“Las mayores conquistas son las victorias psicológicas”

 

Vivimos en la era del cambio acelerado y la incertidumbre permanente. Las altas exigencias y diversidad de opciones que plantea un mundo globalizado, tecnológico, y digital nos imponen marchas forzadas y estados sostenidos de estrés. El imperativo de estar informados, actualizados y bien conectados, genera un “cocktail” que deriva en una ansiedad galopante.

La ansiedad es uno de los grandes males que caracteriza a la sociedad posmoderna. Insomnio, palpitaciones, desvanecimientos, sudoración en las manos, falta de apetito o exceso del mismo, miedos irracionales y quedar pasmados de forma recurrente, son algunos de los síntomas de este malestar que se filtra de manera inadvertida en la vida de quienes lo padecen minando su bienestar y su eficacia.

La adaptación a una vida acelerada y la posibilidad de transformarla en ritmos y territorios menos demandantes, será producto de muchos factores que habrán de conjuntarse en lo económico, político, social y cultural, de los cuales, tendremos pocos efectos en nuestra corta existencia, ya que esta nueva tendencia sigue “in crescendo”. Pero el afrontamiento del día a día, si bien puede ser acompañado por paleativos generados en el orden de lo público, será una tarea individual de las personas en sus vidas.

Existen tres elementos que resultan de vital importancia para mantener la ansiedad “a raya”: desarrollar la confianza en uno mismo, aprender a gestionar las emociones, ejercitarse en el manejo del estrés.

 

    La confianza en uno mismo crece y se consolida reconociendo nuestras competencias y haciendo uso de ellas. Si revisamos los retos que hemos ya superado a lo largo de la vida, nos daremos cuenta que somos buenos para diversas cosas, que poseemos habilidades y capacidades importantes, y que gracias a ellas hemos salido airosos de algunas circunstancias adversas, por pequeñas que hoy nos parezcan. Apropiarnos de estos logros refuerza la experiencia de agencia personal: “soy bueno y puedo lograr cosas”.

Las competencias reconocidas se pueden fortalecer y exponenciar a través de pequeñas acciones que nos permitan seguir ejercitándolas e incluso desplegando otras nuevas: hacer una llamada para consultar algo, atender un nuevo cursillo, realizar alguna lectura, pueden ser herramientas de perfeccionamiento. Las metas a corto plazo y de baja dificultad son óptimas puertas de inicio que no admiten grandes excusas al tiempo que sí van creando hábitos nuevos y enriquecedores. Nuestro cerebro es tan plástico, que las pequeñas acciones sostenidas en el tiempo crean nuevas conexiones neuronales que confirman la idea de que somos capaces, ¡porque lo somos!

Es importante parar las ideas negativas que irrumpen en nuestro cerebro y detienen nuestro avance: “no puedo”, “me falta tiempo”, “con esto no mejoraré”. ¿Cómo se paran estas creencias erróneas? ¡Parándolas! Desactivándolas. No evites el pensamiento, es imposible, pero entra y sal de él: distráete y repítete a ti mismo “esto que me digo es una creencia equivocada”, o bien “de nuevo la mente me quiere jugar chueco”. Sostente centrado en tu objetivo y avanzando en las pequeñas acciones que vas ejecutando. Si sabes lo que quieres lograr y mantienes tus acciones en esa línea, por pequeñas que éstas sean, irás haciendo conquistas importantes.

 

 

         Aprender a gestionar las emociones si bien no es una tarea fácil, también es entrenable. Manejar la presión, la ansiedad, el miedo, es una habilidad que se puede adquirir. Para conseguir esta capacidad es importante llevar a cabo ejercicios que te enseñen a respirar, a relajarte y a concentrarte. Respirar profunda, sostenida y pausadamente, obliga a bajar el ritmo cardiaco y por tanto a detener la ansiedad y el miedo. Por otra parte, reconocer el pensamiento que está tras la emoción imperante es otro recurso para erradicar la distorsión cognitiva que detona la ansiedad: por ejemplo, pensar que todos los jefes tienen que ser de carácter fuerte y pueden explotar puede generar una reacción ansiosa que no corresponde con lo que esta ocurriendo en una sala de juntas. El ejercicio, por otro lado, es un hábito fundamental relajante. Y sin duda la atención plena que implica poner foco e intensidad a lo que se está haciendo, elimina distracciones –físicas o mentales– que disparan temores y facilita permanecer en el aquí y el ahora.

