“Los padres de más éxito en su misión son aquellos que tienen la rara habilidad de meterse detrás de los ojos del niño y que logran ver lo que él ve, pensar lo que él piensa y sentir lo que él siente. Al final, los que saben interpretar el significado que yace detrás de su comportamiento”

Gottman

 

Los niños constituyen el recurso más preciado de la humanidad. Sin embargo por el modo de proceder humano parecería que otros recursos son más importantes: se estudia afanosamente para construir casas, administrar negocios, interpretar leyes, hasta que un día se afronta en completa ignorancia la tarea de educar a nuestros hijos.

 

La sociedad exige un entrenamiento y preparación para todo tipo de trabajo relacionado con los niños: maestros, psicólogos, entrenadores, etcétera., pero en ocasiones las personas más importantes en la vida de los niños, los padres y las madres, asumimos la labor de educar a nuestros hijos sin ningún entrenamiento especial. Acometemos la tarea más difícil y absorbente, que dura las 24 horas del día, durante muchos años, en tranquila y completa ignorancia: ¡el primer niño que muchos de nosotros conocemos de cerca es nuestro propio hijo!

Agreguemos que vivimos en una época con demasiadas exigencias, cambios acelerados y retos particulares: Hoy, como padres y madres de familia enfrentamos desafíos que muy probablemente la generación de nuestros padres y abuelos no tuvo que sortear.

¿Qué aspectos son centrales para un desarrollo integral que lleve a los niños a desarrollar su potencial y a sentirse seguros de sí mismos? El manejo de las emociones como camino de autoconocimiento y reflexión, y la disciplina eficaz.

Las investigaciones han demostrado que los niños y las niñas educados por padres y madres que valoran y guían sus emociones, pero que al mismo tiempo tienen límites claros al instaurar una disciplina adecuada, hacen un mejor papel en diversas áreas de su vida.

Los niños guiados emocionalmente por sus padres:

  • Forman amistades más fuertes.
  • Se desempeñan mejor en la escuela.
  • Aprenden a lidiar más efectivamente con sus estados de ánimo (humor) y tienen menos emociones negativas.

  • Se recuperan más rápidamente de eventos conflictivos.
  • Se enferman menos.

  • Disfrutan más la vida.

 

Ser un padre emocionalmente inteligente permite:

  • Distinguir el propio mundo emocional.
  • Interactuar con los hijos cuando las emociones se ponen en juego.
  • Ayudar a los hijos a reconocer sus sentimientos y emociones y ponerles nombre.
  • Reflexionar y actuar en consecuencia de manera oportuna y constructiva.

 

No podemos dejar de señalar que en la base de la educación de nuestros hijos y nuestras hijas debe estar el amor, pero el amor por sí mismo no es suficiente. Los padres dedicados, cálidos e involucrados con la crianza, tienen actitudes específicas en relación con sus propias emociones y las de sus hijos, al tiempo que desarrollan un escenario de normas claras, adecuadas y explícitas que contienen a sus hijos y les dan seguridad.

 

 

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El tema de ser madre en la actualidad –y en ocasiones de ser padre, por qué no- es un tema “que mueve montañas”. Lo que antes era algo que “tocaba hacer” y se daba por sentado, hoy es todo un cuestionamiento: “¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿con quién?, o incluso ¿con nadie? Querer tener un hijo es querer escribir una historia compartida… con el hijo, ¿pero también con una pareja?

Hoy la dificultad para conseguir una estabilidad económica y una “suficiente” formación profesional, aunadas al surgimiento de nuevos modelos amorosos y familiares que no implican necesariamente un matrimonio a largo plazo, posterga e incluso pone en duda la opción de ser madre o padre como parte de un proyecto de vida. En ocasiones es la misma biología la que pone trabas difíciles de sortear.

Esto nos obliga a contemplar la posibilidad de otros caminos para llegar al mismo objetivo, entre ellos el de ser padres sin tener una relación amorosa. Cada vez son más los hombres y las mujeres que echan mano de esta opción sin importar sus motivaciones, sus preferencias sexuales, y sus edades para tener un hijo. El objetivo es uno: ser madres o padres sin renunciar a educar al crío de forma compartida.

Nuevos tipos de familia se originan ante las realidades que estamos viviendo: la autonomía prevalece, se posterga el matrimonio y el embarazo, y un día llega el momento de decidir si tener o no un hijo. ¿Por qué tener que supeditar la coparentalidad al amor de pareja? ¿No será que podríamos ser buenos padres sin tener un amor intermedio? De hecho, hoy existe, como en otros tantos temas, una plataforma llamada “Modamily” cuya finalidad es contactar a quienes quieren tener un hijo, comparten afinidades importantes en relación al tema, y están dispuestos tanto a vivir la experiencia como a asumir la responsabilidad conjuntamente.

De manera particular las mujeres, acercándose a los 40 años de edad, empiezan a sentir la presión del reloj biológico y con ello a buscar y acelerar vías para lograr su objetivo de ser mamás. Para los hombres el interés y rango de “preocupación” es diferente, si bien algunos a los 35 años se preguntan si serán padres y cuándo lo querrán, hay quienes no es antes de los 50 que lo consideran con seriedad.

