Ofrecer alternativas no sólo a mujeres

 

Es un hecho que vivimos en un mundo en donde el poder esta aún predominantemente en manos de los hombres. Si bien el feminismo ha ido clamando la igualdad entre hombres y mujeres,  ha también dedicado esfuerzos importantes por denunciar acosos sexuales y reclamar derechos reproductivos de las mujeres – todas cuestiones impostergables- , su propuesta también busca visibilizar la misoginia.

 

Sumado a eso, el feminismo nos ofrece hoy un abanico con distintas alternativas que abren más y mejores posibilidades  para enriquecer nuestra vida y construirnos como las mujeres que somos.

 

Estas nuevas perspectivas generan espacios diversos para las mujeres de todos los contextos, clases, tallar y razas para habitar el mundo siendo quienes son. Por ejemplo; ante el estereotipo de la mujer alta, blanca y delgada, las marcas de ropa amplían sus repertorios con cuerpos femeninos más reales. O ante las “historias de vidas perfectas” en redes sociales –con mujeres perfectas por supuesto- surgen blogs que promueven la aceptación personal y la integración de nuestras ansiedades y defectos.

 

Las mujeres nos movemos;  ¿será que los hombres pueden encontrar las mismas alternativas de cuestionamiento respecto a los estereotipos masculinos que promueve el patriarcado?

 

Ante la inquietud de niños, adolescentes y jóvenes adultos por encontrar respuestas a estos cambios sociales y por pertenecer -siendo quienes son con miedos y vulnerabilidades- en medio de la transformación de roles y de la confusión en la vida cotidiana, la mayoría de los hombres vuelven a encontrarse con alternativas que en realidad no hacen más que seguir promoviendo una cultura misógina con mujeres oprimidas y hombres alienados.

 

Abundan en las redes videos sobre cómo debe ser un hombre para ser exitoso, libros sobre cómo conquistar a mujeres y artículos con tips para “coger” más y a más; eso sin mencionar ciertas experiencias de trabajo donde algunos superiores  promueven una cultura competitiva y abusiva donde crecer implica “fregar” a quien se te interponga, y en casa las figuras parentales sugieren que “con dinero, baila el perro” (o la perra).

 

La lucha en contra de los estandartes machistas no se limita a derechos reproductivos y detención del acoso, que es la base –y es bastante-, pero abarca mucho más “sutilezas” que nos implican tanto a hombre como a mujeres.

 

Sí, entiendo que muchos varones temen perder privilegios patriarcales –y tener que dedicar más horas al trabajo del hogar, darse a la tarea de aprender a resultar atractivo y no manipulativo, compartir rangos de ingresos económicos laborales más equitativos-, pero también entiendo que muchos más están cansados de ser vistos como proveedores únicos, seres invulnerables que pueden con todo, y fortachones que solo quieren sexo y no les interesa la intimidad.

 

Para el futuro podemos prevenir iniciando a temprana edad con una educación feminista; en el presente, seguir desbancando creencias para acercarnos y disfrutarnos más.

 

 

 

 

 

 

 

 

Es un hecho que en el presente la brecha de inequidad en el contexto social –laboral, sobre todo- va reduciéndose; pero también es un hecho que queda muchísimo por hacer para que mujeres y hombres partan de una base en la que cada uno reciba justamente lo que merece según sus propios méritos y derechos.

No profundizaré en definiciones de equidad o igualdad, ni en distinciones entre una y otra. En este pequeño texto pretendo abordar la brecha que se abre desde lo más básico que es la formación que se recibe en el hogar.

Los niños aprenden más de ciertas actitudes de su padre y de su madre que de aquellas cosas puntuales que ellos buscan enseñarles de manera explícita. Es decir, la mayoría de la educación que reciben nuestros hijos de nosotros son esos hábitos y conductas en general que hacemos sin darnos cuenta.

Algo muy básico -pero lleno de significados- son las labores domésticas. Muchos estudios realizados en hogares de Estados Unidos reflejan que en los últimos años ha habido una disminución en la brecha de inequidad en cuanto al tiempo que pasan niños y niñas colaborando en quehaceres de la casa, pero sigue siendo mayor el tiempo y la exigencia que se pone sobre las niñas en la atención de estas labores y en que ellas realicen las que son “más femeninas”.

Esto nos invita a considerar algunos puntos para que la educación en el hogar sea más equitativa y en un futuro, esto se refleje en nuestra sociedad:

 

1.- Tiempo dedicado a los quehaceres:

Si bien la equidad implica muchas más cosas que el tiempo dedicado a particulares actividades en el hogar, a partir de la distribución del mismo se transmite el mensaje de que la responsabilidad de lo doméstico es conjunta e igual tanto para los niños como para  las niñas.

 

2.- Tipo de quehaceres que se les adjudican:

Reitero que la equidad va más allá de la distribución equilibrada del tiempo en las labores del hogar, por tanto hemos de mirar también el tipo de quehaceres que hay que desempeñar.

Si las labores de la cocina les tocan a las niñas mientras que las de sacar la basura y limpiar el patio a los niños, a simple vista puede parecer equitativo, pero encapsular la capacidad de hombres y mujeres en lo que se considera femenino o masculino es replicar roles de género que llevan a las distinciones estereotipadas de lo que es ser hombre y lo que es ser mujer.

 

 

3.- Promueve flexibilidad y destrezas diversas a través de los quehaceres de cada uno:

Crea un sistema que genere variedad y constante cambio en la distribución de las tareas en el hogar. Hoy en día el mundo demanda muchísimas habilidades y aunque los quehaceres de la casa sean limitados, el mensaje es claro: “puedes hacer más de una función y adquirir habilidades y destrezas diferentes que te darán competencias para la vida”.

Para cerrar….

Sea cual sea el modelo familiar en el que vivas, la responsabilidad de comenzar a construir ambientes de igualdad en el hogar es necesaria. El mundo funciona hoy de manera mucho más compleja y las nuevas generaciones necesitan de perspectivas más amplias e incluyentes para enfrentar la vida. Pequeñas acciones son las que generan grandes diferencias. ¡Empecemos en casa!