 

    Por último, hablemos del manejo del estrés. Éste es la respuesta del organismo a la anticipación del futuro imaginado como amenazante, esto nos regresa de nuevo a la importancia de centrarse en el presente y mirar a los logros que se espera conseguir en el futuro, favoreciendo el sentimiento que generará la sensación de éxito. El poder vivenciar anticipadamente el logro no solo favorece la  motivación, sino que al mismo tiempo activa una química corporal que genera bienestar y positivismo. El pensamiento experimentado es química en acción.

De nada sirve rumiar los errores pasados, pero sí distinguir aquello que se puede controlar y aquello que no. Esta distinción ayuda a dejar de lado lo que está fuera de nuestra gestión e implicarnos en los factores que podemos manejar mejor. Ese sería el caso de prepararse antes de una presentación en el trabajo organizando con anticipación lo que se va a exponer, teniendo información actualizada, probando el material que se va a utilizar, durmiendo bien la noche anterior y siendo puntuales el día de la reunión. Fuera de tu control estará si asisten todos los participantes esperados, si llega de buen o mal humor el jefe, o si se va la luz.

 

Planear los pasos de lo que nos proponemos, lograr a tiempo la meta que visualizamos y hacer un manejo adecuado de la ansiedad, no nos asegura que todo saldrá a pedir de boca, pero si nos garantizará “tenernos de nuestro lado”, desarrollar nuestras competencias, disminuir el malestar y encontrar nuevos senderos para continuar el camino.

 

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El mundo ha cambiado rápidamente, y entre los cambios más llamativos, controvertidos y dramáticos se encuentra la transformación de las mujeres. Hay un mar de mujeres en universidades y en especializaciones. El 47% de la fuerza de trabajo es femenina. Aún así, el porcentaje de empresas sin mujeres en la alta dirección ha caído de 36% a 27% en los últimos años.

¿Por qué las mujeres no tienen las mismas oportunidades laborales, las mismas compensaciones, la misma proyección de crecimiento y las mismas posiciones de liderazgo que los hombres? ¿Por qué seguimos hablando de empoderarlas si nunca antes el mundo les había abierto tantas puertas?

Seguimos viviendo en un mundo patriarcal que prioriza la visión masculina sobre la visión femenina. Las mujeres seguimos siendo educadas dentro de una sociedad androcéntrica que legitima la violencia y la diferencia laboral. En los espacios de trabajo, particularmente en los altos mandos, se continúan privilegiando las formas de pensar, comunicar y actuar “masculinas” por encima de aquellas intervenciones “femeninas” que incluyen la empatía, la colaboración, la intuición y la emoción. Éstas son consideradas de menor valor, de menor utilidad e incluso se perciben como obstáculos para el logro de objetivos y el crecimiento de la productividad.

En este pequeño artículo no desarrollaré un tratado sobre feminismo (aunque buena falta nos hace a todos entenderlo), pero sí haré un llamado generalizado a considerar que hombres y mujeres requerimos sumar competencias y perspectivas para generar mejores resultados laborales y mayor satisfacción personal.

No es lo mismo la inclusión de género que la inteligencia de género. La inteligencia de género no solo se forja con políticas de cumplimiento de cuotas, trabajos de tiempo flexible y empoderamiento a grupos de mujeres. La inteligencia de género consiste en la comprensión, aprecio y uso de los talentos y habilidades diferentes que hombres y mujeres aportan en el área laboral.

