¿Qué sigue después de una ruptura amorosa, de una separación, de un divorcio?

 

Las separaciones amorosas generan una experiencia de ruptura caótica por lo que antes de continuar con la vida se necesita “recoger las piezas que se resquebrajaron en el camino”. Ser conscientes de la necesidad de atravesar un proceso de duelo y reacomodo de nuestra persona es requisito indispensable para salir airosos de esta vivencia.  Saber que no podemos saltarnos ciertos pasos, ciertas etapas, nos dispone a vivir el recorrido con mayor disposición, confianza y aceptación.

 

La vida, después de una separación amorosa, abre puertas que invitan no sólo a salir del caos, sino a crear una vida más rica, más interesante: una vida mejor. Caminar por este trayecto implica primero ubicar en dónde nos encontramos, cómo es que hemos llegado hasta este lugar y descubrir hacia dónde queremos dirigirnos.

 

Hay opciones relativamente “cómodas”, como evadir o negar lo que está ocurriendo. Estas estrategias, al alcance de la mano de todos, generan un “bienestar” temporal anestesiando el dolor, pero finalmente son opciones que llevan, sino a la frustración constante, sí a posponer la recuperación y, por tanto, la posibilidad de una vida más plena.

 

Existe un proceso de recuperación diseñado por especialistas para recorrer este camino. Éste se asemeja a la escalada de una montaña en distintas etapas. Es necesario ir avanzado por pasos, al ritmo requerido por cada quien, pero ni tan despacio que la vida de pronto se nos escurra de las manos, ni tan de prisa que cuando nos demos cuenta hayamos llegado a lugares extraños y peligrosos sin el equipo necesario para adaptarnos a ellos.

 

Podemos distinguir cinco etapas que facilitan para vivir cabalmente un duelo amoroso. La conquista de cada una te preparará para avanzar a la siguiente y aproximarte a la cima mencionada de una manera fortalecida.

 

  1. Salir del caos y retomar el equilibrio atravesando el duelo: aceptar el caos y retomar de a poco el equilibrio permitiéndote sentir el proceso de duelo.    

  2. Aprender a estar solo cómodamente: tu base eres tú. 

  3. Construir amistades sólidas.

  4. Iniciar relaciones amorosas de corta duración, experiencias que nos permitirán reaprender a amar y recuperar la confianza…                                                   

  1. Generar una relación estable de larga duración, o bien elegir la soltería como opción de vida, temporal o permanente.

 

 

Todos queremos ser felices, todos tenemos derecho a un grado suficiente de satisfacción y bienestar, pero tras un divorcio o una separación hemos de partir de la base que disfrutar la vida nos tomará algún tiempo. Después de haber recorrido el camino necesario para recuperarnos habremos aprendido del pasado, nos conoceremos mejor y desarrollaremos partes de nosotros mismos previamente desconocidas, paralizadas, reprimidas o simplemente ignoradas. Pero como todas las “intervenciones quirúrgicas”, el camino de la recuperación requiere de una convalecencia para sustituir el sentimiento de fracaso del pasado, por un anhelo y entusiasmo de vivir el presente y una confianza de lo bueno que falta por venir.

 

 

Todos tenemos derecho a ser felices, pero tras una separación hemos de partir de la base que disfrutar la vida nos tomará algún tiempo.

1) EL CAOS INICIAL ES PASAJERO… ¡NO TE ASUSTES PORQUE NO TE QUEDARÁS ASÍ!

Hay que salir del caos y retomar el equilibrio. ¡Ocúpate!: el peor enemigo en este momento puede ser tu propia mente ociosa y lastimada.

 2) NO INTENTES EVITAR EL DOLOR

Mientras más te resistas a sentir el dolor más tardarás en salir adelante. Transitar por estados de depresión, enojo, culpa, tristeza, y desesperación te llevarán al camino de la aceptación.

