El tema de ser madre en la actualidad –y en ocasiones de ser padre, por qué no- es un tema que ”mueve montañas”. Lo que antes era algo que “tocaba hacer” y se daba por sentado, hoy es todo un cuestionamiento: “¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿con quién?, o incluso ¿con nadie? Querer tener un hijo es querer escribir una historia compartida… con el hijo, ¿pero también con una pareja?

Hoy las dificultades de conseguir una estabilidad económica, la sobre calificación necesaria para tener una “suficiente” formación profesional, y muchas veces los nuevos modelos amorosos y familiares que no implican necesariamente un matrimonio a largo plazo, postergan e incluso ponen en duda la opción de ser madre o padre como parte de un proyecto de vida. En ocasiones es la misma biología la que pone trabas difíciles de sortear.

Esto nos obliga a contemplar la posibilidad de otros caminos, entre ellos el de ser padres sin tener una relación amorosa. Cada vez son más los hombres y las mujeres que echan mano de esta opción sin importar sus motivaciones, sus preferencias sexuales, y sus edades para tener un hijo. El objetivo es uno: ser madres o padres sin renunciar a educar al crío en forma compartida.

Nuevos tipos de familia se originan ante las realidades que estamos viviendo: la autonomía prevalece, se posterga el matrimonio y el embarazo, y un día llega el momento de decidir si tener o no un hijo. ¿Por qué tener que supeditar la coparentalidad al amor de pareja? ¿No será que podríamos ser buenos padres sin tener un amor intermedio? De hecho hoy existe, como en otros tantos temas, una plataforma llamada “Modamily” cuya finalidad es contactar a quienes quieren tener un hijo, comparten afinidades importantes en relación al tema, y quieren están dispuestos tanto a vivir la experiencia como a asumir la responsabilidad conjuntamente.

De manera particular las mujeres, acercándose a los 40 años de edad, empiezan a sentir la presión del reloj biológico y con ello a buscar y acelerar vías de lograr su objetivo de ser mamás. Para los hombres el interés y rango de “preocupación” es diferente, si bien algunos a los 35 años se preguntan si serán padres y cuándo lo querrán, hay quienes no es antes de los 50 que lo consideran con seriedad.

De una u otra forma hemos de tomar en cuenta que ser padre o madre puede ser un gozo, pero es siempre una inmensa responsabilidad. Por eso, valdrá la pena considerar la opción de ser padres -más no pareja- siempre y cuando impere el deseo de darse a los hijos, sabiendo que la convivencia con el pequeño y el compartir diario, tendrá sus alegrías, pero también su dificultad. Habrá también que cotejar si se comparten valores de base, capacidad de entrega, y una estabilidad física, económica y emocional suficiente. Y además de estas comunalidades, se tendrá que negociar su manutención y compaginar los tiempos de convivencia y cuidado, y por sobre todo, sostener el vínculo estable y afectuoso –lo cual no significa erótico amoroso- que habrá que construir como equipo de padres para asegurar el bienestar y la estabilidad de los hijos.

Si bien en México no acaba de normalizarse esta forma de crianza como en otros países, el tiempo irá haciendo lo suyo en tanto que nuestra sociedad va cambiando y los modelos familiares también. Lo que no se transforma tanto es el potente deseo vital y existencial de muchas personas de realizarse como madre o padre. Confío en que nuestro entorno no solo normalice y facilite estas decisiones sino que también deje de hacer juicios morales sobre ellas.

Sobra decir que cada vez hay más variedad de modelos familiares: familias monoparentales, familias reconstituidas, familias con parejas heterosexuales u homosexuales, casadas o no, con hijos o no, hijos biológicos o adoptados. En fin, no es necesario convivir para construir un buen núcleo familiar. Lo que sí se requiere es reconocerse como tal, y por tanto destinar recursos de tiempo, afecto, y espacio, para cultivar las relaciones de los implicados.

El deseo de construir estos nuevos modelos de familia no exime el preguntarnos  si el  “padres sí, pareja no” requiere alguna regulación institucional para proteger a los hijos. Se tiene el derecho a ser padre, pero también a asegurar los derechos de ser hijo. Sin duda queda un largo camino por andar.

 

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Cómo dejar de ser y sentirte víctima

La tristeza, el dolor y el enojo son experiencias humanas, todos —en distintos grados y en diversos momentos de la vida— experimentamos esos sentimientos. Sin embargo es característico de quienes se posicionan como víctimas acallar la ira y el enojo: les resulta más “fácil” esconderse en la “tristeza” pasiva del dolor, que reconocer el proprio malestar y actuar en consecuencia.