La inteligencia de género estudia las diferencias en los cerebros femenino y masculino así como de la química de hombres y mujeres efecto de los diferentes niveles hormonales, y sin privilegiar una cosa sobre las otra, considera que sumar estas diferencias es mejor que eliminarlas con un discurso de “igualdad a rajatabla”. Ante tanto abuso de poder masculino en el mundo patriarcal en el que vivimos, no es fácil  afirmar que ser iguales no significa ser idénticos. Sin duda faltan muchas políticas que faciliten el tema de la equidad, pero ¿por qué negar aquellas distinciones que suman y potencian el bienestar y la efectividad?

Las empresas que reconocen las distinciones biológicas sin construir sobre ellas estereotipados roles de género e integran estrategias laborales que faciliten que las mujeres ocupen cargos de poder, favorecen el trabajo colaborativo entre hombres y mujeres y aprovechan el efecto de dichos intercambios para el bienestar personal de sus equipos de trabajo y para el crecimiento  de la organización.

Me pregunto yo y le pregunto a usted- ¿Por qué nos sigue siendo tan difícil dar este paso?

La paradoja de la masculinidad

 

Las mujeres hemos hablado, y mucho. Si bien se ha recorrido un largo camino en temas de igualdad, la brecha emocional entre mujeres y hombres se agranda cada día. Las mujeres hemos cambiado dramáticamente y es hora de que los hombres lo hagan también; no solo a nuestro favor, sino para su mejor estar.

 

Las vidas de las mujeres –con todo y su lucha- no serán suficientemente buenas si no se unen los hombres a esta transformación. Y para poder facilitar la transición primero hay que identificar en dónde están parados ellos:

  • Algunos se resisten al cambio y se rigidizan instalándose en el machismo.
  • Otros se unen a la lucha por la igualdad entre los géneros pero “más” como “comparsa” de las mujeres que por convicción y de esa forma dejar de ser políticamente incorrectos.
  • Unos cuantos son conscientes de que es importante la transición y de que sin ella tampoco podrán ser las personas que quieren ser ni tener la cercanía y el afecto femenino que desean.

 

Escuchémoslos… Con curiosidad, complejidad y esperanza. No es fácil ser hombre hoy: las mujeres NO los conocemos ni entendemos del todo. Sabemos lo que nos lastima de ellos, lo que nos falta, lo que no nos gusta y lo que necesitamos, pero no entendemos los dilemas y las presiones que ellos están viviendo, los dolores que vienen cargando, y su estar atrapados en una masculinidad que los aliena y enajena.

 

Si creemos que sabemos –sin lugar a dudas- quiénes son, qué les pasa y qué necesitan, recordemos: las certezas son enemigas del cambio.

 

PARA CONOCERLOS UN  POCO MÁS: Revisemos cinco áreas que nos permiten entrar en su interioridad.

  • Identidad: ¿Qué les asignaron ser? ¿Qué eligieron ellos? Mujer se nace, los hombres tienen que demostrar siempre que son hombres. No se adquiere la masculinidad naturalmente; es difícil de conquistar y fácil de perder. Si no son hombres, ¿qué son?

  • Intimidad: ¿Cómo son sus relaciones con otros hombres y con las mujeres? ¿Cómo se muestran ante los demás? ¿De qué forma develan su interior? ¡Ojo! Los hombres en general desarrollan menos la competencia verbal por tanto actúan más, incluso su malestar –al no poder ser identificado y expresado- diluyéndolo mediante explosiones y compensaciones autoindulgentes.

  • Sexualidad: Temen ser rechazados y juzgados en esta área que les es tan importante. La mayoría de sus deseos son genuinos y respetables. Son menos “pervertidos” de lo que las mujeres quieren señalarles. Además, para ellos tanto su cuerpo como el ejercicio de su sexualidad son formas de expresión y conexión.

  • Poder: Inevitable afirmar que en una sociedad patriarcal los varones están en una zona de privilegio, por tanto, invisibilizan con frecuencia las necesidades de los demás al tiempo que temen perder poder.