3) ENCUENTRA ALGUNA EXPLICACIÓN

Más que preguntarte qué falló, cuestiona: “¿por qué elegí esa pareja?”, “¿qué señales dejé de ver?”. Muchas personas se emparejan por motivos aparentemente equivocados, sin embargo, reconocer el final de una relación infeliz, violenta, o no productiva, puede ayudarte a mirar la separación como una decisión que refleja salud mental y madurez.

4) PARA TU ACTUACIÓN DE “VÍCTIMA O VILLANO”

Si te dejaron, trabaja el resentimiento. Si tu terminaste la relación, trabaja con tu culpabilidad. Vivirte como víctima o villano te lastima y resulta lastimoso para quienes están cerca de ti.

5) TRABAJA EN TU AUTOESTIMA

La ruptura genera una herida al ego. ¿Cómo puedes fortalecer tu estima personal? Para de recriminarte y criticarte. Vive con consciencia, acéptate, sé responsable de ti mismo, sé congruente y ten un propósito de vida.

6) ENSAYA ESTAR SOLO CÓMODAMENTE

Son muchas las actividades que puedes ir haciendo para acompañarte y comenzar una vida s1ngular. Ve a una librería y ponte a leer, visita un parque, métete a una clase de comida. Notarás al poco tiempo que lo empiezas a disfrutar.

7) CONSTRUYE REDES SOCIALES Y GENERA AMISTADES

Las amistades son un sostén y un acompañamiento que aligera el camino. Es momento de mirar alrededor y reconocer con quienes cuentas. Generar  un grupo de amigos con quienes conversar, compartir, disfrutar.

8) NO A LAS CONDUCTAS AUTODESTRUCTIVAS

No acudas a lugares donde puedes encontrar a tu ex, no lo busques en las redes. No atentes contra tu integridad teniendo sexo sin cuidado, exponiéndose al abusar del alcohol. No pongas en riesgo lo que sí le sale bien en el trabajo y en otras relaciones.

9) INICIA RELACIONES ERÓTICAS O AMOROSAS DE CORTA DURACIÓN

Juégate eróticamente de forma cuidadosa para recuperar la confianza, conocer tu cuerpo, y reaprender a amar. Pensar que inmediatamente después de un rompimiento de pareja estás en condiciones de encontrar al gran amor de tu vida es un gran error.

10) ELABORA UN PROYECTO DE VIDA

Puedes desear una vida en pareja, o continuar viviendo en s1ngular, pero primero está la elección de un camino personal que de significado a tu vida y que inyecte pasión a tu caminar.

 Recorrer este trayecto facilitará que lo que falta por venir sea una aventura de oportunidades y crecimiento.

 

Factores que impactan en las relaciones amorosas actuales

Son muchos los componentes que intervienen en la dificultad de encontrar, construir y sostener una vida de pareja plena. En cada uno de nosotros puede tener mayor peso alguno que otro, pero generalmente intervienen más de uno a la vez. Este entramado de factores hacen que las decepciones amorosas, más que un simple auto sabotaje, sea un tejido con diversos componentes personales, amorosos y sociales, difíciles de entrelazar. Repasemos algunos:

1.- Componente temperamental: Las personas al nacer no somos una “tabla raza”, venimos al mucho con una carga genética que nos predispone hacia diversas vertientes. Una de ella es la tendencia natural a la extroversión o a la introversión. Esta distinción, y siguiendo a Susan Cain escritora y conferencista norteamericana,  señala aquellos rasgos de carácter que nos hacen requerir -para el propio crecimiento y bienestar-, espacios más tranquilos y solitarios o bien situaciones de mayor convivencia y estimulación.

2.- ¿Infancia es destino?: No podemos menospreciar el impacto de los vínculos con nuestros cuidadores primarios en cuanto a la imagen que tenemos sobre nosotros mismos. La mirada recibida en los primeros años de la vida, si bien no determina nuestro futuro, sí condiciona nuestra manera de valorarnos.

3.- Lealtades invisibles :Dentro del mismo rubro, pero con un matiz diferente, influyen las historias que se cocinaron en nuestra familia de origen. Nos guste o no la historia compartida con ella, por el simple hecho de pertenecer a un núcleo familiar generamos un sentimiento de compromiso y unión más o menos consciente hacia él. 

