Retos y vericuetos de la vida en pareja hoy

En ocasiones no cuestionamos el porqué y el para qué de la vida en pareja, a veces incluso lo banalizamos, y pocas veces nos preguntamos de dónde viene este gusto, este deseo de hacer pareja, o acaso ¿esa necesidad?

Una primera reflexión sobre el tema deriva de entender cómo hemos evolucionado como especie a través de los años.

La extendida época de crianza tuvo consecuencias particulares en las relaciones de los hominidos ancestrales, una que nos interesa en relación al tema de la pareja es la necesidad de la hembra de cierta protección y seguridad durante la crianza.

Por otra parte, la postura erguida les permitía copular frente a frente favoreciendo el establecimiento de un reconocimiento y gusto en el intercambio sexual, esto unido a la desaparición de periodo de celo en las hembras y el desarrollo de orgasmos en las mismas, aumentó la frecuencia de las cópulas y el gusto por un compañero particular. El sexo y el erotismo no son solo fisiológicos, son relacionales también.

Si bien en la actualidad la pareja no se funda en la importancia de la reproducción, producción y sobrevivencia como antaño, aún parece una constante en la vida de las personas la búsqueda de una relación particular que de manera especial nos abra opciones en la vida, nos genere una seguridad básica, y nos nutra de compañía, gozo y afecto.

Hoy se privilegia el gusto por estar con el otro, la necesidad de un intercambio de ternura y afectos, y de ayuda cotidina. El eje de la vida amorosa ha cambiado, pero el deseo por vivir en pareja parece que no.

Por otro lado, y también como efecto de la larga época de crianza que requerimos para conquistar la autonomía, mencionamos que venimos de una historia primaria de apego con la madre: en los primeros años de vida, si tuvimos suerte, dispusimos al menos por un tiempo de algún cuidador que fue “solo para nosotros” y que estuvo atento a satisfacer todas nuestras necesidades.

Lo digamos o no, seamos concientes o no, muchos deseamos una vida de pareja que nos recuerde, nos perpetúe, o remplace, esa unicidad. Quizás por eso podemos decir que al amor adulto siempre nos deja insatisfechos, porque por buena que sea la relación amorosa que generemos, nadie puede ni tiene la obligación de colmarnos como lo hicieron, bien o mal, nuestros cuidadores primarios en esos primeros momentos de vida.

No podemos dejar de señalar, que la búsqueda –a veces frenética– de una relación amorosa, también se correlaciona con una sociedad que privilegia la vida de pareja sobre la vida individual.

Insistimos que si bien en el pasado, las necesidades de reproducción, producción, y sobrevivencia hacían imperiosa la unión conyugal y la convivencia familiar, en la actualidad los requerimentos de la vida moderna son diferentes, y los deseos, necesidades y valores de los sujetos del siglo XXI también lo son.

A veces no estamos dispuestos a pagar ciertos costos y asumir ciertas renuncias para vivir de a dos, pero aún así se deja todavía sentir el estigma en relación a la soltería y la vida “en solo”; el privilegiar la vida de pareja sigue ejerciendo su inercia y con ella se despliega una fuerte presión a quienes viven en soltería.

Para desarrollar el potencial personal, necesitamos contactarnos a nosotros mismos al tiempo que nos relacionamos con otros seres humanos; a veces esos “otros” son una pareja concreta, pero en ocasiones son un círculo de amigos, o un grupo de colegas, con frecuencia la propia familia y demás seres queridos que siempre han estado cerca de nosotros. Todos condimentan con “sal y pimienta” el día a día de nuestras vidas y dan calor y cobijo a nuestro corazón.

 

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Leyendo la entrevista que hizo la Revista S1NGULAR a Cecilia Suárez hace algunos años ya, me llamó la atención un libro que la artista citó varias veces y recomendó insistentemente el libro: Las Nuevas Soledades de Marie France Hirigoyen. El tema de entrada me cautivó por obvias razones, y ahí me tienen en la red investigando más a fondo su contenido, para darme finalmente a la caza del texto hasta dar con él.