  • Trauma: Pero al mismo tiempo poco se habla del poder que ejercen de forma abusiva otros hombres sobre ellos; existe mucho abuso de poder de varón a varón.

¿Y NOSOTRAS QUÉ PODEMOS HACER?

Las mujeres también somos machistas y si no lo admitimos perpetuaremos del mismo modo algunos patrones de conducta. Hemos de asumir nuestra responsabilidad en la sutil sobreprotección de las normas patriarcales que “cuidan” a los hombres, ocultando nuestros malestares y cerrando su posibilidad de reaccionar.

No los ayudamos si los tratamos como niños pero tampoco despreciándolos o engrandeciéndolos. Mostrémonos asertivas, aprendiendo a poner límites y a pedirles lo que necesitamos sin lastimar.

Por otro lado, si no nos involucramos en comprender el significado de su vida erótica no solo no los conoceremos sino que los alejamos de conocerse y de conocernos. Los hombres necesitan sentirse deseados por quienes son y no por quien tienen que ser.

Y finalmente, somos ambivalentes cuando queremos hombres fuertes y proveedores pero también nos perturbarnos al verlos frágiles, vulnerables y fracasados. Si queremos relaciones íntimas e igualitarias hemos de poder integrar sus dos facetas, que finalmente, son comunes a todos los seres humanos.

 

¿O será acaso que nosotras tampoco sabemos lo que queremos y nos negamos a cambiar nuestra cómoda incomodidad?

 

 

Ofrecer alternativas no sólo a mujeres

 

Es un hecho que vivimos en un mundo en donde el poder esta aún predominantemente en manos de los hombres. Si bien el feminismo ha ido clamando la igualdad entre hombres y mujeres,  ha también dedicado esfuerzos importantes por denunciar acosos sexuales y reclamar derechos reproductivos de las mujeres – todas cuestiones impostergables- , su propuesta también busca visibilizar la misoginia.

 

Sumado a eso, el feminismo nos ofrece hoy un abanico con distintas alternativas que abren más y mejores posibilidades  para enriquecer nuestra vida y construirnos como las mujeres que somos.

 

Estas nuevas perspectivas generan espacios diversos para las mujeres de todos los contextos, clases, tallar y razas para habitar el mundo siendo quienes son. Por ejemplo; ante el estereotipo de la mujer alta, blanca y delgada, las marcas de ropa amplían sus repertorios con cuerpos femeninos más reales. O ante las “historias de vidas perfectas” en redes sociales –con mujeres perfectas por supuesto- surgen blogs que promueven la aceptación personal y la integración de nuestras ansiedades y defectos.

 

Las mujeres nos movemos;  ¿será que los hombres pueden encontrar las mismas alternativas de cuestionamiento respecto a los estereotipos masculinos que promueve el patriarcado?

 

Ante la inquietud de niños, adolescentes y jóvenes adultos por encontrar respuestas a estos cambios sociales y por pertenecer -siendo quienes son con miedos y vulnerabilidades- en medio de la transformación de roles y de la confusión en la vida cotidiana, la mayoría de los hombres vuelven a encontrarse con alternativas que en realidad no hacen más que seguir promoviendo una cultura misógina con mujeres oprimidas y hombres alienados.

 

Abundan en las redes videos sobre cómo debe ser un hombre para ser exitoso, libros sobre cómo conquistar a mujeres y artículos con tips para “coger” más y a más; eso sin mencionar ciertas experiencias de trabajo donde algunos superiores  promueven una cultura competitiva y abusiva donde crecer implica “fregar” a quien se te interponga, y en casa las figuras parentales sugieren que “con dinero, baila el perro” (o la perra).

 

La lucha en contra de los estandartes machistas no se limita a derechos reproductivos y detención del acoso, que es la base –y es bastante-, pero abarca mucho más “sutilezas” que nos implican tanto a hombre como a mujeres.

