está ya echado a andar.

Los seres humanos nos acompañamos en la vida para hacer de ésta un lugar más cálido y más llevadero. Necesitamos unos de otros y el contacto con nuestros congéneres nos da seguridad y sentido de pertenencia al tiempo que nos implica un reto, pues somos diferentes.

Esto se torna particularmente complicado en la convivencia de pareja. En un mundo  que ha transitado de un estilo de vida comunitario a uno individual debido a la imparable transformación científica y tecnológica, las personas priorizamos los espacios personales, la propia satisfacción y la realización de un proyecto de vida propio. Pero siendo la vida familiar y particularmente las familias extensas menos indispensables para la sobrevivencia diaria la vida amorosa se ha tornado en fuente de altas expectativas y sostén de la identidad.

Hoy esperamos de la pareja lo que antes nos daba toda una tribu: afecto, comprensión, ayuda, trabajo conjunto, complicidad, conversación, diversión, y claro, amor y sexo. De ahí que depositemos en el otro nuestra apuesta de felicidad, lo cual acaba en una demanda insaciable, en una sobrecarga agobiante, en un desgaste sostenido y finalmente en una frustración que puede llevar al quiebre amoroso.

Cada uno es responsable de la propia vida y de la propia felicidad. No hay modo ni de hacer feliz al otro, ni de cambiarlo. Ya lo dice Barthes: “el amor tiene hijos perversos” Y al hablar de “hijos perversos” nos referimos a esos comportamientos extraños, insidiosos, perturbadores, que desvían el sentido de acompañamiento, del juego, del intercambio y del disfrute que produce una buena relación. Barthes concretamente señala dos actitudes: el deseo de complacer siempre al otro, y el deseo de querer cambiarlo.

La felicidad,  la satisfacción, o el bienestar es un reto personal. ¿Que la vida de pareja ha de sumar a la vida del otro? ¡Sin duda! Pero de eso a cargar con la responsabilidad del otro hay una gran diferencia. Cuando ambos miembros de una pareja son conscientes y responsables de sus propias felicidades es cuando se puede sumar a la felicidad del otro. Puede darnos alegría el contento de nuestra pareja, claro está, pero no podemos depender de ella para estar bien.

Quizás este pensamiento de Fritz Perls nos ubica en el punto justo:

“Yo soy yo y tú eres tú

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y,

Tú no estas en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú y yo soy yo.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos

y coincidimos, es hermoso.

Si no, pocas cosas tenemos que hacer juntos.

Tú eres tú y yo soy yo.”

¡Amémonos desde el respeto y la libertad!

Los comportamientos sexuales y las decisiones tomadas en esta área de la vida son profundamente individuales; cada uno debe tomar su propio camino dependiendo de sus valores, personalidad, antecedentes, experiencias  y principios personales los cuales dirigirán su camino. El primer reto en el área sexual es descubrir qué es adecuado, constructivo, deseado y oportuno para la persona.

Algunas personas pagan precios emocionales muy altos porque experimentaron con conductas que no eran compatibles con su forma de ser, sus principios y sus valores. La libertad sexual te permite hacer lo que quieres, no lo que debes, descubriendo tu naturaleza sexual y manejándola constructivamente.

Sin embargo hay que tomar en cuenta que en ocasiones tanto hombres como mujeres nos inhibimos:

  • Porque, por diversas razones, no queremos salir lastimados.
  • Porque se nos considere o nos consideremos a nosotros mismos inmorales.
  • Por temor a mostrar ignorancia o incompetencia durante el acto sexual.

Crecer sexualmente revisando estos puntos favorece una mejor vida sexual y también fomenta el crecimiento personal y emocional.

Aplicar las reglas de oro en la sexualidad y confiar que el adulto con el que nos relacionamos también lo hace, permitirá ejercer una sexualidad libre y satisfactoria. Antonio Bolinches en su libro Sexi Sabio sugiere:

  1. Haz todo lo que quieras.
  2. No hagas nada que no quieras.
  3. Siempre desde el deseo previo.
  4. Y de acuerdo con la propia escala de valores sexuales.

Cabe hacerse las siguientes preguntas ya que en ocasiones dudamos de la licitud del comportamiento sexual:

  • ¿Tengo clara mi escala de valores sexuales?
  • ¿Lo que hago lo hago porque me gusta a mí o a mi pareja?
  • ¿Lo que no hago es porque no me gusta o porque de acuerdo a las convenciones sociales no debo permitírmelo?

Es importante distinguir los principios de los prejuicios (colisión entre el instinto y la moral), así como mi gusto personal de la necesidad de agradar. Las reglas de oro refuerzan la autonomía y potencia el sentimiento de singularidad; además, facilita el logro de la compatibilidad.