4.- Desencantos amorosos: La mayoría de los habitantes del siglo XXI hemos atravesado más de una relación amorosa. Seguramente en nuestros pasados amores hubo momentos bellos, pero también situaciones lastimosas, ni que decir de las relaciones francamente tóxicas que nos dejaron un mal sabor de boca.

5.- Desconocimiento personal: Es tarea de cualquier ser humano conocerse a sí mismo: sus competencias, sus deseos, sus necesidades, intereses y valores. Muchas relaciones se frustran porque no alineamos nuestras aspiraciones a nuestras posibilidades: o esperamos demasiado de la pareja o nos conformamos con demasiado poco

6.- Creencias erróneas del amor En contraposición con la idea del “amor eterno” hoy podríamos pensar que “el amor es eterno mientras dura”: la idea de que “algún día no estaremos juntos” ya sea por una separación, o por la misma muerte, no es un augurio de fatalidad sino una realidad ineludible. De cualquier modo, la posibilidad de terminar no es una razón sustanciosa para no volver a amar.

7.- Priorizar la individualidad: ¿Cómo conjugar el anhelo de compañía con la posibilidad de construir una vida individual? Hoy más que nunca surge con intensidad la pregunta: “¿qué soy y qué quiero para mi?” La respuesta a este cuestionamiento existencial integra -además de la pasión amorosa- la pasión por la autonomía y por la autoafirmación: la época que vivimos se caracteriza por la colusión de intereses entre familia, amor y libertad individual.

8.- Desacoples de género: Hoy como nunca vivimos la “guerra” de los sexos. Las mujeres están avanzando rápidamente en el tema de equidad y la mayoría de los hombres se encuentras desorientados. Buscamos relaciones igualitarias, y al mismo tiempo nos cuesta trabajo romper los patrones ancestrales que esperan mujeres pasivas,  dóciles, sobre emocionales,  y hogareñas, y hombres fuertes, protectores, proveedores, inquebrantables e infatigables.

9.- Sociedad en permanente transformación: La celeridad de las comunicación y la sociedad en rápida transformación abre cada día nuevas formas de estar en pareja, pero la falta de modelos amorosos probados genera temor, desconfianza e incertidumbre. Las redes sociales han conformado una nueva forma de relacionarnos que nos conecta a unos con otros al tiempo que mantiene una estremecedora lejanía en estos “encuentros”. Un sabor a soledad y miedo queda después de la fascinante cercanía y del vertiginoso descubrimiento.

 Hemos de tejer, combinar, capotear, y manejar estos factor para lograr un buen amor, entendiendo que todo influye, pero al final nuestro deseo y nuestra voluntad también.

El amor no existe…

Cuántas veces no hemos escuchado decir a amantes decepcionados:  “yo no creo en el amor”, “el amor no existe”, “amar es privilegio de unos cuantos” o incluso, “no tengo tiempo para andar de romántico”. Estas posturas dan cuenta de decepción, desencanto, frustración, ¿miedo?

Es entendible que a lo largo de la vida prioricemos otros proyectos a una relación amorosa. Es comprensible que algunas personas con vocaciones particulares tengan claro que no tienen un particular interés ni una necesidad de vivir en pareja, y que otros tipos de vínculos les sean suficientes para tener contento a su corazón. Pero ese desprecio al amor que se manifiesta en infinidad de frases, conductas y desplantes para que el mundo se entere que eres un “hater” del amor, nos hace pensar en alguna situación de dolor profundo o en una negativa a hacer un movimiento que te saque de tu zona de control (emocional, erótico, intelectual, social).

 ¿Así nacen o se hacen?

Algunos de nosotros somos más “romántico”, soñadores e idealistas; otros tantos preferimos una postura amorosa menos “empalagosa” y de grandes expectativas, pero no por eso mala. Pero reitero que poca gente rehúye del todo al contacto social y al intercambio amoroso: somos seres gregarios, seres que nos desarrollamos gracias a los apegos y a las relaciones que nos contienen y nos confirman. A reserva de personas que nacen con características entre “fóbicas”, herméticas y  solitarias, la mayoría de nosotros queremos relacionarnos con los otros y anhelamos –en mayor o menor medida- un buen amor.