De una u otra forma hemos de tomar en cuenta que ser padre o madre puede ser un gozo, pero es también siempre una inmensa responsabilidad. Por eso, valdrá la pena considerar la opción de ser padres -más no pareja- siempre y cuando impere el deseo de darse a los hijos, sabiendo que la convivencia con el pequeño y el compartir diario tendrá sus alegrías, pero también sus grandes dificultades. Habrá de igual modo que estudiar si se comparten valores de base, capacidad de entrega, y una estabilidad física, económica y emocional suficiente. Y además de estas compatibilidades, se tendrá que negociar su manutención y compaginar los tiempos de convivencia y cuidado, y por sobre todo, sostener un vínculo estable y afectuoso –lo cual no significa erótico amoroso- para asegurar el bienestar y la estabilidad de los hijos.

Si bien en México no acaba de normalizarse esta forma de crianza, el tiempo irá haciendo lo suyo en tanto que nuestra sociedad va cambiando y junto con ella los modelos diversos de hacer familia hoy. No es necesaria la convivencia domiciliaria para construir un buen núcleo familiar. Lo que sí se requiere es reconocerse como tal, y por tanto destinar recursos de tiempo, afecto, y espacio, para cultivar las relaciones de los implicados y sobre todo, el bienestar de los hijos.

El deseo de construir estos nuevos modelos de familia no exime el preguntarnos si el “padres sí, pareja no” requiere alguna regulación institucional para proteger a los hijos. Se tiene el derecho a ser padre, pero también a asegurar los derechos de ser hijo.

Es potente el deseo vital y existencial de muchas personas de realizarse como madre o padre. Confío en que nuestro entorno no solo normalice, legisle y facilite estas nuevas decisiones sino que también deje de hacer juicios morales sobre ellas. Sin duda queda un largo camino por andar.

 

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Sería fácil pensar, “¿Por qué no? Todos podemos ser amigos de todos” pero en

realidad, la situación entre padres e hijos resulta ser un tanto más compleja que

entre amigos.

Antes de profundizar en cualquier situación, es importante saber cuáles son las

bases de una amistad: es una relación que se basa en el afecto, la simpatía y la

confianza y se da entre pares.

El sitio lafamilia.info plantea que, a menudo, los padres se cuestionan qué

tan amigos y qué tanta autoridad tienen que ser con sus hijos, por lo que es muy

importante diferenciar lo que es una relación de amistad y una de confianza.

Por ejemplo, ¿puede una ser amiga de su jefe o jefa en espacios en donde no

estén bajo ningún compromiso laboral? Por supuesto que sí, porque no todo el

tiempo se es jefa o empleada. Sin embargo, no se puede afirmar lo mismo

entre padres e hijos, pues no se puede dejar de ser papá, mamá o hijo según el

espacio o la situación en la que se esté, puesto que existe el riesgo de perder la

línea autoritaria necesaria para que los hijos identifiquen los límites que existen

en la vida.

Las mamás y los papás son los primeros que representarán un límite para

cualquier niño, lo cual no quiere decir que no se pueda tener una relación

cercana, de confianza o empatía, pero para eso es importantísimo tener bien

clara la línea de autoridad, planteada de manera respetuosa.

Un conflicto común que se presenta en las amistades entre padres e hijos

es el uso abusivo de la relación. Los hijos pueden identificar la necesidad de

cercanía con ellos y utilizarlo para manipular o; en otros casos, los papás

pueden ser quienes impongan su autoridad, sosteniéndola en que ésta se debe

respetar para cuidar la amistad.

Además, según se ha expresado en diversos foros, a los hijos les genera

inseguridad y ansiedad sentirse a la par de sus papás. Los seres humanos

tardamos varios años en desarrollar las capacidades que nos permiten sobrevivir

por nuestros propios medios; por eso es fundamental para los hijos ver a sus

padres como personas superiores a ellos.

Como puedes leer, ser amigo de tu hijo tiene desventajas claras, pero

también tiene su lado positivo. La principal ventaja es la cercanía, pues, al

fomentar una relación abierta y de confianza con ellos, sentirán la contención

para acudir a ti como apoyo en situaciones complicadas.

Es muy importante dejar en claro que el límite no significa tener el control

de absolutamente todo lo que hacen los hijos, sino marcarles la pauta para que

ellos puedan ir manejándose individualmente en distintas situaciones.

Más allá de las diversas posturas que pueda haber respecto a la amistad

con los hijos, lo importante es no caer en los juicios de si está “bien” o “mal”, sino

identificar los puntos importantes para ambas partes.

He ahí el reto como padre o madre: construir una relación de confianza y

empatía con los hijos, sin dejar de lado un límite ético y respetuoso, en donde se

tenga clara la autoridad y la necesidad de ésta, de forma que ambos puedan

ocupar el lugar que requieren y generar un ambiente.

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.