Pues sí, lo que la autora trasmite lo vivo cotidianamente en mi vida personal y en mi trabajo con infinidad de solteros y solteras del siglo XXI. Y es que la soledad se ha convertido en un fenómeno social en aumento y de creciente importancia. Sorprende que, si bien las interacciones entre los individuos –y mucho en parte al influjo de las redes– se han vuelto permanentes por no decir invasivas, una infinidad de personas experimentan un doloroso sentimiento de aislamiento –ya sea que vivan solas o acompañadas–. Esto sin puntualizar que son muchos quienes toman ya la decisión, tal cual, de vivir en soltería.

Esta realidad es, y lo constatamos día a día, fruto de una profunda transformación en las relaciones entre hombres y mujeres que aún no llega a su fin. Si bien las mujeres hemos adquirido una nueva autonomía, tanto en la vida sexual como en la vida laboral, nuestra independencia aún no se integra del todo en las mentalidades, ni de los hombres, ni de nosotras mismas. ¡Cómo no se generarán entonces crisis tanto en los roles femeninos como en los masculinos! Y con estas crisis un empobrecimiento galopante de los vínculos amorosos.

La desorientación la vemos día a día en las rupturas matrimoniales –sobre todo por iniciativa de la mujer– o bien en la dureza de las relaciones de pareja y el sobreesfuerzo que requieren éstas para su sostenimiento y realización.

A todo esto, me pregunto: ¿cuál es el gran temor ante la soledad que experimentamos más de cerquita y con mayor conciencia que antes? A mí en lo personal, vivir “en solo” me hace experimentarme más vulnerable: contactar con más frecuencia mi finitud, mis temores y mis carencias, pero también me aporta un cúmulo de energía, de conciencia, de gozo y de inspiración.

Quizás la clave del dilema consista en vivir la soledad como una elección –nos haya sorprendido o la hayamos conquistado– sin dejar por eso de estar disponibles para el otro. ¿Será que la verdadera intimidad implica ante todo disponibilidad de nuestra parte? Favorecer desde nuestro interés el verdadero encuentro, advertir si el otro se encuentra bien o no, si quiere estar o se prefiere retirar, hablar o callar… Nos quejamos de la soledad, pero invisibilizamos que muchas veces, no estamos –ni queremos estar– disponibles para los demás.

Tener o no tener pareja deja de ser la clave de la ecuación, sobre todo en un mundo donde es preferible invertir a la vez en varios vínculos que respondan a las diferentes facetas de nuestra personalidad. En este nuevo modo de vida se deseará tener una pareja probablemente, pero habrán además varias personas que sean importantes para nuestro diario vivir.

Confirmo que la soledad vivida así es una fuente de plenitud, un medio para librarnos de la superficialidad de una sociedad que tiende a ser dominada por el narcisismo y el culto a los resultados inmediatos, y un antídoto contra el aislamiento que sin duda marchita nuestra humana naturaleza gregaria, erótica y emocional.

 

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¿Qué sigue después de una ruptura amorosa, de una separación, de un divorcio?

 

Las separaciones amorosas generan una experiencia de ruptura caótica por lo que antes de continuar con la vida se necesita “recoger las piezas que se resquebrajaron en el camino”. Ser conscientes de la necesidad de atravesar un proceso de duelo y reacomodo de nuestra persona es requisito indispensable para salir airosos de esta vivencia.  Saber que no podemos saltarnos ciertos pasos, ciertas etapas, nos dispone a vivir el recorrido con mayor disposición, confianza y aceptación.

 

La vida, después de una separación amorosa, abre puertas que invitan no sólo a salir del caos, sino a crear una vida más rica, más interesante: una vida mejor. Caminar por este trayecto implica primero ubicar en dónde nos encontramos, cómo es que hemos llegado hasta este lugar y descubrir hacia dónde queremos dirigirnos.

 

Hay opciones relativamente “cómodas”, como evadir o negar lo que está ocurriendo. Estas estrategias, al alcance de la mano de todos, generan un “bienestar” temporal anestesiando el dolor, pero finalmente son opciones que llevan, sino a la frustración constante, sí a posponer la recuperación y, por tanto, la posibilidad de una vida más plena.

