Hablando de Hogares…. ¡De hogares Unipersonales!

 

Hombres y mujeres del Siglo XXI

El pasado 11 de noviembre se festejó el día del soltero, y yo que llevo algunos años en soltería, que vivo casi sola, y que mi casa, así con “ma-me-mi-conmigo” la siento un absoluto hogar. Me pregunto si los que me observan sienten susto, gusto o repele por mi forma de vivir.

Hoy en México existen once tipos de familia. La transformación sociodemográfica ha reconfigurado los hogares haciendo que los esquemas tradicionales salten por los aires. Existen hogares uniparentales, hogares homosexuales, hogares con familias extendidas cohabitando, obvio familias nucleares, y cada vez más, hogares unipersonales.

En la Ciudad de México, aproximadamente la mitad de la población está constituida por personas separadas, divorciadas, viudas o solteras y se prevé que para el 2050 uno de cada tres hogares estará habitado por una sola persona. Entonces, me pregunto, si esta es la tendencia por qué la discriminación a la soltería –sutil pero sostenida– está a la vuelta de la esquina?

Muchas solteras y solteros cargamos estereotipos que nos hacen sentir no solo prejuzgados, sino en muchas ocasiones señalados y marginalizados. De manera implícita o explícita circulan en nuestra sociedad prejuicios del tipo: “la gente soltera sufre más”, “ padece la soledad”, “envidia a los que tienen pareja” y “su único objetivo en la vida es ¡conseguir una!”. A esto se suman todas las adjudicaciones que van de “boca en boca” como generadoras de esta “temible condición”: “tiene fobia al compromiso”, “seguro es muy quisquilloso”, “tal vez trae una historia de traumas previos que le impiden relacionarse con alguien”. Y no falta quien piensa que él o la “susodicha” soltera pueda ser homosexual (lo cual para mucha gente sigue suponiendo un problema). Y entre uno y otro cuchicheo se confirma que los solteros con un estilo de vida unipersonal somos personas incompletas e inmaduras, eso si bien nos va, ya que no falta quien nos cuelga atributos de promiscuos, poco comprometidos, y egoístas también.

Qué bonito es tener pareja, sí, ¡si quieres! Y solo si vale la pena y te suma, ¿pero esa manía de exaltar “el Arca de Noe” y sobre todo la vida matrimonial de los que están “bien casados”. No estoy en contra del matrimonio, ni desprecio para nada la vida de a dos ¿pero de ahí a afirmar que estar casado es mejor que vivir en singular? Y peor aún, ¿considerar que las personas casadas saben lo que necesitamos (lo que sufrimos, lo que disfrutamos) los solteros?

Bella DePaulo, psicóloga, investigadora social, y escritora norteamericana, autora de Singled Out, introduce el término de “solterismo”, que al igual que otros “ismos” (racismo, clasismo, sexismo) hace visible el señalamiento que recibimos las personas solteras por nuestro estilo de vida. Agrega que la palabra solterismo destaca solo la mitad del problema que enfrentamos, ya que la otra mitad consiste en “glorificar” al matrimonio y a la vida en pareja, especialmente en las diversas versiones de “Tú eres mi todo” o bien “Tú y yo somos uno mismo”. A esta exaltación matrimonial ella la nombra “matrimania”.

¿Cómo explicar que quienes vivimos en soltería sí tenemos una vida propia? ¿Cómo hacer honrar muchos de los propósitos de nuestras vidas y de los valores que practicamos? ¿Cómo explicar que la vida en singular no es una vida sin valores, sin familia, sin sueños más allá de encontrar una pareja para poder “vivir felices para siempre”? Y sobre todo ¿cómo hacer frente a esos tratos desiguales que van, desde las supuestas responsabilidades que se nos adjudican por estar “solos” –como cuidar a mamá, llevar más carga de trabajo a casa, o dormir por default en un sillón durante algunas vacaciones porque no merecemos la recámara nupcial–, hasta ser objeto de francas desventajas económicas, legales y sociales en términos de ofertas de consumo, adquisición de seguros, y posibilidad de heredar ciertos bienes y servicios a gente cercana que no es un hijo o un familiar? El peso de estos estigmas, prejuicios y desigualdades es incluso introyectado por muchas personas solteras, de modo que ellas se convierten en sus propios verdugos como si algo fallara en ellas.

Paternidad, sexo y economía solo podían vivirse en el paquete del matrimonio, las diferencias entre la vida en soltería y la vida en matrimonio eran abismales. Hoy se han desmembrado los componentes y la existencia se hace más diversa y compleja. Y como a mí me gusta la cosa de la complejidad y la diversidad, en mi soltería gozo no solo de un hermoso hogar unipersonal, sino de una infinidad de posibilidades, de una vida rica en significado, con multiplicidad de intereses, y dentro de entrañables conexiones sociales. Lo cual también nos permite, a los solteros, “vivir felices para siempre”.

 

 

 

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