Hoy que cumplo 58 vuelo para encontrarme con alguien que está poniendo “sal y pimenta“ a mi vida. Intuyo que mi presencia adereza también la suya, de lo contrario no me incluiría en su mesa, en su cama, en su casa, en su vida. Y mientras sobrevuelo distancias –físicas y emocionales– cierro los ojos y disfruto, me disfruto. Me experimento más cómoda que nunca habitando “a pierna suelta“ mi cuerpo, mi cabeza, mi corazón y mi alma. ¡Qué bienestar me reporta ser la persona que soy! ¡Qué largo trayecto recorrido para ocupar cada rincón de mi persona, y con todas mis limitaciones y retos, regocijarme de tenerme a mí misma!

Pareciera que en el diario correr de mis largos días el tiempo galopante se puede detener en este bienestar, y mientras subo y bajo, escribo y leo, trabajo y descanso, platico y escucho, la solidez de lo que me ancla a la vida me genera una satisfacción –sólida, integrada, elegida– que difícilmente recuerdo haber experimentado tiempo atrás.

 

No es que mi vida anterior haya sido un desasosiego sostenido –he vivido de todo y mucho: tantos logros maravillosos como pérdidas insustituibles– pero la satisfacción de haber podido romper prejuicios y creencias limitantes, la fortaleza adquirida al desafiar contextos asfixiantes y la energía ganada al haber potenciado capacidades, me regala una experiencia de plenitud, de satisfacción, de competencia, que se equipara con pocos  de los bienestares que la vida otorga.

 

Y me pregunto, ¿cómo es que he llegado a esta calma activa que me invita a trabajar más, a crecer más, a amar más, a disfrutar más y más? Es tanto junto pero nada en particular: mis sólidos y amorosos vínculos cercanos que me contienen y acompañan, mis quehaceres cotidianos que me mantienen interesadamente ocupada, son los proyectos futuros que me sacuden con intensa motivación, son los pequeños gustos intermitentes que detonan chispazos de placer entre una y otra cosa, son las guerras ganadas y las heridas sanadas, las nuevas posibilidades que descubro en el camino y que me hacen emprender una aventura más.

Reviso estos 58 años recorridos y no dejo de confirmar que la vida no es fácil pero también me convenzo de que sabiéndola entender y afrontar siempre puede mostrarse generosa. Siempre, sí siempre… Siempre ofrece algo más, un camino nuevo, una paz más honda, un encuentro más entrañable, una carcajada más profunda. Opciones, muchas opciones, unas externas y otras que brotan del interior de mí misma y que me permiten una elección más, nueva, diferente y rica.

 

Es la vida bien vivida la que me sigue sobrecogiendo y escogiendo. Y es por eso que yo te escojo también a ti, cada día, vida mía…

 

 

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¿Cómo retomas viejas amistades?

Por si existe alguna duda de que los seres humanos somos seres sociales, existen estudios científicos sobre los beneficios que tiene para la salud una buena amistad; está comprobado que las amistades son muy buen antídoto para la incidencia en enfermedades crónicas, lo cual hace que no solo se viva más, sino con una calidad de vida mejor.

Pero en este pequeño artículo abordaremos un tema mucho más complejo que la amistad en sí misma: esas grandes amistades de años atrás que hoy ya no son lo que fueron. Y más que analizar los “ires y venires” de la vida, los cambios de etapa o las situaciones puntuales que hacen que las amistades se transformen o se distancien, me cuestiono… ¿Cómo hacer para volver a “encender esa chispa” con una vieja amistad que no se ha frecuentado?

Estoy segura de que muchas personas nos hemos enfrentado a esta compleja situación de querer actualizar una vieja relación de amistad con la inevitable tarea de construir un nuevo punto de partida que vaya más allá de la previa historia compartida. Y es que esa química que en algún momento se dio puede ya no ser la misma, lo cual no significa que no se puedan recuperar, o bien, reconstruir buenas cosas.

Aquí van algunos puntos importantes a considerar para retomar una vieja amistad:

Primero, como dice Rosana: Sin pausa, pero sin prisa.”

Retomar una amistad implica paciencia y es importante que de antemano se observen las expectativas que hay de por medio. Las etapas de la vida cambian y para retomar hay que partir de la base de que hoy cada quien está en una momento distinto, por lo que la mejor manera de reiniciar es de a poco, pero de manera constante. Incluso esto permite constatar si existen nuevos puntos de coincidencia de donde partir.

 

No esperes a ver quién da el siguiente paso; ¡hazlo tú!

No esperes a que la otra persona de el primer paso o bien que responda o actúe de la manera en la que a ti te gustaría. Independientemente de las razones por las que se hayan distanciado, el “ponerte tus moños” y esperar a que la otra persona te escriba o te marque puede distanciarlos más.

Ahora… una cosa es dar el primer paso y otra que haya un constante desinterés por parte del otro. En ese caso, evalúa si realmente vale la pena el esfuerzo que estás haciendo para retomar la amistad y si esa otra persona tiene un interés real en hacerlo.

Mantén un perfil bajo.

No quieras contarle todo lo que has vivido ni hagas como que no ha cambiado nada entre ustedes durante todo este tiempo. Busca mantener un balance entre recuperar aquello que se pueda y siga vigente y construir una nueva dinámica que los vuelva a vincular. Sin lugar a dudas la mezcla de emoción, intriga y nerviosismo del reencuentro puede hacerte perder de vista que estás sobreactuando.

Y por último… es importante enfocarse en los factores en los que sí puedes influir para retomar la amistad y dejar de lado aquellos que no controlas aunque también influyan en la relación. No te aferres a que las cosas “jalen”, pero intenta que así sea, y si la cosa funciona, no te estanques lo que fue y con lo que es.

En este mundo cambiante se va aprendiendo que una buena amistad no es tan fácil de encontrar y mucho menos de conservar; es por eso que, si hay material suficiente, nunca sobra brincar algunos obstáculos para reconstruir aquello que en el pasado fue tan valioso.

 

  • PLATICAS

    A través de una charla interactiva con su audiencia Tere Díaz pone “sobre la mesa” conceptos innovadores sobre el tópico tratado así como experiencias personales que le permitieron a ella atravesar retos personales a lo largo de su vida personal y profesional.

  • TALLERES

    Experiencia vivencial de tres horas que facilita el cambio personal. proceso de transformación. A través de actividades teórico prácticas que alternan la exposición de información relevante sobre el tema en cuestión con algunas dínamicas personales o grupales, Tere Díaz, siembra las semillas que permitirán a los y las participantes tomar consciencia de su situación, adquirir  herramientas emocionales y sociales para favoreces su crecimiento personal,  y activar  mediante acciones concretas el proceso de cambio.