 

Existe un proceso de recuperación diseñado por especialistas para recorrer este camino. Éste se asemeja a la escalada de una montaña en distintas etapas. Es necesario ir avanzado por pasos, al ritmo requerido por cada quien, pero ni tan despacio que la vida de pronto se nos escurra de las manos, ni tan de prisa que cuando nos demos cuenta hayamos llegado a lugares extraños y peligrosos sin el equipo necesario para adaptarnos a ellos.

 

Podemos distinguir cinco etapas que facilitan para vivir cabalmente un duelo amoroso. La conquista de cada una te preparará para avanzar a la siguiente y aproximarte a la cima mencionada de una manera fortalecida.

 

  1. Salir del caos y retomar el equilibrio atravesando el duelo: aceptar el caos y retomar de a poco el equilibrio permitiéndote sentir el proceso de duelo.    

  2. Aprender a estar solo cómodamente: tu base eres tú. 

  3. Construir amistades sólidas.

  4. Iniciar relaciones amorosas de corta duración, experiencias que nos permitirán reaprender a amar y recuperar la confianza…                                                   

  1. Generar una relación estable de larga duración, o bien elegir la soltería como opción de vida, temporal o permanente.

 

 

Todos queremos ser felices, todos tenemos derecho a un grado suficiente de satisfacción y bienestar, pero tras un divorcio o una separación hemos de partir de la base que disfrutar la vida nos tomará algún tiempo. Después de haber recorrido el camino necesario para recuperarnos habremos aprendido del pasado, nos conoceremos mejor y desarrollaremos partes de nosotros mismos previamente desconocidas, paralizadas, reprimidas o simplemente ignoradas. Pero como todas las “intervenciones quirúrgicas”, el camino de la recuperación requiere de una convalecencia para sustituir el sentimiento de fracaso del pasado, por un anhelo y entusiasmo de vivir el presente y una confianza de lo bueno que falta por venir.

 

 

Todos tenemos derecho a ser felices, pero tras una separación hemos de partir de la base que disfrutar la vida nos tomará algún tiempo.

1) EL CAOS INICIAL ES PASAJERO… ¡NO TE ASUSTES PORQUE NO TE QUEDARÁS ASÍ!

Hay que salir del caos y retomar el equilibrio. ¡Ocúpate!: el peor enemigo en este momento puede ser tu propia mente ociosa y lastimada.

 2) NO INTENTES EVITAR EL DOLOR

Mientras más te resistas a sentir el dolor más tardarás en salir adelante. Transitar por estados de depresión, enojo, culpa, tristeza, y desesperación te llevarán al camino de la aceptación.

3) ENCUENTRA ALGUNA EXPLICACIÓN

Más que preguntarte qué falló, cuestiona: “¿por qué elegí esa pareja?”, “¿qué señales dejé de ver?”. Muchas personas se emparejan por motivos aparentemente equivocados, sin embargo, reconocer el final de una relación infeliz, violenta, o no productiva, puede ayudarte a mirar la separación como una decisión que refleja salud mental y madurez.

4) PARA TU ACTUACIÓN DE “VÍCTIMA O VILLANO”

Si te dejaron, trabaja el resentimiento. Si tu terminaste la relación, trabaja con tu culpabilidad. Vivirte como víctima o villano te lastima y resulta lastimoso para quienes están cerca de ti.

5) TRABAJA EN TU AUTOESTIMA

La ruptura genera una herida al ego. ¿Cómo puedes fortalecer tu estima personal? Para de recriminarte y criticarte. Vive con consciencia, acéptate, sé responsable de ti mismo, sé congruente y ten un propósito de vida.

6) ENSAYA ESTAR SOLO CÓMODAMENTE

Son muchas las actividades que puedes ir haciendo para acompañarte y comenzar una vida s1ngular. Ve a una librería y ponte a leer, visita un parque, métete a una clase de comida. Notarás al poco tiempo que lo empiezas a disfrutar.

7) CONSTRUYE REDES SOCIALES Y GENERA AMISTADES

Las amistades son un sostén y un acompañamiento que aligera el camino. Es momento de mirar alrededor y reconocer con quienes cuentas. Generar  un grupo de amigos con quienes conversar, compartir, disfrutar.

