El hambre de padre es casi universal en las sociedades en las que el ideal de masculinidad incluye el distanciamiento emocional.

Sergio Sinay

 

Es un hecho que uno de los problemas familiares más conocidos y poco resueltos es el de “falta de padre”, ya sea por un real abandono físico o por una ausencia emocional, en tanto que a la mayoría de los hombres se les sobrecarga con mandatos sobre la vida laboral, profesional y personal por encima de la paternidad.

El cambio hacia una nueva masculinidad hace que hoy cada vez más hombres reclamen su lugar como padres activos, presentes y amorosos que no solo represente el sustento y la autoridad. El rol de los padres ha estado minimizado e invisibilizado. Un compromiso social sería afirmar la paternidad redefiniendo la maternidad.

Y como el efecto del cambio que se está dando, hay cuestiones que le corresponden hacer al padre; pero… ¿qué puedes hacer tú para mejorar la relación con él?

 

Algunas sugerencias

1. Dile adiós al padre que no tuviste para poder dar la bienvenida al padre que tienes hoy.                                                              2. Trabaja con el miedo: no erradicarlo pero contenerlo. Mucha gente le tiene miedo al padre. Hoy ya no eres un niño, eres un adulto.

  • Aprende a calmarte.
  • Cuestiona qué es lo peor que podría ocurrir.
  • No olvides la meta: sanar y actualizar la relación con tu papá.

3. Detén lo que te lastima; si se sigue haciendo, incluso aléjate.

4. Pide lo que necesitas (cosas concretas y puntuales) y ve qué sí te puede dar.

5. Valora si sirve hablar o si sirve simplemente estar.

6. Escucha a otras personas hablar de él para tomar perspectiva.

7. Si vas a hablar, busca un espacio a solas. Con más miembros de la familia se activan patrones familiares, alianzas y coaliciones. Además, que haya testigos altera nuestra conducta de ambos y la hace más defensiva.                                                                                                                  

8. Primero pregunta y escucha: “¿Cómo eran las cosas para ti cuando yo era pequeño; qué estabas viviendo y experimentando; cuál fue la historia completa que no se nos podía decir a los hijos y las hijas?” Y la segunda serie va aún más atrás en el tiempo: “¿Cómo fue tu niñez; cómo fue la relación con tus padres?”

9. Si después de escuchar vas a hablar, describe la conducta concreta de él y lo que esa conducta produce en ti.                                                                                                                                                  

10.No esperes ser escuchado la primera vez. Podrías encontrar una total negación, de modo que debes tener listos algunos ejemplos que ilustren lo que quieres decir. Si lo acorralas, puede terminar en una catástrofe.

11.La actividad compartida relaja a los hombres y reduce la intensidad de una confrontación directa. Los materiales básicos de esa relación son los silencios, las acciones que remplazan a las palabras, los actos, las cosas que no se dicen en vida y que son motivo de eterno homenaje después.                                                                                                                                                           

12. Si no crees que sirva hablar, escribe para ti. Repiensa, repasa y re significa el pasado.

13. Trabaja con un terapeuta que te ayude a procesar.

Nada nos impide hoy, ya adultos y responsables, conscientes de nuestra vida, elegir a nuestro padre. No es una mentira, es uno de los padres o una de las versiones de papá que tenemos dentro. Si hasta aquí hemos elegido convivir y pelear con una, ¿no nos merecemos disfrutar de la otra?; ¿no somos también producto de ella?