 Así, quienes de manera más o menos inconsciente rechazan, repelen, critican y huyen a un encuentro amoroso, es posible que:

  • No hayan superado una experiencia de desamor que les dejó lastimados en lo profundo.
  • Qué hayan buscado con cansancio y desencanto un buen amor y no lo hayan podido consolidar debido a la gran complejidad de hacer pareja en la actualidad.
  • Carezcan de referentes tempranos de un apego seguro (con sus padres o cuidadores primarios) y por ello les sea difícil vivirse como queribles y desarrollar la capacidad de amar.
  • O bien, renuentes en un mundo aguerrido en cuanto a demandas de status, de crecimiento profesional, de resolución de situaciones familiares, que haya priorizado esas tareas y no quieran asumir que no quieren un amor que más que apoyarlos les demande de más.

¿Cómo se puede dejar de ser un hater del desamor?

Pues dependiendo de la causa (que nunca es única y pura) habrás de buscar el entendimiento del asunto y luego una serie de acciones que te llevan a una resolución:

  • A veces reconocer que estamos heridos por un desencanto amoroso, decidirnos a recorrer un duelo nunca vivido y sanar el trauma de dicha decepción, es el inicio de abrirnos a una nueva experiencia amorosa.
  • En ocasiones dejar de buscar algo muy particular, con altas expectativas de encontrar a una persona ideal que no existe, o a construir un tipo de relación que es más producto de “los cuentos de hadas” que de la vida real, nos ayuda a desbancar ideas erróneas sobre el amor y la pareja, y a buscar una pareja suficientemente buena aunque no sea lo que nuestra mente pensaba que era lo mejor.
  • Nunca sobra trabajar las heridas de infancia, pues ningún amor es el primero más que el de nuestros cuidadores tempranos, y eso que vivimos y recibimos en los primeros años de nuestra vida nos condiciona para sentirnos merecedores de amor y para aprender a amar. Las personas que desarrollaron apegos inseguros, ansiosos, evitativos, requieren de un entendimiento de su forma de construir vínculos para poder trabajar con estas experiencias tempranas y encontrar una forma de vincularse sin lastimarse ni lastimar.
  • Y por último, entender los nuevos escenarios amorosos, sus complicaciones, la ambivalencia e incertidumbre que generan en tanto que los roles no están claros para hombres y mujeres, y sabiendo que los proyectos de vida personal con sus retos laborales, sociales, familiares, económicos, dificultan un proyecto de vida común, permitirá hacer prioridades, distinguir necesidades, y tener objetivos realistas y claros entre lo que se está dispuesto a dar, lo que se está abierto a renunciar y lo que es imposible negociar en tanto es valor central de la propia vida.

“Believe it or not”, una consulta terapéutica puede aclararte en qué parte del camino te encuentras, y te apoyará a decidir que lugar en la vida quieres darle a nuevo amor…

 

 

 

 

¿Será que nos enloquecemos más al terminar una relación amorosa que al comenzarla? Sin duda el enamoramiento nos obnubila y durante “ese estado alterado de conciencia”  proyectamos en nuestro amado todo aquello que necesitamos para ser felices. ¿Pero cuando el amor acaba –como dice José José- no será que también nuestras funciones cognitivas y nuestros impulsos nos hacen una mala jugada?

Si bien el duelo es un proceso que cada persona vive de manera diferente, la sensación de pérdida, el temor a la separación, la frustración de lo no logrado, y el dolor del desamor, pueden “secuestrar” nuestra psique, aniquilar lo bueno que sí tuvo esa pasada relación, y por añadidura, actuar en nuestra contra impidiendo nuestra recuperación.