8) NO A LAS CONDUCTAS AUTODESTRUCTIVAS

No acudas a lugares donde puedes encontrar a tu ex, no lo busques en las redes. No atentes contra tu integridad teniendo sexo sin cuidado, exponiéndose al abusar del alcohol. No pongas en riesgo lo que sí le sale bien en el trabajo y en otras relaciones.

9) INICIA RELACIONES ERÓTICAS O AMOROSAS DE CORTA DURACIÓN

Juégate eróticamente de forma cuidadosa para recuperar la confianza, conocer tu cuerpo, y reaprender a amar. Pensar que inmediatamente después de un rompimiento de pareja estás en condiciones de encontrar al gran amor de tu vida es un gran error.

10) ELABORA UN PROYECTO DE VIDA

Puedes desear una vida en pareja, o continuar viviendo en s1ngular, pero primero está la elección de un camino personal que de significado a tu vida y que inyecte pasión a tu caminar.

 Recorrer este trayecto facilitará que lo que falta por venir sea una aventura de oportunidades y crecimiento.

 

Factores que impactan en las relaciones amorosas actuales

Son muchos los componentes que intervienen en la dificultad de encontrar, construir y sostener una vida de pareja plena. En cada uno de nosotros puede tener mayor peso alguno que otro, pero generalmente intervienen más de uno a la vez. Este entramado de factores hacen que las decepciones amorosas, más que un simple auto sabotaje, sea un tejido con diversos componentes personales, amorosos y sociales, difíciles de entrelazar. Repasemos algunos:

1.- Componente temperamental: Las personas al nacer no somos una “tabla raza”, venimos al mucho con una carga genética que nos predispone hacia diversas vertientes. Una de ella es la tendencia natural a la extroversión o a la introversión. Esta distinción, y siguiendo a Susan Cain escritora y conferencista norteamericana,  señala aquellos rasgos de carácter que nos hacen requerir -para el propio crecimiento y bienestar-, espacios más tranquilos y solitarios o bien situaciones de mayor convivencia y estimulación.

2.- ¿Infancia es destino?: No podemos menospreciar el impacto de los vínculos con nuestros cuidadores primarios en cuanto a la imagen que tenemos sobre nosotros mismos. La mirada recibida en los primeros años de la vida, si bien no determina nuestro futuro, sí condiciona nuestra manera de valorarnos.

3.- Lealtades invisibles :Dentro del mismo rubro, pero con un matiz diferente, influyen las historias que se cocinaron en nuestra familia de origen. Nos guste o no la historia compartida con ella, por el simple hecho de pertenecer a un núcleo familiar generamos un sentimiento de compromiso y unión más o menos consciente hacia él. 

4.- Desencantos amorosos: La mayoría de los habitantes del siglo XXI hemos atravesado más de una relación amorosa. Seguramente en nuestros pasados amores hubo momentos bellos, pero también situaciones lastimosas, ni que decir de las relaciones francamente tóxicas que nos dejaron un mal sabor de boca.

5.- Desconocimiento personal: Es tarea de cualquier ser humano conocerse a sí mismo: sus competencias, sus deseos, sus necesidades, intereses y valores. Muchas relaciones se frustran porque no alineamos nuestras aspiraciones a nuestras posibilidades: o esperamos demasiado de la pareja o nos conformamos con demasiado poco

6.- Creencias erróneas del amor En contraposición con la idea del “amor eterno” hoy podríamos pensar que “el amor es eterno mientras dura”: la idea de que “algún día no estaremos juntos” ya sea por una separación, o por la misma muerte, no es un augurio de fatalidad sino una realidad ineludible. De cualquier modo, la posibilidad de terminar no es una razón sustanciosa para no volver a amar.

7.- Priorizar la individualidad: ¿Cómo conjugar el anhelo de compañía con la posibilidad de construir una vida individual? Hoy más que nunca surge con intensidad la pregunta: “¿qué soy y qué quiero para mi?” La respuesta a este cuestionamiento existencial integra -además de la pasión amorosa- la pasión por la autonomía y por la autoafirmación: la época que vivimos se caracteriza por la colusión de intereses entre familia, amor y libertad individual.