Es por eso que las personas víctimas tienden a ser pasivo agresivas, pues a mayor frustración, mayor desencanto y mayor acumulación de resentimiento que tiene que salir de alguna manera “velada”. El enojo “enterrado” puede ser hacia uno mismo por falta de seguridad y de competencia o hacia los demás por algún hecho que nos haya lastimado. En ambos casos la idea de “victimizarse” es la forma de sanar o de saldar cuentas crea la estrategia manipulativa de las personas que se victimizan.
Es importante hacer consciente esta estrategia inconsciente ya que en la base de la misma está el temor y la dificultad de reconocer nuestro enojo y actuar –oportuna y constructivamente – en consecuencia.

¿Qué toca hacer a quien se siente atrapado en su victimez? Adoptar medidas para cambiar las situaciones que nos producen infelicidad o insatisfacción y aceptar las que no tienen remedio. Esto implica y requiere un cambio de actitud y nuevos caminos de acción…

Tips para dejar de victimizarse

  • Suelta la idea de que la vida “te debe”. La vida no es justa, la vida no te debe nada, y aunque te lo debiera, no te lo va a pagar.
  • Reconoce los sentimientos que experimentas, sobre todo la tristeza y el enojo.
  • Descubre el significado de lo que estás sintiendo ¿miedo, celos, confusión?
  • Detecta los pensamientos auto-destructivos en torno a tus emociones y cuestiona el sistema de creencias que lo sustentan.
  • Mientras no puedas pensar y sentir diferente, al menos, antes de reaccionar, detén la acción. Pero intenta accionar de una forma distinta, aunque sea un cambio pequeñísimo, esto te ayudará a vivirte diferente, y luego a pensar y sentir de manera distinta.
  • Revisa tu forma de comunicarte. Deja de decir “no es justo”, “tengo derecho a…”, “las cosas deberían de ser “así y no asa”. Estas palabras solo justifican la ira y te atan a los sentimientos de frustración como si alguien estuviera obligado a satisfacer tus necesidades.
  • Distingue la empatía de la conmiseración. Una cosa es comprenderte y otra “tirarte al piso”
  • Sé asertivo. Di lo que sientes, necesitas y valoras.
  • Aprende a poner límites claros, y a decir NO ante lo que no puedes o no quieres.
  • Descubre tus gustos, intereses, habilidades y deseos, y encuentra acciones que te permitan desplegarlos y respetarlos.
  • Recupera seguridad personal a través de las pequeñas acciones que apuntan a respetar tus anhelos, tus necesidades y sus valores.
  • ¡Aprende a ser resiliente! Para superar las dificultades y aceptar tu vulnerabilidad tienes que creer en tu propia fuerza interior, la cual implica desarrollar la convicción de que serás capaz de encarar lo que sea que estés viviendo, con recursos propios o con apoyo externo.

Integrar estas actitudes favorece un proceso de transformación que sustituye una actitud pasiva y un comportamiento basado en el poder negativo. Practicar con pequeñas acciones estos tips te permitirá colocarte en una posición de fuerza para afrontar activamente tu vida y desarrollar tu el poder personal.

Insisto, la vida no es fácil pero la madurez consiste en hacerse cargo del propio dolor, de trabajarlo y de atravesarlo airosamente. Superar la actitud de víctima te permitirá tomar las riendas de tu vida.

El mundo ha cambiado rápidamente, y entre los cambios más llamativos, controvertidos y dramáticos se encuentra la transformación de las mujeres. Hay un mar de mujeres en universidades y en especializaciones. El 47% de la fuerza de trabajo es femenina. Aún así, el porcentaje de empresas sin mujeres en la alta dirección ha caído de 36% a 27% en los últimos años.

¿Por qué las mujeres no tienen las mismas oportunidades laborales, las mismas compensaciones, la misma proyección de crecimiento y las mismas posiciones de liderazgo que los hombres? ¿Por qué seguimos hablando de empoderarlas si nunca antes el mundo les había abierto tantas puertas?

Seguimos viviendo en un mundo patriarcal que prioriza la visión masculina sobre la visión femenina. Las mujeres seguimos siendo educadas dentro de una sociedad androcéntrica que legitima la violencia y la diferencia laboral. En los espacios de trabajo, particularmente en los altos mandos, se continúan privilegiando las formas de pensar, comunicar y actuar “masculinas” por encima de aquellas intervenciones “femeninas” que incluyen la empatía, la colaboración, la intuición y la emoción. Éstas son consideradas de menor valor, de menor utilidad e incluso se perciben como obstáculos para el logro de objetivos y el crecimiento de la productividad.

En este pequeño artículo no desarrollaré un tratado sobre feminismo (aunque buena falta nos hace a todos entenderlo), pero sí haré un llamado generalizado a considerar que hombres y mujeres requerimos sumar competencias y perspectivas para generar mejores resultados laborales y mayor satisfacción personal.

No es lo mismo la inclusión de género que la inteligencia de género. La inteligencia de género no solo se forja con políticas de cumplimiento de cuotas, trabajos de tiempo flexible y empoderamiento a grupos de mujeres. La inteligencia de género consiste en la comprensión, aprecio y uso de los talentos y habilidades diferentes que hombres y mujeres aportan en el área laboral.