 

Sí, entiendo que muchos varones temen perder privilegios patriarcales –y tener que dedicar más horas al trabajo del hogar, darse a la tarea de aprender a resultar atractivo y no manipulativo, compartir rangos de ingresos económicos laborales más equitativos-, pero también entiendo que muchos más están cansados de ser vistos como proveedores únicos, seres invulnerables que pueden con todo, y fortachones que solo quieren sexo y no les interesa la intimidad.

 

Para el futuro podemos prevenir iniciando a temprana edad con una educación feminista; en el presente, seguir desbancando creencias para acercarnos y disfrutarnos más.

 

 

 

 

 

 

 

 

Si bien, seguramente siempre han existido mujeres con un carácter emprendedor, proactivo y decidido, es definitivo que el cambio de época marcado por diversos movimientos sociales -revolución sexual, feminismo, movimiento LGTB- han facilitado que en la actualidad mujeres hagan un despliegue de sus competencias desafiando los tradicionales clichés femeninos y tomando decisiones -personales, familiares y sociales- de importancia.

 

¿Qué caracteriza a las mujeres alfa?

 

  • Emprendedoras: tienden a pensar en grande y actúan. Toman la iniciativa, se adaptan a los cambios, son proactivas y van a la caza de lo que desean, sueñan, necesitan, valoran o les interesa. Inclusive en el plano del sexo y del amor. 
  • Dinámicas: tienen objetivos claros y buscan estrategias para conseguirlos de manera práctica y eficiente. Buscan la excelencia y se motivan por el logro. 
  • Independientes: emocional y económicamente. Es decir, tienen la autonomía de pensar con criterio propio y validar lo que quieren. También generan y los medios materiales para conseguirlo. Independencia económica no equivale a autonomía emocional, pero sin la primera es imposible la segunda.
  • Ejercen poder (y les gusta): ¡ojo! Ejercérselo no es abusar de él. La independencia que tienen les permite tomar decisiones trascendentales en diferentes áreas de la vida. Así que influyen en escenarios emocionales, familiares, sociales, laborales, políticos, culturales, etc.
  • Se responsabilizan de las consecuencias de sus actos: si bien saben que tienen limitantes y condicionamientos externos e internos, buscan salidas a sus problemas y asumen responsabilidad de sus errores. 
  • Seguridad personal: sobra decir que las características anteriores no solo son efecto de su seguridad personal, sino que moverse de esa manera en la vida les genera aún mayor seguridad. Del mismo modo, esa seguridad les permite poner los límites necesarios para establecer la justa distancia que requieren de las circunstancias y de las personas para poder construir su proyecto de vida. Se sienten satisfechas de ellas mismas. 
  • Aterrizadas: están paradas en la realidad. La vida para ellas no es un cuento de hadas pero tampoco una selva indomable. 
  • Son asertivas: no les gusta jugar a la “damisela en apuros” y emplear “la queja y el lloriqueo” como estrategia femenina para conseguir sus cosas. Esto no significa que no se puedan sentir débiles y vulnerables pero les gustan las relaciones igualitarias y la flexibilidad en los roles de género sin renunciar a su feminidad.  
  • ¡Se sienten satisfechas de ellas mismas y de su vida!

 

Lograr esto no solo tiene que ver con el carácter personal y la historia de familia que ellas hayan tenido, también son conscientes de que hay cambios que permiten a la mujer acceder a mejores niveles educativos, la existencia de marcos legales nacionales e internacionales que buscan eliminar todas las formas de discriminación contra la mujer, y el cuestionamiento de los antiguos roles de género que acotaban a las mujeres a la vida privada como parte de su “esencia”. De ahí que el trabajo interno así como el esfuerzo externo (propio y del contexto) es indispensable para este posicionamiento femenino.

 

Muchas de las mujeres que hoy se posicionan desde este lugar de poder, son consideradas “machas” o egoístas erróneamente. El hecho de redefinir reglas y de crear nuevas pautas y roles sociales, no significa renunciar a la feminidad (incluido posponer o negarse al matrimonio y/o a la maternidad, entre otras cosas).