8.- Desacoples de género: Hoy como nunca vivimos la “guerra” de los sexos. Las mujeres están avanzando rápidamente en el tema de equidad y la mayoría de los hombres se encuentras desorientados. Buscamos relaciones igualitarias, y al mismo tiempo nos cuesta trabajo romper los patrones ancestrales que esperan mujeres pasivas,  dóciles, sobre emocionales,  y hogareñas, y hombres fuertes, protectores, proveedores, inquebrantables e infatigables.

9.- Sociedad en permanente transformación: La celeridad de las comunicación y la sociedad en rápida transformación abre cada día nuevas formas de estar en pareja, pero la falta de modelos amorosos probados genera temor, desconfianza e incertidumbre. Las redes sociales han conformado una nueva forma de relacionarnos que nos conecta a unos con otros al tiempo que mantiene una estremecedora lejanía en estos “encuentros”. Un sabor a soledad y miedo queda después de la fascinante cercanía y del vertiginoso descubrimiento.

 Hemos de tejer, combinar, capotear, y manejar estos factor para lograr un buen amor, entendiendo que todo influye, pero al final nuestro deseo y nuestra voluntad también.

El amor no existe…

Cuántas veces no hemos escuchado decir a amantes decepcionados:  “yo no creo en el amor”, “el amor no existe”, “amar es privilegio de unos cuantos” o incluso, “no tengo tiempo para andar de romántico”. Estas posturas dan cuenta de decepción, desencanto, frustración, ¿miedo?

Es entendible que a lo largo de la vida prioricemos otros proyectos a una relación amorosa. Es comprensible que algunas personas con vocaciones particulares tengan claro que no tienen un particular interés ni una necesidad de vivir en pareja, y que otros tipos de vínculos les sean suficientes para tener contento a su corazón. Pero ese desprecio al amor que se manifiesta en infinidad de frases, conductas y desplantes para que el mundo se entere que eres un “hater” del amor, nos hace pensar en alguna situación de dolor profundo o en una negativa a hacer un movimiento que te saque de tu zona de control (emocional, erótico, intelectual, social).

 ¿Así nacen o se hacen?

Algunos de nosotros somos más “romántico”, soñadores e idealistas; otros tantos preferimos una postura amorosa menos “empalagosa” y de grandes expectativas, pero no por eso mala. Pero reitero que poca gente rehúye del todo al contacto social y al intercambio amoroso: somos seres gregarios, seres que nos desarrollamos gracias a los apegos y a las relaciones que nos contienen y nos confirman. A reserva de personas que nacen con características entre “fóbicas”, herméticas y  solitarias, la mayoría de nosotros queremos relacionarnos con los otros y anhelamos –en mayor o menor medida- un buen amor.

 Así, quienes de manera más o menos inconsciente rechazan, repelen, critican y huyen a un encuentro amoroso, es posible que:

  • No hayan superado una experiencia de desamor que les dejó lastimados en lo profundo.
  • Qué hayan buscado con cansancio y desencanto un buen amor y no lo hayan podido consolidar debido a la gran complejidad de hacer pareja en la actualidad.
  • Carezcan de referentes tempranos de un apego seguro (con sus padres o cuidadores primarios) y por ello les sea difícil vivirse como queribles y desarrollar la capacidad de amar.
  • O bien, renuentes en un mundo aguerrido en cuanto a demandas de status, de crecimiento profesional, de resolución de situaciones familiares, que haya priorizado esas tareas y no quieran asumir que no quieren un amor que más que apoyarlos les demande de más.

¿Cómo se puede dejar de ser un hater del desamor?

Pues dependiendo de la causa (que nunca es única y pura) habrás de buscar el entendimiento del asunto y luego una serie de acciones que te llevan a una resolución:

  • A veces reconocer que estamos heridos por un desencanto amoroso, decidirnos a recorrer un duelo nunca vivido y sanar el trauma de dicha decepción, es el inicio de abrirnos a una nueva experiencia amorosa.
  • En ocasiones dejar de buscar algo muy particular, con altas expectativas de encontrar a una persona ideal que no existe, o a construir un tipo de relación que es más producto de “los cuentos de hadas” que de la vida real, nos ayuda a desbancar ideas erróneas sobre el amor y la pareja, y a buscar una pareja suficientemente buena aunque no sea lo que nuestra mente pensaba que era lo mejor.
  • Nunca sobra trabajar las heridas de infancia, pues ningún amor es el primero más que el de nuestros cuidadores tempranos, y eso que vivimos y recibimos en los primeros años de nuestra vida nos condiciona para sentirnos merecedores de amor y para aprender a amar. Las personas que desarrollaron apegos inseguros, ansiosos, evitativos, requieren de un entendimiento de su forma de construir vínculos para poder trabajar con estas experiencias tempranas y encontrar una forma de vincularse sin lastimarse ni lastimar.
  • Y por último, entender los nuevos escenarios amorosos, sus complicaciones, la ambivalencia e incertidumbre que generan en tanto que los roles no están claros para hombres y mujeres, y sabiendo que los proyectos de vida personal con sus retos laborales, sociales, familiares, económicos, dificultan un proyecto de vida común, permitirá hacer prioridades, distinguir necesidades, y tener objetivos realistas y claros entre lo que se está dispuesto a dar, lo que se está abierto a renunciar y lo que es imposible negociar en tanto es valor central de la propia vida.

“Believe it or not”, una consulta terapéutica puede aclararte en qué parte del camino te encuentras, y te apoyará a decidir que lugar en la vida quieres darle a nuevo amor…

 

 

 

 

¿Será que nos enloquecemos más al terminar una relación amorosa que al comenzarla? Sin duda el enamoramiento nos obnubila y durante “ese estado alterado de conciencia”  proyectamos en nuestro amado todo aquello que necesitamos para ser felices. ¿Pero cuando el amor acaba –como dice José José- no será que también nuestras funciones cognitivas y nuestros impulsos nos hacen una mala jugada?

Si bien el duelo es un proceso que cada persona vive de manera diferente, la sensación de pérdida, el temor a la separación, la frustración de lo no logrado, y el dolor del desamor, pueden “secuestrar” nuestra psique, aniquilar lo bueno que sí tuvo esa pasada relación, y por añadidura, actuar en nuestra contra impidiendo nuestra recuperación.

Aquí te van 10 cosas que no debes de hacer después de romper con tu pareja:

  1. Tirarte al desma…:Refugiarte en el alcohol, fármacos u otras substancias es peligroso, más cuando se está en un momento así de vulnerable.  Además el abuso de sustancias te hace evitar pero no solucionar.
  2. Perseguir al ex: Llegar a su trabajo, esperarlo fuera de su casa antes de salir o caerle a la reunión que ya no fuiste solicitado además de ser inadecuado de lastimarte a ti, da cuenta de que sigues con la expectativa de que aún se puede hacer algo para regresar.
  3. Acercarte a los lugares dónde puedas encontrar a tu ex: Escoge para relajarte y distraerte lugares desconocidos y crea nuevas memorias por tu cuenta.
  4. Llamarle a media noche: Si no puedes dormir, ponte a leer, continua con tu serie o tómate un té de tila. Llamarle recrudecerá tu malestar.
  5. Querer estrechar amistad con sus amigos y familiares: Lo que te digan o dejen de decirte sobre tu ex cambiará en poco la decisión tomada, además de que se sientan usados por ti para tener información que quizás ni tiene o no pueden darte.
  6. Stalkearlo, chatearle, ponerle likes o “dislikes” en las redes, saturarlos de mails, y hasta mandarle recados por linkedin: ¡¡¡¡Dignidad por favor!!!!
  7. Hacer promesas incumplibles: No es momento de acercarte a tu ex para “jurarle que nunca más….”, aquello que siempre te pidió y no quisiste hacer.
  8. Tomar acciones “tontas” para que sepa de ti y le den celos: Ni te arriesgues ni te quemes “actuando” que tienes un nuevo amor o subiendo información en redes para que los celos lo acerquen a ti o le hagan pensar que “ya estás del otro lado”.
  9. Hablar del tema con quien no tomará en serio tu experiencia: Una ruptura amorosa no es algo que se hable con quien sea cuando sea. Acude a personas cercanas y date el tiempo y el espacio para tocar el tema.
  10. Poner en riesgo tu salud sexual haciendo tonterías: no quieras tapar un vació metiéndote con quien sea y en condiciones que no van. Cuida tu cuerpo y cuida tus emociones.
  11. Dejar de pedir ayuda si te sientes muy desequilibrada: desde una consulta hasta un proceso de terapia para acompañar la etapa pueden ser de gran apoyo.

