Las ideas falsas del amor

Desde nuestra infancia, escuchamos infinidad de veces la palabra “amor”, y durante años vamos por la vida tratando de comprenderlo, de encontrarlo y de conservarlo. “El amor lo puede todo… y, por tanto, si es verdadero nada debe influir en él, ningún obstáculo, ninguna contingencia”, es la frase que para muchos sirve de credo en cuestiones de pareja. Sin embargo, realmente pocas veces nos preguntamos con calma qué pensamos que es el amor, y menos veces aún nos cuestionamos nuestras creencias acerca de él, es decir, todo aquello que nos dijeron sobre él o que comenzamos a creer a través de las experiencias que hemos tenido en cuestiones amorosas. Si bien todos podemos tener claro qué cosas buscamos en una persona para desear tener una relación de pareja con ella, existe una serie de creencias tradicionales que, en gran cantidad de ocasiones, truncan el amor, lo dificultan y le arrancan esa capacidad que tiene para transformar y hacer crecer a quien lo siente.

¿Cuáles son estas creencias?

– “El amor no se acabará nunca.”

Contrario a lo que dice esta frase, el amor tiene fecha de inicio y también fecha de final. El amor se acaba, se muere, así como la vida misma: alguno de los dos podría morir en cualquier momento. Y justo porque acaba, cuando empiezas una relación tienes que estar dispuesto a pagar el dolor que implica que ésta se llegara a terminar. Lo único que dura toda tu vida, es tu propia vida.

– “El amor es incondicional.”

Si quieres dar todo por amor, vete de misiones o arma una fundación: no tengas pareja. La realidad es que, por mucho que amemos a una persona, no es buena idea estar ahí en cualquier circunstancia: hay situaciones que no deberían menos que llevarnos a terminar una relación, o bien, a dejar de amar.

“El amor encuentra a la pareja que ‘tenemos predestinada’, la que encaja con uno y que, por lo tanto, ha sido la única buena  elección posible entre muchas.”

Nadie puede darte lo que te falta. Eso viene de adentro. No encuentras tu media naranja, no hay personas a medias, hay personas completas con defectos y virtudes. No puedes ir por la vida ofreciendo la mitad de una naranja que se está secando y que alguien completo no querrá.

– “El amor son los cálidos sentimientos que nos produce la pareja.”

A mayor intensidad emocional, mayores nuestras necesidades “neuróticas” aparentemente satisfechas con el encuentro. Si creemos que el amor se cifra sólo en lo que me causa el otro, decir te amo equivaldría entonces a decir: “por favor quiéreme y hazme sentir tu amor”.

A veces un buen amor, atraviesa por una sequedad “emocional”, y es aquí cuando viene la inteligencia y el aplomo, a sostener la crisis de la relación.

– “El amor debe conducir a la unión estable de la pareja y constituirse en la base del matrimonio.”

Hay amores buenos, y comprometidos, sin contrato matrimonial. El amor y el deseo no requieren, necesariamente, de papeles que justifiquen la unión.

– “El amor es fusión.”

Hay fusión cuando se da un completo intercambio de complementariedades en lugar de un intercambio de identidades. El amor es un acto de atención, voluntad, consciencia constante, no de pérdida de quienes somos. La pareja está conformada por dos personalidades que deben complementarse, no sumarse en una unidad homogénea.

– “El amor auténtico es monógamo, solo puede sentirse por una persona.”

Uno elige ser monógamo, no se es monógamo por el simple hecho de amar. Si bien este tema varía entre pareja y pareja y la poligamia debe ser un acuerdo, la realidad es que podemos amar a más de una persona (familia, amigos, pareja) sin que por ello amemos menos o mal a cada una de ellas.

– “El amor para ser amor tiene que ser romántico.”

El romanticismo surgió en otro siglo y consiste en un amor idealizado, imposible, inalcanzable. Actualmente, la razón más aceptada para contraer matrimonio o formar pareja es estar enamorado, y suele creerse que si no se atraviesa un estado de enamoramiento, no existe verdadero amor. El enamoramiento es un estado “alterado de conciencia” en donde realmente no amas a la otra persona sino que “idolatras” a la imagen idealizada de la misma. Si uno deja de estar apasionadamente enamorado, o no vive para halagar y ensalsar al otro, no significa que no ames a tu pareja.

– “El amor es total.”

Cuando se piensa que nada cabe excepto el otro, la relación se empobrece y se acaba en el aburrimiento, en el mejor de los casos, sino es que en el control, los celos e incluso la violencia. Creer que tu pareja “todo lo tendrá contigo y sólo contigo” llevará a numerosos actos de hostigamiento y de posesión. Tu pareja tiene amigos, familia, intereses y más áreas que no necesariamente te incluyen a ti. El secreto es aprender a ser parte de su vida y aprender a compartirle tu vida.

– “El amor todo lo sabe.

Olvidar que siempre somos un misterio para el otro, llevará a expectativas insatisfechas y a desilusiones constantes. Cada uno debe tener su espacio, su intimidad, incluso sus secretos, lo cual no significa que esto sea un “engaño por omisión”.

– “El amor nada teme”

Decía Cortázar: cuando te regalan el reloj, también te regalan el miedo a perderlo. No es valiente el que no siente miedo al amar, sino el que sabe cómo controlarlo y arreglarlo.

– “El verdadero amor va a satisfacer tus necesidades”

El amor infantil busca satisfacer todas las necesidades del niño. Un niño espera que sus carencias y demandas queden resueltas a través del amor. El amor adulto siempre nos deja un poco insatisfechos porque no hay nadie que pueda colmar nuestro infinito deseo, y nuestras nuevas y permanentes necesidades.

– “El amor es tan importante que ha de ser tu principal propósito en la vida”

El amor de pareja es importante, si lo está, pero la vida es mucho más que la vida de pareja. La pareja no puede ser tu proyecto de vida, requerimos de un proyecto de vida personal que incluya trabajo, amigos, hobbies, familia, descanso y pareja también, si la queremos. Pero la vida va más allá del “cada oveja con su pareja”.

 

Sería buen ejercicio comparar nuestras creencias con esta lista. Quizá hemos cargado sobre la espalda del amor muchísimas cosas que no le corresponden, lo que causa que también sobre los hombros de nuestros amados hagamos lo mismo: poner pesos, responsabilidades, obligaciones o fantasías que no tendrían porque cumplir. Claro está que no se trata de dar todo nuestro amor a cualquiera que pase por la calle, pero debemos aceptar que aquel a quien amemos no está obligado a satisfacer todas nuestras necesidades, como si de un producto en el supermercado se tratara.

Dejemos que el amor se presente de manera ligera, libre, real, sin falsas esperanzas, tabús o exigencias. El amor es alado y tiene buen juicio, ya no es más un loco y ciego flechador… si así lo queremos.

 

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