La inteligencia de género estudia las diferencias en los cerebros femenino y masculino así como de la química de hombres y mujeres efecto de los diferentes niveles hormonales, y sin privilegiar una cosa sobre las otra, considera que sumar estas diferencias es mejor que eliminarlas con un discurso de “igualdad a rajatabla”. Ante tanto abuso de poder masculino en el mundo patriarcal en el que vivimos, no es fácil  afirmar que ser iguales no significa ser idénticos. Sin duda faltan muchas políticas que faciliten el tema de la equidad, pero ¿por qué negar aquellas distinciones que suman y potencian el bienestar y la efectividad?

Las empresas que reconocen las distinciones biológicas sin construir sobre ellas estereotipados roles de género e integran estrategias laborales que faciliten que las mujeres ocupen cargos de poder, favorecen el trabajo colaborativo entre hombres y mujeres y aprovechan el efecto de dichos intercambios para el bienestar personal de sus equipos de trabajo y para el crecimiento  de la organización.

Me pregunto yo y le pregunto a usted- ¿Por qué nos sigue siendo tan difícil dar este paso?

Las nuevas masculinidades

 

Mucho he hablado de las mujeres en la actualidad pero en textos recientes he comenzado a  destacar la necesidad del involucramiento de los hombres en esta transición relacional que vivimos como sociedad. Sobra decir que el primer paso para subirse al barco” es viendo por sí mismo, pero –importante precisión- no de la misma manera en que se les ha dictado por tantas generaciones.

 

Los cambios de las mujeres generan un impacto en los distintos roles que los hombres vienen desempeñando ancestralmente en el día a día, por eso, el re significar el sentido y el valor sobre el cual construyen su identidad y su quehacer es no solo importante para su mejor estar, sino indispensable para hacer frente a los nuevos paradigmas que están surgiendo.

 

Y para ello, lo primero es identificar los terrenos sobre los cuales se requiere hacer una nueva exploración.

 

¿Cuáles son esos terrenos y qué podría preguntarse un hombre para explorar estas áreas de su vida?

  1. Identidad: son aquellos rasgos que te diferencian de otro. ¿Cómo te defines? ¿Sobre qué estructuras tu identidad? ¿Qué deseas para ti? 
  2. Intimidad: es el aspecto interior o profundo de alguien; comprende emociones y sentimientos, así como las relaciones más cercanas. ¿Cómo lograr la experiencia de la auténtica intimidad? ¿De qué forma podrías aumentar tu lenguaje emocional para poder entenderte y conectarte con los demás? ¿Te serviría aumentar tu repertorio verbal para poder expresarte? 
  3. La sexualidad es un área de gran oportunidad:
    • La geografía del sexo no es la narrativa del sexo. ¿Para qué usas tu sexualidad? ¿Con ella compensas el miedo o la pérdida? ¿Por qué quieres lo que quieres? No solo es importante saber qué quieres en la cama, sino qué significado le das a eso que quieres.
    • “Dime cómo coges y te diré quién eres”: hablar de tu sexualidad da cuenta no solo del placer que disfrutas sino de tus profundos anhelos. 
  4. Poder: es la capacidad de hacer y ejercer. Muchas veces el poder es un privilegio invisible para el que lo tiene. ¿Cuáles son los costos y las ganancias de los privilegios que tienes? ¿Temes ser subyugado? ¿Te sientes tratado como niño? ¿Reconoces que los que te quieren se disminuyen ante la “grandiosidad” que despliegas? ¿De qué nuevas formas puedo utilizar el poder que tengo?

  1. Trauma: aquellos momentos que marcaron tu vida y dejaron una herida o huella. ¿Cómo han afectado experiencias de trauma temprano, por abandono, abuso, humillación en tus relaciones de familia, de trabajo, de pareja? La minimización o incluso negación de situaciones tempranas que te lastimaron pueden llevarte a ocultar la vergüenza a través de conductas de “superioridad”.           

 

Como hombre, cuestiónate. Atrévete a hacer frente a lo desconocido en cada uno de estos terrenos. Es justo en ese punto en donde pones en jaque tus antiguas ideas y conceptos, tanto de ti como del mundo, y es también ahí en donde está la oportunidad de re significar y construir algo nuevo.

 

Como mujer, escúchalos. Con curiosidad, complejidad y esperanza. No es fácil ser hombre hoy. Las mujeres no los conocemos ni entendemos del todo, sabemos lo que nos lastima de ellos, lo que nos falta, lo que no nos gusta y lo que necesitamos, pero no

entendemos los dilemas y las presiones que ellos están viviendo, los dolores que vienen cargando, y su estar atrapados en una masculinidad que los aliena y enajena.

 

Nos necesitamos en el “mismo bando”: ¡caminemos juntos en esta transformación!