Aprovecha esta etapa para actualizarte como persona y construir una nueva base en la que haya más elementos que valores y que le den un sentido a tu vida. Recuerda bien que el amor no puede ser tu único proyecto de vida.

Hoy menos que nunca se organizan esas presentaciones formales, “almidonadas” y llenas de expectativas, pero aún así un primer encuentro –pactado, planteado, o simplemente “ocurrido”- requiere el despliegue de una serie de recursos personales  que faciliten que el intercambio sea el inicio de “algo”.

La impresión que producimos en los primeros intercambios favorece que quien nos interesa se disponga a mirarnos en primera instancia y a sentir curiosidad e interesarse en nosotros en un paso posterior.

¿Cómo romper el hielo? 

Inicar con preguntas, más que discursos acartonados, y adoptar una genuina escucha siempre es una receta que funciona. A todos nos gusta que nos presten interés: la mirada de los demás sobre nosotros –genuina, respetuosa, abierta- nos permite sentirnos tratados de manera singular. Por eso es importante “romper el hielo” con preguntas,  “derrítir el espacio” con escucha, y prepara el “ir y venir” con genuina curiosidad.

¿Qué tengo que considerar en una primera cita? 

La decisión de poner en juego el conjunto de tu personalidad. Si bien para tener éxito en cualquier encuentro se requieren ciertas habilidades sociales que en algunas personas son recursos innatos, también existen estrategias que se pueden perfeccionar.

  1. auténtico. Corre el riesgo –de forma oportuna- de decir lo que te gusta, de negarte a lo que no te agrada, y de compartir lo que piensas. Si actúas desde la falsedad no sabrás si gustas por lo que eres o por lo que aparentas.
  2. Promueve el intercambio. El otro es un sujeto, no un objeto de tu “show”. Para ser atractivo no necesitas “pavonearte”, menos manipular ni dar cátedra de lo mucho que vales. Para esto, haz preguntas, pero no interrogues.
  3. Ejercita el don de palabra. Hay que tener algo inteligente que decir y quererlo compartir. La idea no es hablar mucho sino hablar bien. El don de palabra incluye el escuchar atentamente.
  4. Cuida tu apariencia física. No se trata de compararte con “el más o la más guapa” pero sí de sacarte el mayor partido.
  5. Genera cierta intimidad. Muestra algo de ti. Compartir ciertas vulnerabilidades -sin excesos- hace estimulante y significativo el encuentro. Hablar solo de información es adecuado pero para una cena de negocios.
  6. Sé positivo. Cultiva el buen humor y no te victimices (¡las víctimas aburren!). Muestra soluciones asequibles a los problemas que llegues a compartir.
  7. Roza con la mano, toca su brazo, levemente, de forma no sexual. Acércate y aléjate. Juega con cierta proximidad física para mostrar que no temes al contacto, sino que estás abierto a él.
  8. Genera estados emotivos de relativa intensidad que hagan del encuentro algo conmovedor. Obvio no te excedas con actuaciones ni histriónicas ni histéricas.
  9. Pon límites. No te derritas por el otro, más bien intenta sostener cierta oposición. Los límites invitan a explorar, a ir más allá. No hay nada menos atractivo que un triunfo seguro.
  10. Haz uso de experiencias sensoriales. Estimular los sentidos con aromas, colores, música, sabores, promueve la atención y facilita la conexión.
  11. Muestra cierto matiz transgresor. “Reta” al otro, invítalo a vivir una cierta desobediencia, algo de riesgo. La corrección política es eso, correcta, pero no seductora.

 

Todo esto fluye mejor si trabajas en tu seguridad personal. Conocer tus competencias y tus limitaciones facilita el adecuar tus aspiraciones a tus posibilidades haciendo de tu mejor parte tu mayor parte.

Y antes de intentar gustar pregúntate: ¿me gusto yo a mi? La capacidad de disfrutarse a uno mismo y de ofrecerse al otro para ser disfrutado es una pieza clave para tener  en potencial en encuentro inicial.

 

¡Suerte y éxito!

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.