El arte de perdonar

Los intentos de reparación son esfuerzos que realiza la pareja para mitigar la tensión durante una discusión, para frenar y poder así evitar que alguno se sienta abrumado. Hay muchos intentos de reparación que van desde el humor, pedir disculpas, reconocer al otro, etc. Ej. Vamos a dejarlo un momento, espera, necesito calmarme un poco.

Cuando los cuatro ingredientes corrosivos gobiernan la comunicación de una pareja, los intentos de reparación no suelen ni siquiera ser advertidos. Especialmente cuando se está abrumado no se es capaz de oír ninguna muestra de que el otro está “sacando una bandera blanca” verbal con miras hacer la paz.. El círculo vicioso opera de esta manera: aumentan los 4 ingredientes corrosivos, los intentos de reparación no se escuchan, se abruman los cónyuges y vuelven a responder con desdén, defensa, etc. etc…. hasta que la pareja se distancia emocionalmente, lo cual es la primera causa de separación y divorcio.

Los matrimonios emocionalmente inteligentes tienen una amplia gama de intentos de reparación pero lograr que estos intentos funcionen requiere de una preparación importante. Parte de lo que resulta indispensable es la habilidad de frenar.  Este es el primer concepto que uno aprende al aprender a esquiar en nieve.  Aprendemos como frenar y parar.

Durante la vida en pareja, es común que pasemos mucho tiempo viendo quién es el culpable de cada problema  y situación, negando la responsabilidad de cada quién,  cargando de esta manera la culpa sobre el otro.  Ej: se me olvida recoger los boletos para un concierto y culpo a mi mujer por no haberme recordado, estoy enojado contigo y ahora no vamos. Con esto se está aventando la responsabilidad hacia la compañera, atacándola…  Observen como culpar al otro sin tomar responsabilidad hace que el conflicto escale en vez de pararlo. Y para poder usas los intentos de reparación y conversar es necesario no amentar el conflicto sino frenarlo…

¿Cómo hacerlo?  Sugerimos que el objetivo de la conversación no sea buscar culpables, olvidarse por completo de culpar. Esto no es fácil pero es particularmente difícil cuando hay un cúmulo resentimientos pasados. Nadie tiene una formula de cómo manejar estos resentimientos del pasado (dependiendo de su fuerza e interferencia en la relación se han de buscar diversos caminos), pero evidentemente al iniciar una conversación no sirve de nada sacar de “la maleta todos los trapo viejos”.  Si cada vez que vamos a resolver algo sacamos nuestros resentimientos al aire, agobiamos a nuestra pareja, le echamos toda la culpa del asunto y no resolvemos nada.

Pero en tanto que estos “trapos viejos” existen dedicaremos un espacio a hablar sobre el perdón: Tratar de perdonar en lugar de traer a colación resentimientos del pasado facilita estar presente en la situación actual y dar al otro y a uno mismo la posibilidad de cambio.  Sabemos que esto es algo difícil de hacer, especialmente cuando el problema tiene una larga historia que se ha venido guardando en una caja donde la conservamos y nutrimos como un tesoro.

Perdonar y pedir perdón es una de las experiencias que alguna vez todos tenemos  que vivir. Más en el territorio del amor:  perdón y amor son experiencias que se tejen.

Pero ¿De verdad se puede perdonar? Suele decirse “Puedo perdonar pero no olvidar”. Sin embargo, en la vida real ocurre más bien lo contrario. El olvido puede llegar si la vida de pareja empuja por otras ideas o situaciones que son más ricas y abarcantes que la desilusión vivida. Si se ejecutan nuevas acciones y nuevas experiencias que nos pongan en otro lugar como pareja, podremos crear otra historia de lo ocurrido y atenuar los resentimientos, acomodarlos y a veces “olvidarlos”, no en el sentido de “no recordarlos”, sino de que no interfieran en la  relación.

Sin atacar ninguna religión con frecuencia el perdón tiene un eco  cristianas de “bondad y deber ser” que no son útiles. A veces se plantea como exigencia “sobrehumana” pero somos humanos. Por otro lado podemos pensar que algo que ayuda a perdonar es tener alguna explicación de lo que pasó: y sí muchas cosas tienen una explicación, lo cual modifica lo que sentimos en relación a los hechos. Por ejemplo debajo de los actos de terrorismo masivo o de genocidio sistemático, por ejemplo, se suele encontrar un <delirio de obediencia>, ciega e irreflexiva; esto explica algo pero es insuficiente. Aún habiendo explicaciones (que no siempre las hay porque somos seres contradictorios) el perdón es necesario y útil para poder decir: “aquello que hiciste ya no influye ni en mi vida ni en el modo de relación contigo. Ya no sirve, ya no está vigente”.

Pero decir esto, y decirlo de verdad, no es fácil ni rápido. Lleva su tiempo. A veces tras fuertes ofensas, uno dice muy rápido <no importa, te perdono>. Eso es falso. El perdón llega a su tiempo, no antes y no después. Muy pronto es frívolo, muy tarde ya no sirve. Por eso decimos que el perdón es un proceso.

Sin bien en cada caso perdonar se verbalizará de forma distinta una buana afirmación de perdón podría ser así: “Te perdono, aquello que pasó ya no me influye, pero como consecuencia de aquello estás en un segundo nivel de confianza. No se si alguna vez estarás en el primero pero, por ahora, mantendré unas ciertas medidas de precaución que te serán evidentes. Aunque también te aseguro que responderé a lo que hagas ahora y no a lo que hiciste entonces. Si noto algún prejuicio respecto a ti te lo haré notar para poder debatirlo”.

El perdón es entonces un proceso que se inicia con una acción concreta que intente solucionar la situación, siempre y cuando de base esté la intención consciente y explicita de reparar. Así el perdón funciona como algo que empieza con un poco y se incrementa a sí mismo,  se multiplica.   El perdón es un acto liberador, exclusivo de los seres espiritualmente superiores, al igual que el amor.

Volviendo a los intentos de reparación podemos decir que no tenemos que llegar a grandes ofensas para detenerlos y reparar. De manera concreta lograr llevar a cabo buenas discusiones sin culpar al otro esto requiere de todas estas estrategias:

  • El inicio suave de una conversación
  • Aceptar la influencia del otro
  • Dar y recibir los intentos de reparación y…
  • Llegar a un acuerdo…

¡Los cuatro puntos son un paquete!

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