Aquí te van 10 cosas que no debes de hacer después de romper con tu pareja:

  1. Tirarte al desma…:Refugiarte en el alcohol, fármacos u otras substancias es peligroso, más cuando se está en un momento así de vulnerable.  Además el abuso de sustancias te hace evitar pero no solucionar.
  2. Perseguir al ex: Llegar a su trabajo, esperarlo fuera de su casa antes de salir o caerle a la reunión que ya no fuiste solicitado además de ser inadecuado de lastimarte a ti, da cuenta de que sigues con la expectativa de que aún se puede hacer algo para regresar.
  3. Acercarte a los lugares dónde puedas encontrar a tu ex: Escoge para relajarte y distraerte lugares desconocidos y crea nuevas memorias por tu cuenta.
  4. Llamarle a media noche: Si no puedes dormir, ponte a leer, continua con tu serie o tómate un té de tila. Llamarle recrudecerá tu malestar.
  5. Querer estrechar amistad con sus amigos y familiares: Lo que te digan o dejen de decirte sobre tu ex cambiará en poco la decisión tomada, además de que se sientan usados por ti para tener información que quizás ni tiene o no pueden darte.
  6. Stalkearlo, chatearle, ponerle likes o “dislikes” en las redes, saturarlos de mails, y hasta mandarle recados por linkedin: ¡¡¡¡Dignidad por favor!!!!
  7. Hacer promesas incumplibles: No es momento de acercarte a tu ex para “jurarle que nunca más….”, aquello que siempre te pidió y no quisiste hacer.
  8. Tomar acciones “tontas” para que sepa de ti y le den celos: Ni te arriesgues ni te quemes “actuando” que tienes un nuevo amor o subiendo información en redes para que los celos lo acerquen a ti o le hagan pensar que “ya estás del otro lado”.
  9. Hablar del tema con quien no tomará en serio tu experiencia: Una ruptura amorosa no es algo que se hable con quien sea cuando sea. Acude a personas cercanas y date el tiempo y el espacio para tocar el tema.
  10. Poner en riesgo tu salud sexual haciendo tonterías: no quieras tapar un vació metiéndote con quien sea y en condiciones que no van. Cuida tu cuerpo y cuida tus emociones.
  11. Dejar de pedir ayuda si te sientes muy desequilibrada: desde una consulta hasta un proceso de terapia para acompañar la etapa pueden ser de gran apoyo.

Aprovecha esta etapa para actualizarte como persona y construir una nueva base en la que haya más elementos que valores y que le den un sentido a tu vida. Recuerda bien que el amor no puede ser tu único proyecto de vida.

Hoy menos que nunca se organizan esas presentaciones formales, “almidonadas” y llenas de expectativas, pero aún así un primer encuentro –pactado, planteado, o simplemente “ocurrido”- requiere el despliegue de una serie de recursos personales  que faciliten que el intercambio sea el inicio de “algo”.

La impresión que producimos en los primeros intercambios favorece que quien nos interesa se disponga a mirarnos en primera instancia y a sentir curiosidad e interesarse en nosotros en un paso posterior.

¿Cómo romper el hielo? 

Inicar con preguntas, más que discursos acartonados, y adoptar una genuina escucha siempre es una receta que funciona. A todos nos gusta que nos presten interés: la mirada de los demás sobre nosotros –genuina, respetuosa, abierta- nos permite sentirnos tratados de manera singular. Por eso es importante “romper el hielo” con preguntas,  “derrítir el espacio” con escucha, y prepara el “ir y venir” con genuina curiosidad.

¿Qué tengo que considerar en una primera cita? 

La decisión de poner en juego el conjunto de tu personalidad. Si bien para tener éxito en cualquier encuentro se requieren ciertas habilidades sociales que en algunas personas son recursos innatos, también existen estrategias que se pueden perfeccionar.

  1. auténtico. Corre el riesgo –de forma oportuna- de decir lo que te gusta, de negarte a lo que no te agrada, y de compartir lo que piensas. Si actúas desde la falsedad no sabrás si gustas por lo que eres o por lo que aparentas.
  2. Promueve el intercambio. El otro es un sujeto, no un objeto de tu “show”. Para ser atractivo no necesitas “pavonearte”, menos manipular ni dar cátedra de lo mucho que vales. Para esto, haz preguntas, pero no interrogues.
  3. Ejercita el don de palabra. Hay que tener algo inteligente que decir y quererlo compartir. La idea no es hablar mucho sino hablar bien. El don de palabra incluye el escuchar atentamente.
  4. Cuida tu apariencia física. No se trata de compararte con “el más o la más guapa” pero sí de sacarte el mayor partido.
  5. Genera cierta intimidad. Muestra algo de ti. Compartir ciertas vulnerabilidades -sin excesos- hace estimulante y significativo el encuentro. Hablar solo de información es adecuado pero para una cena de negocios.
  6. Sé positivo. Cultiva el buen humor y no te victimices (¡las víctimas aburren!). Muestra soluciones asequibles a los problemas que llegues a compartir.
  7. Roza con la mano, toca su brazo, levemente, de forma no sexual. Acércate y aléjate. Juega con cierta proximidad física para mostrar que no temes al contacto, sino que estás abierto a él.
  8. Genera estados emotivos de relativa intensidad que hagan del encuentro algo conmovedor. Obvio no te excedas con actuaciones ni histriónicas ni histéricas.
  9. Pon límites. No te derritas por el otro, más bien intenta sostener cierta oposición. Los límites invitan a explorar, a ir más allá. No hay nada menos atractivo que un triunfo seguro.
  10. Haz uso de experiencias sensoriales. Estimular los sentidos con aromas, colores, música, sabores, promueve la atención y facilita la conexión.
  11. Muestra cierto matiz transgresor. “Reta” al otro, invítalo a vivir una cierta desobediencia, algo de riesgo. La corrección política es eso, correcta, pero no seductora.

 

Todo esto fluye mejor si trabajas en tu seguridad personal. Conocer tus competencias y tus limitaciones facilita el adecuar tus aspiraciones a tus posibilidades haciendo de tu mejor parte tu mayor parte.

Y antes de intentar gustar pregúntate: ¿me gusto yo a mi? La capacidad de disfrutarse a uno mismo y de ofrecerse al otro para ser disfrutado es una pieza clave para tener  en potencial en encuentro inicial.

 

¡Suerte y éxito!

Pues a mi la independencia me ha costado un huevo – que no tengo – y los dos ovarios, que literalmente ya me extirparon. Y es que eso de ser una mujer autónoma, por muuuuy avanzado que esté el siglo XXI, requiere de un aplomo y un arrojo y una voluntad, que queda uno medio atarantada – por no decir raspada – en la conquista de tan importante faena.

Y no dejo de agradecer a la infinidad de mujeres que tuvieron los “cojones” necesarios para abrirme brecha, ni tampoco invisibilizo que el camino que transito está más allanado por todas aquellas que me antecedieron, pero no deja de ser un triunfo – de estandarte guadalupano blandeado en mano –  desafiar culpas inculcadas, miedos aprendidos, mandatos familiares, señalamientos sociales,  y techos de cristal laborales, “En la casa mamá y papá comparten la autoridad, pero alguno de los dos debe tomar “la batuta” y ese alguien es el padre”, me dijo mi papá a mis siete añitos estando recostada en su hombro mientras mi mamá iba y venía toreando a mis hermanas menores entre juguetes, pañales y biberones. Y de ahí “pa’l real” se me quedó esa “verdad” tatuada  – reforzada luego por Sor Elisa en la escuela,  por los galanes en las fiestas, y por mis jefes aquí y allá – y sin mayores consignas explícitas pero con muchos ejemplos vivientes aprendí que las niñas obedecen, posponen sus deseos, priorizan las necesidades de los demás y se acomodan contentitas al lugar “que les toca”.

¡Ya sé ya sé que yo soy mayorcita que muchos de ustedes!, y que las cosas van cambiando, pero aún así, si la conquista de la independencia es una faena compleja para cualquier mortal, la autonomía femenina requiere  de luchas internas y externas, discretas y burdas, y sin duda no de no dejar nunca de “pedalear”.

Y cuando hablo de autonomía no me refiero a andar discutiendo a diestra y siniestra, e imponiendo a discreción mi santa voluntad, sino de esa capacidad de sentir, pensar y actuar con base en los propios sueños, necesidades, intereses y valores, conservando las relaciones afectivas preciadas y reconociendo la interdependencia necesaria con los demás.

Pero este parrafito escrito tan tranquilamente, implica preparar un “cocktail” de independencia económica, intelectual, y emocional. Y yo diría que también de cierta gracia y salero, de mucha perserverancia, y de una canasta de “mega huevos” por se si rompen algunos en ese largo caminar…

“Ahora que decidí terminar con mi pareja, ¿cómo manejo la culpa?” Abandonar una relación siempre es una decisión complicada que nos enfrenta a muchas dudas e inseguridades. El temor a dejar algo que fue o podría ser muy bello, el temor a lastimar a alguien que se amó, el miedo a la soledad, etc., son cuestiones que pueden llevarnos a retrasar el planteamiento de la separación buscando no tomar una decisión al vapor.

Si eres quien propuso el fin de la relación, es probable que llevaras algún tiempo sintiendo incomodidad y preparando “la retirada”. Seguramente dar el paso y sostenerlo te hizo sentir, en mayor o menor grado, culpable. Si tú fuiste el “terminador”, muy probablemente sentirás culpa por lo que hiciste o dejaste de hacer. La culpa genera remordimientos y una sensación de ser in-merecedor, malo y cruel.    En este breve artículos nos enfocaremos específicamente en quien “se va”, en quien decide terminar.

La culpa de manera general se produce cuando lo que haces no corresponde a lo que piensas, y generalmente es porque tus acciones no están a la altura de alguna norma que tienes en tu interior. Nuestro comportamiento se rige por un código interno, generalmente formado años atrás con la influencia de nuestros padres y educadores primarios. Este código está constituido por normas que operan en nosotros, algunas de manera consciente, otras de forma inconsciente.

El sentimiento de culpa es funcional si te ayuda a resolver un problema, a cuidar de ti mismo y de los demás, así como a reparar los daños de acciones equivocadas. Sin embargo hay una culpa disfuncional que sólo añade sufrimiento  a tu vida convirtiéndose en un problema más.

Necesitas mucho discernimiento y flexibilidad para distinguir qué “culpas” le corresponden a cada quien. Esto es, cada miembro de la relación hizo y dijo cosas, de las cuales cada uno debe hacerse cargo: la responsabilidad de nuestros actos no puede ni debe ser delegada a nadie con el fin de “lavarnos las manos”.            En muchas ocasiones sentimos culpa por algo que, realmente, no estaba en nuestras manos evitar. Otras tantas ocasiones somos responsables de cosas que no hemos notado, o bien no queremos aceptar.

Será bueno, al enfrentarse a las decisión de terminar una relación, considerar los siguientes puntos:

  1. Reconoce y valora los esfuerzos e intentos que hiciste por resolver los problemas antes de romper. Algunas veces la culpa proviene de pensar que “no se hizo lo suficiente para reparar las cosas”.
  2. Revive la experiencia de insatisfacción y sufrimiento que te motivaron a salir de la relación. Esto es importante para mantener en ti las causas que te llevaron a ello y no perderte en los “hubieras” o pensando que quizá deberías dar marcha atrás.
  3. Anota los deseos, intereses, necesidades y valores que se veían truncados al ser pareja de esa persona.
  4. Recuerda lo que sí te dio la pasada relación, hónralo y agradece en tu interior haberlo vivido.
  5. Pregúntate cuál es la razón precisa por la que sientes culpa: ¿causaste algún daño real o la culpa viene de repetirte constantemente que eres “malo” por estar “abandonando” tu relación?
  6. Si reconoces que lastimaste a tu ex innecesariamente, pide disculpas cuando sea el momento preciso y trata de reparar en lo posible sin abrir las puertas a una reconciliación. Es importante responsabilizarte de tus acciones pero recuerda que reconciliar y reparar el daño no tiene porqué implicar que tengas la intención de retomar la relación.
  7. Visualiza la vida futura que se abre para ti gracias al valor de terminar con una relación que no correspondía a la persona que hoy eres, e inicia el camino de conquista de ese futuro que comienza a partir de hoy.

 

Ya Voltaire afirmaba hace muchos años: “He decidido hacer lo que me gusta porque es bueno para la salud”. Es mejor dedicarnos a vivir lo mejor que podamos y esperar, sin mayor certeza, que nuestra felicidad les cause alegría a los demás. Estos son los términos sobre los que cabe actuar para romper las cadenas emocionales que nos aprisionan mediante la culpa. Una vida plena requiere de sentirnos satisfechos con nuestras relaciones, nuestras actividades y saber que, frente al sentimiento de culpa, tenemos la madurez emocional para hacernos cargo de nuestros errores.

Nunca me hubiera imaginado llegar a la edad que tengo, en la situación que vivo, y con los varios retos que me faltan afrontar: ni lo hubiera pensado, ni lo hubiera pedido, menos se me hubiera ocurrido que pudiera ser así. Sí, voy a la mitad de mi vida, estoy divorciada, soy madre soltera de cuatro adultos jóvenes “en vías de desarrollo”, y ando sin novio en puerta a quien besar. ¡Tranquilos! que tras el añejo divorcio, ¡novio sí he tenido!, pero el segundo rompimiento – si bien no hubo ni anillos, ni altares, ni actas que firmar – fue como un  “divorcito” también.

Y con todo esto a cuestas y otras “graciosadas” acumuladas a lo largo del camino, cada noche me duermo dentro de unas suaves sábanas blancas, envuelta en un ligero camisón elegido de acuerdo a mi ánimo y a nuestro clima, con la ropa de mañana – minuciosamente elegida- colgada en un perchero de mi armario, y sobre mi buró plateado unas notas hechas a lápiz con los que haceres del día siguiente que está a pocas horas de llegar.

Todo esto en medio de un montón de libros desparramados a diestra y siniestra, que turno entre noche y noche, entre sueño y sueño, y entre las decisiones que cada día tengo que capotear. Así – y sintiendo burbujillas de emoción en la panza-  me entusiasma el llegar de las noches y me motiva el despertar de los días, y junto con ellos todo el “circo, maroma y teatro” que disfruto sin duda en este caminar.

Mis hermanas –todas bien casadas y poco enamoradas- me observan y cuestionan con cara de sospecha y curiosidad:  “¿Estás contenta verdad?” ¿Qué de plano tendría que estar tirada al drama por no continuar con un tipo de vida que algún día pensé que nunca se iba a acabar? Pues cómo explicarles que su percepción no falla pues la edad no me pesa, la energía de burbujas en la panza y al navegar por mares picados marea un poco pero no deja de estimular burbujas en la panza y en  no la pierdo, el miedo no lo consiento, y entre una y otra cosa me voy alistando para la llegada de un nuevo amor. ¿Que la vida que vivo puede ser más difícil que la que viví hace ya algunos años? No lo niego ¿Pero que sin duda también mi existencia es tanto mejor? ¡Lo sostengo!.

Fuera de esquemas tradicionales y parejas matrimoniales disfruto de tardes libres, trabajo en proyectos nuevos y convivo con amistades de corazón.  Y para aderezar la gozadera visto trajes italianos, conozco hombres “celestiales” y mundanos y bebo Martinis con Bombay. ¿Por qué pensar que salirse del camino “perfecto”, el matrimonio “intacto”, la familia “soñada” es producto del error o de la equivocación?

Yo he reencarnado varias veces en esta única existencia que tengo, y con ello transitado lo elegido y lo inesperado, y por nada escogería ni otro cuerpo, ni otro espacio, ni otra vida que vivir.  Pero eso sí ¡enough de largos trayectos por carreteras de cuota!  Todo tan derechito me aburre, me adormila,  yo me sigo por la libre que en la terracería disfruto el bamboleo y transito con gracia y con estilo también…